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Si dejo el Guasap me muero

Tras el informe que dice que el 15% de la gente es incapaz de estar sin móvil un solo día, las reacciones a favor y en contra se prodigan.

el 01 mar 2014 / 23:30 h.

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NOVEDADES DE NOKIACon los rescoldos del Congreso Mundial de Móviles de Barcelona aún calientes y los ojos de la devota feligresía echando chiribitas (o chiribytes) tras las deslumbrantes exhibiciones de los últimos chillidos tecnológicos, llega la hora de plantear el drama. Porque igual de caliente que esas brasas menguantes está el informe de Rastreator (el que ladre se marcha de la habitación) que indica que el 15,1% de los andaluces se siente absolutamente incapaz de estar un solo día sin móvil. Sí: andaluces. No jóvenes andaluces, sino en general. Y ojo, que vienen curvas sin quitamiedos: eso significa1.3 puntos más por encima de la media nacional. Según el informe, «del mismo modo, el 52,9% reconoce que no podría prescindir de él una semana y el 70,3% considera que sería incapaz de estar sin él un mes entero». Turbador. No ha sido difícil saber qué opina de esto el ciudadano concernido, ya se incluya en la categoría de adicto, la de aficionado, la de indiferente, la de indolente, la de desdeñoso o la de enemigo declarado:el asunto está en la calle y en las redes, y, como cabía imaginar, hay de todo. Pero sobre todo, hay esperanzas.

«Leería muchos más libros de los que leo, pues no tendría interrupciones en la lectura (lo puedes poner en silencio, sí, pero acabas mirándolo, casi más que si lo tienes en sonido)», cuenta Marina Jiménez, estudiante de Periodismo en Sevilla, «pero me perdería algunas cosas buenas, como ver una fotografía a tiempo real, como una comunicación rápida y fácil, como acordarte de alguien y estar a cinco segundos de escuchar su voz, etc. Pero, sobre todo, en vez de un qué te cuentas frío y distante, o me gusta que no dice nada, tomaría muchos más cafés con las personas». Cuando se le pregunta que si así sería más feliz verdaderamente, o si se moriría de pena sin el telefonito mascota, su respuesta es esta: «No, unos días de mono durante la desintoxicación y luego seríamos más felices. No tengo ninguna duda».

Como es natural, a eso hay que colocarle detrás otra pregunta: si tan felices seríais, ¿por qué no lo hacéis? «Pues no lo sé», responde Irene Tenorio, profesora de la FCOM. «Por edad hubo un tiempo en el que no tenía nada de eso y sé que se puede vivir perfectamente sin ellos. Según Elena Betés, directora general de Rastreator.com, «El último informe La Sociedad de la Información en España, de la Fundación Telefónica, concluía que casi 19 millones de españoles viven conectados y consultan el móvil alrededor de 150 veces al día. Este dato significa que consultamos nuestro terminal 6,25 veces a la hora, o lo que es lo mismo, una vez cada seis minutos».

Usuaria confesa y frecuente de las nuevas tecnologías, Carmela Gálvez podría figurar entre los sevillanos que tienen un par de pantallas táctiles siempre a mano. Y sin embargo, se siente ajena al peligro. «Sería como cuando era joven, quedábamos en la puerta de Correos y dábamos paseos por lo que llamábamos el tontódromo, para encontrarnos unos y unas con otros y otras... y las relaciones con los demás serían más dificultosas, pero no imposibles». Mari Paz Valdés, dependienta de perfumería en Los Bermejales, lo resume en los mismos términos: «Hablaríamos, tendríamos comunicación».

Entre el gremio de los periodistas sevillanos, la lucidez de José Luis Jurado aporta una consideración importantísima: «Creo que habría que diferenciar el ámbito personal del profesional. Sin ir más lejos, si hoy no dispusiéramos de ordenadores, móviles y demás parafernalia tecnológica, todos los medios de comunicación tendríamos que cerrar. En el ámbito personal, el móvil que tengo lo utilizo estrictamente para llamadas que sean de una cierta urgencia. Reconozco sus posibilidades y soy partidario de utilizarlas en la medida de nuestras necesidades, pero también es cierto que muchas de ellas no son tales». Mientras, otros se niegan siquiera al juego de imaginar qué pasaría si no tuvieran móvil. «Me adapto a lo que tengo y lo que puedo. Nada es malo o bueno, sino el uso que tiene», dice el sevillano José Luis Miguel. «No tengo por qué renunciar. Si funciona, bien; y si no funciona, pues bien. No admito renunciar. No es cuestión de imaginación».

Pero Éryka Cobos, empresaria sevillana establecida en Tomares, le da otro giro al debate: «Los niños que juegan tres o cuatro horas al fútbol, ¿están pensando? Esa sería mi pregunta. Opino que nada es malo si es bien usado y menos si cubre la necesidad. Deberían de escuchar a muchos psicólogos sobre casos de según que tipo de niños». Eso es. A ver si va a suceder que antes de los móviles, lo niños y los mayores iban por ahí recitando a Baudelaire bajo los balcones con geranio y cruzando aceros por las esquinas por un quítame allá ese Schopenhauer. De momento, los hay peores: «Castilla y León, Extremadura, Cantabria, Baleares y Asturias son, por ese orden, las comunidades cuyos ciudadanos se declaran más dependientes de su terminal», dice el informe. Guau.

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