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"Sevilla tiene mejores escenarios que París pero hacen falta nuevos públicos"

el 18 ene 2013 / 21:04 h.

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El violinista Eric Crambes.
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Probablemente, la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS) tenga, desde esta temporada con plena dedicación, al mejor concertino posible. El francés Eric Crambes es un músico plural –que dedica por igual su atención y pasión a la ópera, a la música de cámara y a la creación actual– y tiene una notable capacidad para rendir con solvencia en múltiples tareas. Porque, además de su compromiso con la ciudad, también dirige un festival de música –el de Aubenas–, es miembro del grupo de música actual 2e2m y colabora con numerosos conjuntos sinfónicos y camerísticos a nivel internacional.

–¿Qué cree que esperan sus compañeros, el director de orquesta y el público de un concertino?

–No sé lo que el público espera, sinceramente. Lo que los profesores de la ROSS quieren, y yo trato de darlo todo en ese sentido, es un músico que sirva de enlace entre la batuta y ellos. Hablamos mucho y transmito con detalle cada reacción del maestro hacia ellos. Podríamos decir que mi puesto es el que hace de correa de transmisión entre el director –especialmente si este es invitado– y el resto de la orquesta.

–¿Y la jerarquía está clara en su caso? Porque después del director el que más manda en el escenario es usted...

–La jerarquía siempre está muy clara en el contexto de un conjunto sinfónico. Sin embargo a mí me gusta sentirme un músico más, de hecho pedí entrar en el escenario junto al resto de los compañeros, no después cuando ya se han sentado y precediendo a la salida del director.

–¿Algún arrebato de solista que confesar?

–En el sentido que cree, no. Ya es suficiente responsabilidad saber que todo el mundo confía en ti, que si yo no entro a tiempo, nadie entra a tiempo. He desarrollado un movimiento con mi cuerpo que me permite hacer saber a todos con cierta anticipación lo que voy a hacer. Y tengo una relación especial con los músicos de viento, a los que doy muchas indicaciones. El contacto visual para un concertino es algo clave, sin lo que todo se puede venir abajo.

–¿Cómo se lleva con los maestros con los que trabaja?

–Hay directores que se apoyan más en el concertino, es el caso por ejemplo de Michel Plasson, que delega una gran responsabilidad y con quien he trabajado mucho en Toulouse. Otros no lo hacen tanto. En cualquier caso es importante mantener una buena sintonía con el director titular de la orquesta en la que trabajas y, en ese sentido, puedo presumir de tener una excelente relación con Pedro Halffter.

–¿Acepta consejos suyos?

–El maestro es el maestro, mi rol es el de transmitir la visión del director, tanto si estoy de acuerdo con ella como si no. En ocasiones toma decisiones estéticas que yo personalmente no tomaría pero si tengo que decirle algo, a Halffter o a cualquier otro director, prefiero hacerlo en privado.

–Vive la mitad del año en París, dirige un festival de música, tiene una agenda muy apretada. No necesitaba a Sevilla... pero eligió pasar aquí largas temporadas. ¿Qué fue lo determinante?

–Me gusta la ópera por encima de todas las cosas y aquí, en el Maestranza, tengo la fortuna de poder combinar trabajo en el foso con conciertos sinfónicos. Esto no sucede así en todos los sitios.

–¿Cómo contempla un músico francés la crisis, en términos culturales, que padece este país?

–Lo que ha vivido España en los últimos 25 años, antes de que comenzara la crisis, ha sido algo increíble. Como francés envidio la cantidad y la calidad de salas de música que tiene este país. Casi podría decir que Sevilla, en su escala, tiene mejores salas que París. Allí no hay buenos espacios, ¿la Bastilla, los Campos Elíseos? Muy mala acústica. Sólo salvaría la Sala Pleyel y porque la han remodelado. Luego, España tiene 25 orquestas, sí, quizás haya alguna de más, pero a comienzos de los 80 ¡sólo había cinco! Ese boom ha sido absolutamente maravilloso. Por supuesto que faltan cosas, como la esperada Ley de Mecenazgo que incentivaría de una vez por todas el compromiso empresarial privado con los teatros de ópera y las orquestas.

–¿Cree que el Maestranza es un buen modelo de cómo sobrellevar este aciago tiempo?

–Lo que creo firmemente es que tanto la directora gerente, Remedios Navarro, como el director artístico, Pedro Halffter, están haciéndolo lo mejor que pueden. Pero sí que creo que habría que impulsar ideas como los clubes de amigos –algo muy estadounidense– y también pienso que la Sinfónica de Sevilla tiene que salir a buscar nuevos públicos. Quizá esto se podría hacer mediante la itinerancia de pequeños grupos de cámara.

–Usted ha puesto un especial empeño en dignificar el Ciclo de Cámara de la ROSS. ¿Por qué ese interés?

–Para mí es fundamental. En la orquesta escuchas la voz del director, en un quinteto o un sexteto oyes a todos y haces de todo. Para un músico es necesario practicar la música de cámara porque todo lo que con ella aprendes luego lo aplicas al trabajo sinfónico. Además, el ciclo que se ha confeccionado no es para los solistas, es para todos los músicos de la ROSS que quieran sumarse a él.

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