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Toros

Sevilla tiene toreros

Pablo Aguado y Rafa Serna llenaron la plaza hasta los topes y enseñaron sus opciones de futuro. El aspirante extremeño no se quedó atrás y volvió a mostrar que su mejor virtud es el valor. El público salió encantado de un gran espectáculo

el 01 ago 2014 / 00:23 h.

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Plaza de la Real Maestranza Ganado: Se lidiaron seis erales de El Parralejo, bien presentados. El primero resultó manso pero posible; de más a menos el segundo; exigente el tercero; manso y bruto el cuarto y muy deslucido el quinto. Aspirantes: Pablo Aguado (de Sevilla), de caldera y oro, oreja y ovación tras aviso. Rafa Serna (Escuela Taurina de Sevilla), de carmín y oro, vuelta al ruedo tras fortísima petición de oreja y ovación tras aviso. Juan Carlos Carballo (Escuela de Badajoz), de rosa pálido y cordoncillo blanco, vuelta tras leve petición y oreja con petición de la segunda. Incidencias: La plaza registró mas de tres cuartos de entrada, con lleno absoluto en los tendidos de Sol, en noche fresca y agradable. El ambientazo se mascaba desde primeras horas de la mañana. Colas para adquirir o conseguir las entradas; dimes y diretes; rivalidad entre los partidarios, tertulias taurinas... era una vuelta a los orígenes, la resurrección de un ambiente dormido que ponía la guinda a una feliz temporada que parece querer enjugar las lágrimas de la Feria triste. Aguado y Serna; o Serna y Aguado, sin olvidar el valor espartano de Juan Carlos Carballo, habían conseguido abarrotar la plaza de un público familiar y juvenil que era el mejor certificado de la salud de una afición que sólo necesita alicientes y precios adecuados. Ésa es la clave. torero-01Pero aún tenía que salir el toro para sentenciar una final que ha trascendido notablemente del ámbito taurino sevillano y que se convertía en el mejor aval de esa nueva hornada de toreros que puede dar tantas satisfacciones. Abría cartel Pablo Aguado, que volvió a sorprender por esa mezcla sabia de capacidad, valor y expresión en una faena que tuvo un enorme trasfondo técnico para sujetar las mansas embestidas de un novillo –el primero– que a pesar de sus malos inicios acabó rompiendo en la muleta. Pero se entregó gracias al planteamiento de Aguado, que hizo explotar la faena en una sensacional serie diestra después de mostrar mimo de elegido en los muletazos con los que inició su labor. Los pases, dichos por ambas manos, estuvieron rematados por enormes pases de pecho. A un inoportuno desarme siguió otra sensacional tanda de muletazos diestros que acabó de poner a todos de acuerdo. La oreja fue de peso. Cuando salió el cuarto, la noche ya estaba lanzada y Pablo Aguado se marchó a la puerta de chiqueros resolviendo la papeleta con seis o siete faroles de rodillas que causaron un auténtico alboroto y arrancaron la música. Mansito y brutín, este cuarto necesitaba firmeza de legionario y pulso de pianista. Aguado estuvo sobradamente por encima e hizo explotar la faena con la mano izquierda antes de que el novillo echara el freno. La espada, esta vez, no estuvo tan fina. torero-02Rafa Serna salió a por todas. La fallida portagayola fue suplida con tres largas en los mismísimos medios y unas templadas verónicas a pies juntos. La faena, reunida y dicha en un palmo de terreno, compartió dos virtudes:la firmeza y la intensidad. La mano izquierda volvió a ser el mejor talismán de Serna que abrochó su labor con un arrimón descarnado y un estoconazo fulminante que debió poner en sus manos la merecida oreja que negó el presidente. El quinto no puso las cosas demasiado fáciles de salida. Rafa Serna siguió el guión marcado de la noche y volvió a hincarse a portagayola. Con la muleta en la mano instrumentó un templado trasteo escenificado en los medios que tuvo en contra las asperezas del eral de El Parralejo, que nunca fue entregado en la muleta de su matador, que sí acabó metiéndolo en la canasta con su infalible mano izquierda en una labor de eco sordo pero sobrada de méritos. La espada, una vez más, fue un cañón. Carballo volvió a brillar por su entrega, inasequible al desaliento. Se llevó un fuerte mamporro del tercero cuando más relajado se encontraba toreando al natural. El tejón de Cáceres no se arredró y volvió a la cara del novillo para torear con sinceridad y vibración después. También hay que anotarle la correspondiente portagayola, que ejecutó con limpieza. En el sexto volvió a irse a puerta de chiqueros ¡de rodillas y de espaldas! Y se entregó en una faena trepidante y entregada que estuvo a la altura de la bravura de ese sexto novillo que cerró con broche de oro una final inolvidable.

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