Cultura

«Sevilla puede presumir de vivir en el siglo XXI, pero Madrid sigue en el XX»

Pedro Bravo publica ‘Biciosos’, una defensa de la bicicleta en los espacios urbanos que, a lo largo de 200 páginas, explica el pasado, el presente y el futuro de este invento insustituible

el 08 jun 2014 / 23:00 h.

Pedro Bravo. Pedro Bravo. ¿Qué tienen en común Einstein, Arthur Conan Doyle, H. G, Wells, John F. Kennedy y Michele Pfeiffer? Pues que todos, de un modo u otro, fueron grandes defensores de la bicicleta. También lo es Pedro Bravo, madrileño de 1972, escritor, periodista y agitador cultural, que en su libro Biciosos (Debate) hace una defensa a ultranza de este medio de transporte y de sus usuarios. «Hay un montón de razones para cultivar la pasión por la bici», asegura. «Básicamente su eficacia, su bajo coste, sus soluciones para la movilidad en la ciudad, los efectos beneficiosos para la salud y el buen rollo que da deberían bastar para amarla. A sus detractores, en cambio, solo podemos entenderlos pensando en la falta de costumbre, que despierta resquemores en el otro que va sobre dos ruedas. La vista se ha hecho a los coches y los autobuses, y cuesta volver a convivir con un no tan nuevo vechículo». ¿Cuándo desaparecieron las bicicletas de las ciudades?. Para Bravo, «tras el boom de la bici de principios de siglo XX –no olvidemos que las primeras carreteras se adecentaron para ellas–, tras la II Guerra Mundial, en los años 50 y 60, el concepto de progreso vino muy relacionado con el petróleo, algo que vimos por ejemplo en la proliferación de bolsas de plástico, pero también en el modo en que se apartó a la bicicleta en todo el mundo. Por suerte, en algunas ciudades, como Amsterdam, se dieron cuenta de que los coches no solo estaban expulsando a las bicis, sino también a las personas», recuerda. Ese modelo de ciudad es el que Pedro Bravo ha venido a encontrar en Sevilla, donde antes de 2006 el uso de la bicicleta era poco menos que testimonial, del 1 por ciento, y ahora oscila entre el 7 y el 12. «En ocho años se ha multiplicado como en casi ninguna otra ciudad del mundo. eso significa que es una ciudad menos contaminada, más habitable, donde la gente va de otra manera a los sitios, y donde la salud pública se ve beneficiada. Y por un coste mínimo. Hasta aquellos que solo ven los números, saben que los números están de parte de la bici». En este sentido, Bravo alude al clásico de los comerciantes que siempre se resisten a las peatonalizaciones, «y acaban descubriendo que es mejor acercar a las personas que a los coches», asevera. «España vive tiempos de movilidad diferentes. Mientras en Madrid seguimos en el siglo XX, Sevilla puede presumir de estar en el siglo XXI, con ciudades como Barcelona, Zaragoza, Vitoria, San Sebastián o Valencia. En la capital nos falta una administración valiente que quiera hacer lo que se hizo aquí. La ley, desde luego, lo permite. Falta la voluntad». Sobre la polémica en torno al casco, el autor cree que «es recomendable para todos, pero está demostrado que hacerlo obligatorio baja el índice de uso. Australia es un buen ejemplo, con muchos kilómetros de carril bici y un uso muy bajo por ese motivo», explica. Y concluye: «Sevilla ha demostrado que la convivencia y el civismo no son solo cosa de altos y rubios europeos. Solo falta convencer a los que ven la bici como algo a lo que quieren llegar, y no se atreven».

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