Cultura

'Shutter Island': Un laberinto kafkiano

EEUU, 2010. Dirección: Martin Scorsese. Argumento: Dos policías judiciales son transportados a una isla del puerto de Boston para investigar la desaparición de una peligrosa asesina. Intérpretes: Leonardo DiCaprio, Mark Ruffalo, Ben Kingsley, Max von Sydow, Emily Mortimer. Guión: Laeta Kalodigris. Fotografía: Robert Richardson.
Música: Varios. Duración: 138 minutos. 13 años. Calificación: ***

el 21 feb 2010 / 20:32 h.

Tengo que empezar confesando que (y probablemente me granjee alguna que otra crítica por esta afirmación) Martin Scorsese nunca ha sido santo de mi devoción.

Y es que salvo dos o tres filmes (Toro salvaje, Uno de los nuestros y El cabo del miedo) no he encontrado nada en la forma de dirigir del neoyorquino que me haya llevado a catalogarlo como el genio del séptimo arte que muchos afirman que es.

Eso no ha quitado para que hay acudido religiosamente al cine cada vez que el realizador ha estrenado una nueva producción, siempre expectante por comprobar si en cada ocasión encontraría algo de ese don que tantos han visto en él.

Por más que sea un filme bastante sólido, Shutter Island no ha hecho más que confirmarme (a través de varios momentos puntuales) que Scorsese es capaz de lo mejor y lo peor: si bien hay secuencias en la cinta que son brillantes (la resolución del filme en cierto edificio o la persecución en el bloque C), otras parecen haber sido rodadas por el becario ayudante del director de primera unidad. Tanta diferencia entre unas escenas y otras termina por lastrar a la cinta en su primera mitad, una hora que se eterniza y en la que el ritmo de la acción, más que avanzar, languidece.

No es hasta la segunda mitad cuando, variando radicalmente el ritmo, Scorsese comienza a tomar control de la misma. Pero es entonces cuando aparece el que se antoja como mayor problema de la misma, el que su final se vea venir a la legua (al menos en lo que a un servidor respecta).

Ahora bien, no sería justo para con la cinta el arrastrarla por el fango por algo que es una apreciación tan personal como subjetiva. Aquéllos que no la compartan encontrarán un filme intrigante e intrincado de opresiva atmósfera en la que nada es lo que parece.

A ello favorecen enormemente la brillante fotografía de Richardson (colaborador habitual del realizador desde Casino) y, sobre todo, la labor de los actores sin excepción, con un Kingsley genial y las decisivas aportaciones de Jackie Earle Haley y Patricia Clarkson como lo mejor del reparto.

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