Cofradías

"Si el mal persiste dentro, habrá sido una crisis cerrada en falso"

A sus 61 años, el exhermano mayor del Buen Fin toma las riendas de un Consejo de Cofradías fracturado internamente y con retos de gran envergadura ante sí.

el 02 nov 2012 / 22:18 h.

Empresario del sector inmobiliario y vecino de la Alfalfa, Bourrelier es desde el martes el nuevo presidente del Consejo.

Siempre dijo de sí mismo que era un vicepresidente "sin derecho a sucesión". La renuncia del presidente Arenas le ha obligado esta semana a tomar el timón del Consejo en plena tormenta.

-¿Con qué animos toma las riendas del Consejo?

-Con todo el ánimo del mundo. Para mí es un gran honor el puesto que ocupo y, aunque el regir los destinos de esta institución no se me había pasado en la vida por la cabeza, estoy aquí para servir a las hermandades de Sevilla.

-El miércoles ya se vio con el arzobiso Asenjo. ¿Alguna directriz o encomienda especial?

-No, ninguna en especial, salvo que las cosas funcionen y que haya hermanamiento. Como decía el comunicado del Arzobispado, la prioridad ahora es que pongamos todo nuestro empeño en el cumplimiento de los fines que tiene encomendada esta institución en la Iglesia de Sevilla.

-¿Aterriza con intención de cumplir los cuatro años de mandato o de darse un plazo hasta convocar elecciones?

-Ahora mismo no nos hemos parado siquiera a pensar en ello. Tenemos que hacer un análisis de la situación actual, de los pros y los contras, y empezar a funcionar. Ya veremos en los próximos días y semanas cómo se van desarrollando los acontecimientos, que esperemos que sean positivos. Nosotros estamos elegidos por cuatro años; ya veremos, si la cosa va bien, si somos capaces de cumplirlos, como así es el mandato de los hermanos mayores, y si no, convocaremos elecciones. Lo que pasa es que la cantidad de asuntos pendientes que ahora mismo hay en la institución no aconsejan de ninguna manera que se produzca un desgobierno. Tenemos a la vuelta de la esquina la aprobación de los estatutos. Estamos trabajando también en la organización del Viacrucis y en el envío de la documentación para la renovación de las sillas de la Carrera Oficial. Realmente, aunque el cuerpo te pida el no seguir, haríamos un flaco favor a las hermandades, a la Iglesia y a Sevilla si ahora mismo no estuviéramos dando la cara.

-¿Le sorprendió la decisión del presidente Arenas?

-Mucho, muchísimo. Fue una decisión exclusivamente personal. Entiendo por qué lo ha hecho. Durante cuatro años ha venido soportando una presión importantísima por todos lados y, al final, el tema de la elección del pregonero no ha sido más que la gota que ha colmado el vaso. Ese día me pareció que le iba a dar algo, un ataque. Lo vi muy mal, ciertamente. Hemos intentado por todos los medios que reconsiderara su dimisión, porque Adolfo no se merece salir de esta institución como ha salido. A este hombre, sin que pase mucho tiempo, se le dará el valor real de lo que ha hecho durante estos cuatros años trabajando incansablemente por la institución y por las hermandades.

-¿No cree que Adolfo Arenas se hubiera merecido un adiós más caluroso por parte de la Iglesia de Sevilla?

-Ahí no puedo opinar nada. No sé las circunstancias particulares de cada persona.

-Toca remodelar el equipo. ¿Piensa cubrir la vacante de la vicepresidncia?

-Mi intención es cubrirla. Mi amigo Manolo Román no cubrió el puesto de vicepresidente porque se encontraba en la última etapa ya de su mandato. Pero aquí es que estamos empezando. La figura del vicepresidente es vital. El presidente no tiene el don de la ubicuidad. Además, yo que fui hermano mayor del Buen Fin, eso que se habla de la soledad del cargo, aquí también se siente.

-¿Ha hecho mucho daño este episodio a la imagen de las cofradías?

-Muchísimo. Lo que ha sucedido no retrata realmente lo que son las hermandades. No ha sido justo. Somos Iglesia y no es ésta la imagen que debemos extrapolar. Por desgracia, en cualquier estamento de la sociedad gobernado por personas pueden pasar estas cosas por el ego personal de algunos de sus miembros.

-¿El enemigo sigue estando en casa? ¿Sigue dentro?

-Evidentemente, evidentemente. Estaba antes, está ahora y ya veremos en el futuro... Yo soy de la opinión de que los trapos sucios se laven en casa. Aquí la prensa ha hecho mucho daño y, sin quererlo, es la que ha dado el últimpo empujón para que Adolfo Arenas, por amor propio, tuviera que presentar su dimisión.

-¿Desearía el respaldo pleno de Palacio para hacer una limpia dentro de su equipo?

-Yo a Palacio no le pediré nunca ese apoyo. Cada uno tenemos nuestra misión. Palacio la suya y nosotros la nuestra. Indudablemente, a nadie le amarga un dulce, pero tengo que ser consciente de dónde estoy y lo que podemos hacer.

-¿No cree que es una crisis cerrada en falso?

-Si el mal sigue existiendo, sí habrá sido una crisis cerrada en falso. Pero bueno, luego está la voluntad de las personas de intentar salir adelante. Cuando le preguntaron a Jesús hasta cuándo podía perdonarse, contestó que hasta 70 veces siete. Somos gente de Iglesia, católicos, y debemos demostrar la caridad y el perdón. Eso puede hacerlo yo. Pero no les puedo pedir lo mismo a otros compañeros que también han sido vilipendiados.

-¿Modificará la dinámica de la elección del pregonero?

-La dinámica de elección no es el problema. El problema está cuando hay personas que retuercen la elección. Lo que hay que pedir es lealtad y si alguien sale de una junta superior y directamente se va a la prensa, es un perjuro, aunque los estatutos actuales no contemplen ningún tipo de medida contra esas personas.

-¿Qué pasará con los nuevos estatutos?

-Estos estatutos son necesarios. Con ellos en la mano no hubieran pasado algunas de las cosas que han ocurrido.

-¿San Hermenegildo seguirá siendo una prioridad?

-Lograr su cesión pasa ahora a un segundo plano. Es cierto que es un anhelo porque, al encontarse en la milla de oro de Sevilla, sería una fuente importantísima de ingresos para las hermandades en tiempos donde las bolsas de caridad están desbordadas. De todas formas, San Hermenegildo debe estar en un segundo plano hasta que Santa Catalina no tenga una solución.

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