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Cofradías

Los macarenos saldan la deuda pendiente con su historia

La Macarena presidió ayer en la Plaza de España la misa estacional de las bodas de oro de su coronación canónica. La intervención de Estrella Morente, entonando la plegaria ‘Esperanza y Macarena’ puso el pico emocional de la ceremonia

el 31 may 2014 / 14:09 h.

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Pepo Misa003 (FOTOGALERÍA DEL ANIVERSARIO MACARENO) Minutos después de las once de la mañana los cuatro zancos de su paso se posaban ante la estatua del hombre que concibió para asombro del mundo ese gran sueño regionalista de ladrillería y cerámica que se levantó en Sevilla como emblema de la Exposición Iberoamericana de 1929. Con el escorzo perfecto de cuello para mirarla a la cara, Aníbal González, sombrero en mano, se descubría para saludar su llegada. Hasta pareció dibujarse una sonrisa en el rostro del arquitecto, hermano macareno. La Esperanza que un día cruzó el Guadalquivir, atravesó el parque del Alamillo y puso pies en Santiponce para abrigar la beatificación de una superiora de las Hermanas de la Cruz, se adentraba ayer entre la espesura de otro parque centenario, el de María Luisa, para saldar una deuda pendiente con su propia historia. Medio siglo después de que la lluvia malograra la celebración en la Plaza de España de su coronación canónica, la Virgen de la Esperanza se hacía presente en medio de tan monumental escenario para celebrar junto a más de 13.000 almas la misa estacional conmemorativa de las bodas de oro de su coronación. Hasta el restaurante La Raza, a la entrada del parque, recreó el mismo retablo floral de hace 50 años para recibirla. Venía la Virgen enseñoreándose, enmarcando el perfil de su palio entre esbeltas palmeras y plataneros de Indias, recorriendo a sus anchas un trecho vallado después de recorrer, de nuevo entre un baño de masas, la distancia que separaba la Catedral del Parque de María Luisa. Allí, a las plantas de la estatua de Aníbal González, se pudo volver a escuchar por un momento la voz del veterano capataz Luis León al frente del dragón, y allí, después de un trío de marchas para el recuerdo interpretadas por los músicos del Carmen de Salteras –Como tú...ninguna, Aniversario macareno y Coronación de la Macarena–, la Virgen de la Esperanza comenzaba a escribir una de las más hermosas páginas que se recuerdan de la historia cofradiera local y de los anales de la ciudad. La Plaza de España convertida en la mejor Catedral a cielo abierto para recibir a la Esperaza. En medio de un gran silencio de expectación, el palio macareno se adentró por el pasillo abierto entre las sillas a los sones de una sinfonía, La Virgen de la Esperanza, con ínfulas de banda sonora y rematada por una salve cantada por las casi 300 voces de la coral, complementada por un coro de voces blancas. Castigadas por un sol de justicia –Cruz Roja atendió 20 lipotimias leves– , las miles de personas que no llenaban al completo el aforo de 9.000 sillas dispuestas radialmente en la plaza, prorrumpían en un aplauso cuando la Virgen coronó la subida al extraordinario altar levantado para la celebración, al que sirvió como retablo la gran fachada del edificio de Capitanía General. Oficiada por el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo Pelegrina, y concelebrada por unos 50 sacerdotes –hubo más sillas vacías que curas en la plataforma dispuesta para el sacerdocio–, en la misa estacional también participaron como concelebrantes el obispo auxiliar de Sevilla, San tiago Gómez Sierra, el arzobispo castrense, Juan del Río, el obispo de Asidonia-Jerez, José Mazuelos, el rector de la Basílica, Antonio Borrego, y los obispos de Copiapó (Chile), Gaspar Quintana Jorquera, y el de Tilarán (Costa Rica), Vittorino Girardi Stellin, presentes ambos en Sevilla con motivo del Congreso Mariológico Mariano Internacional organizado por la hermandad de la Macarena en el marco del Año Jubilar. Durante una homilía cargada de un profundo sentido evangélico aunque de escasas referencias macarenas, el arzobispo de Sevilla se refirió a la misión de María en la vida de la Iglesia como «abogada nuestra, auxilio de los cristianos, socorro y medianera entre Dios y los hombres». «Por eso –enfatizó el prelado– habéis acudido en estos días en un conmovedor río de fervor y de amor filial al Sagrario de nuestra Catedral para venerar a la Macarena. Por eso habéis venido esta mañana soleada a esta hermosísima Plaza de España para encontraros con la Señora». Asenjo animó a los fieles a dinamizar su vida cristiana y a abandonar «la somnolencia y la tibieza en los tiempos duros que nos ha tocado vivir». «No podemos limitarnos a contemplar cómo el secularismo hiela las raíces cristianas de nuestro pueblo. No podemos resignarnos a contemplar pasivamente la contaminación moral que todo lo penetra, ni el alejamiento de la juventud, seducida, como escribiera Juan Pablo II, ‘por mitos efímeros y falsos maestros’. No podemos encogernos de hombros ante la crisis que afecta tan hondamente al matrimonio y a la familia», señaló para zamarrear las conciencias de los fieles. Para lograr la conversión y renovación espiritual personal y comunitaria, invocada por el Papa Francisco, Asenjo realizó un llamamiento a los sacerdotes. «Nuestra Iglesia necesita sacerdotes santos, sacerdotes de gran hondura espiritual y una fuerte experiencia de Dios, maestros de almas, bien preparados intelectualmente, decididamente entregados al servicio de Cristo y de su Iglesia». El prelado también instó a los miembros de las hermandades a «ser cristianos cabales» e insistió en que la primera y principal misión de estas asociaciones de fieles es «el crecimiento en la vida interior de los propios cofrades». Impresionado aún por la muestra de fervor de los sevillanos durante los tres días de besamanos a la Macarena, el arzobispo de Sevilla quiso agradecer al término de la ceremonia el testimonio de «tantos buenos cristianos de Sevilla que en estos días no han dejado ni un minuto sola a la Virgen en el Sagrario». «Diso quiera que todas estas alabanzas hayan contribuido a enraizar la devoción en vuestrios corazones y en vuestras vidas». Finalmente, después de que se entonase la Salve en latín ante la Virgen de la Esperanza, el arzobispo hispalense se acercó de nuevo al micrófono para agradecer «a las dos o tres televisiones que han servido las imágenes de esta eucaristía hermosísima a la ciudad de Sevilla y a toda España a través de la Televisión de El Correo de Andalucía. Saludo a todos los telespectadores de Sevilla y de cualquier punto de España y agradezco a estas empresas el favor grande que nos han prestado. Que Dios se lo pague». Pero sin duda, uno de los picos emocionales de esta brillante ceremonia al aire libre se produjo durante el ofertorio, cuando la cantaora Estrella Morente, ataviada con una mantilla blanca, entonaba, con el acompañamiento de la orquesta sinfónica, la plegaría Esperanza y Macarena, que compuso el maestro Quiroga y que Juanita Reina popularizó como canción. Una intervención que levantó los aplausos del público. Y así, entre repartos de abanicos y latas de Aquarius entre las parcelas de sillas para mitigar en lo posible los excesos del termómetro, discurrió una ceremonia en la que la anécdota fue la atribución de la hechura de la Macarena a la «sublime inspiración de la Roldana» en uno de los cánticos de la comunión. Finalizada la misa, todo el mundo quiso inmortalizarse ante el palio de la Macarena, hasta que desde la megafonía animaron a los presentes a desalojar el escenario. La bajada del altar y el recorrido de despedida de la Virgen, una vez finalizada la misa, estuvo acompañado de una serie de marchas macarenas a orquesta que sonaban por los altavoces, entre ellas Como tú... ninguna, Esperanza de Marvizón, Macarena de Cebrián y Pasa la Macarena. Y como broche de oro a un excelente acompañamiento musical sonó para la Virgen el pasodoble Suspiros de España.

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