lunes, 10 diciembre 2018
09:31
, última actualización
Economía

"Si dependes de los piensos, estás muerto. No es mi caso"

David Serrano. Ganadero

el 29 jun 2014 / 15:00 h.

TAGS:

Se empecinó en ser ganadero y lo consiguió. Lo suyo no eran los libros. Para libros, ésos que atestiguan que es la séptima generación de una familia que vive del campo, comenta. A sus 33 años, asegura que saber anticiparse a los mercados de cada cabaña resulta clave «para sobrevivir», y esto tan sólo lo da, sostiene, «estar resabiado». David Serrano. / Foto: El Correo David Serrano. / Foto: El Correo Bocanegra no para de ladrar mientras, aceleradamente, su dueño va contando su historia. «Mi padre quería que estudiara pero yo quería campo. De siempre me ha gustado, a pesar de criarme en la capital. Y gustarte es realmente lo principal. Ésta es una vida muy sacrificada». Se emperró y lo consiguió. «¿Estudios? Sólo la EGB. Con 25 años mi padre, viendo que no había manera, me cedió la explotación ganadera con sus derechos de primas (europeas). Sólo tengo una hermana. Ella sí tiene dos carreras. Vivo en Sevilla, pero mi vida es el campo, aquí en Guillena», comenta. 1.200 cochinos, 100 vacas, 600 ovejas. Cabeza arriba o abajo, son las que posee. «Durante la crisis económica, yo he crecido. He comprado y alquilado más tierras. Tengo un trabajador, el capataz. Y sólo tengo uno porque yo trabajo ¿cuántas? Diez, doce, catorce horas al día. Y en este negocio, uno no está nunca contento. Expones mucho para ganar poco. Y si no tienes un volumen grande, te arruinas». De hecho, agrega, tres son las claves para sobrevivir. Una, no depender de los piensos –«si lo haces, estás muerto»–, sino disponer de una extensión de terrenos que te dé hierbas y pastos «suficientes». Dos, tener volumen, «como demuestra que muchos pequeños ganaderos han tirado la toalla durante la crisis económica». Y tres, conocer cuándo has de «retirarse un poco» de una u otra cabaña en función de cómo evolucionan los mercados. «Prever las cosas, anticiparse, tan sólo lo da la experiencia; conocer qué puede pasar de aquí a cuatro o cinco meses máximo, no se trabaja con un margen de cuatro o cinco años. En mi caso, tengo aún el punto de apoyo de mi padre y de mi abuelo». «Soy, como mínimo, la séptima generación de una familia que vive del campo. En mi casa hay papeles que acreditan la vinculación desde 1800», relata orgulloso. «Desde fuera, la ganadería o la agricultura se ven fáciles. Y no lo son. Hay que estar muy resabiado para superar los contratiempos que vienen». Como joven ganadero, David Serrano contó con la ayuda de la Junta de Andalucía (23.000 euros) y realizó cursos de formación. A pesar de los contratiempos –«hay veces que te hartas de trabajar y aun así te cuesta el dinero»–, a sus 33 años asegura que la ganadería le ofrece momentos muy buenos. Reconfortantes.

  • 1