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Sevilla y la vía 'balata'

El puente de barcas no sólo unía Triana con Sevilla; también Sevilla con España: fue durante siglos el final -o el principio- del lazo con el Cantábrico que trazó un imperio, el romano, que tenía en las rutas seguras unas de sus claves principales.

el 15 sep 2009 / 07:11 h.

El puente de barcas no sólo unía Triana con Sevilla; también Sevilla con España: fue durante siglos el final -o el principio- del lazo con el Cantábrico que trazó un imperio, el romano, que tenía en las rutas seguras unas de sus claves principales. Aquella vía, calzada con piedras, se llamó en árabe balata, empedrada, y continuó siendo la de los pasos de cuantos buscaban el norte o el sur. Tuvo uno de los primeros topónimos arábigos: Gibraltar fue el Monte de Tarik y el Puerto de la Cuz -entre Andalucía y Extremadura- el de Muza, primer obstáculo real hacia Mérida. Sirvió, siendo ya de la Plata, a los Reyes Católicos, a Carlos V, a los Felipe II y IV, y al V cuando llegó con toda su corte para, al final, dejar a Sevilla en la estacada.

A partir de Olavide se impondría la ruta de Despeñaperros, hasta entonces despoblada, y el viejo camino real descendería a la segunda división de los caminos, arrastrando a la calle Castilla, antes bocana de tierra, hoy paso recoleto. Por eso la exposición que se abrirá dentro de unos días en Santa Inés puede ser un aldabonazo a los olvidos. Los miliarios que se expondrán dejarán patente que su numeración de letras se extendía por cientos y cientos de millas, y quizás alguien se acuerde de que uno de ellos sigue en la soledad de las traseras del teatro romano de Santiponce. Por encima de sus letras hay otras con la palabra Adriano.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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