Cultura

Shostakovich extremeño

Lugar: Teatro de la Maestranza. 18 de diciembre. Programa:  Obras de Glinka, Sibelius y Shostakovich. Intérpretes: Yoo-Jin Jang, violín. Orquesta de Extremadura. Jesús Amigo, director.

el 18 dic 2009 / 22:44 h.

El fenomenal panorama de las orquestas sinfónicas en España permite que comunidades como Extremadura o Murcia –impensable hace unos años que en ellas pudiera surgir una formación de este tipo– también posean un conjunto sinfónico sólido, con programación estable y proyección fuera de sus fronteras.

Gracias al ciclo de intercambio, la Orquesta de Extremadura (creada en el año 2000) visitó anoche el Teatro de la Maestranza con un programa cuyo mayor acierto fue programar, en la segunda parte, la poco divulgada Sinfonía n.1 de Shostakovich.

Las tres primeras obras sinfónicas del músico ruso son escasamente transitadas y pesa sobre ellas la losa de la modernidad. Sin llegar a las cotas rupturistas de la Segunda, ésta Primera arranca con un camerístico Allegretto cargado de ironía y sabiduría técnica (¡y Shostakovich lo compuso con sólo 19 años!).

Los profesores de la Orquesta de Extremadura, comandados por su titular, Jesús Amigo, dirigieron con nervio y garra, marcando precipitados contrastes, poniendo énfasis en la percusión y rezumando un tono agitado y crispado. Puede verse como un tópico demandar este tipo de sonoridad para la obra del ruso pero es que, en efecto, es así como mejor nos alcanzan sus afilados temas y sus disonancias encriptadas.La prestación de los músicos fue de todo punto ejemplar entregando un sonido agreste y vitriólico.

En el Concierto para violín de Sibelius, la protagonista fue la joven virtuosa coreana Yoo-Jin Jang. Aunque su carrera está cincelada por ahora a golpe de premios en concursos, su sonido, sorprendentemente, es generoso en los graves, denso en la zona media y no se entrega al almíbar con el que barnizan otros virtuosos de su edad. Con ella sin embargo, la batuta de Amigo se limitó mas a marcar un acompañamiento alicaido en todo el Adagio y bastante escolástico en los tiempos rápidos.

La Obertura de Ruslán y Ludmila, bien expuesta instrumentalmente, adoleció de una mayor recreación melódica y fue expuesta con premura y excesiva prestación de los timbales.Finalizó el programa con el Vals de Masquerade de Khachaturian, muy a tono con Shostakovich. Entre el público, además de la música, corría el runrun de los recortes presupuestarios con los que viene amenazando el Ayuntamiento.

Las asociaciones de amigos de la ROSS y de la OBS ya han mostrado su malestar. ¿Estará la Unesco al tanto de que, en Híspalis, quieren dilapidar su sello, ese que dice: Sevilla, Ciudad de la Música?

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