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"Si el paciente no está contento, el trasplante de cara es un fracaso"

El director de la Unidad de Cirugía Plástica y Grandes Quemados del Virgen del Rocío de se convirtió la semana pasada en el segundo cirujano que realiza un trasplante de rostro. 

el 02 feb 2010 / 21:09 h.

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El director de la Unidad de Cirugía Plástica del Virgen del Rocío

–¿Cómo evoluciona el paciente?
–Bien. Todavía está en la UCI porque necesita muchos cuidados pero él se encuentra cómodo y dice que prefiere estar ahí [ríe]. Cuando sea dado de alta podrá salir a la calle pero con dificultades, ya que la musculatura del tejido que se le ha puesto en la cara tendrá menor movilidad. Se irá recuperando progresivamente y con mucho trabajo y rehabilitación.


–Usted dijo que esto “no ha hecho más que comenzar”. ¿Qué es lo que más le preocupa?
–Como en cualquier trasplante puede aparecer un rechazo. Además, para evitarlo se usa una medicación potente que baja las defensas y pueden aparecer infecciones. Aún no sabemos si necesitará cirugías posteriores pero hemos comprobado que, si se planifica de forma precisa, luego los ajustes son mínimos.


–La planificación ha ido de la mano del sistema informático de realidad virtual VirSSPA, la primera vez que se utilizaba en un trasplante de este tipo.
–Hemos utilizado esta tecnología en 200 pacientes en los últimos dos años, lo que nos ha permitido mejorar la precisión de la cirugía. Al mejorar la precisión y la planificación, una de las aplicaciones era en este trasplante, ya que nos permitió determinar qué requisitos necesitábamos en cuanto a geometría y volúmenes para la reconstrucción facial.


–Esta operación mejora la calidad de vida del paciente pero no era necesaria para salvarle la vida. ¿Compensan los riesgos?
–El trasplante, que en este caso es la reconstrucción, es parte de otro proceso muy largo: el tratamiento de la enfermedad que tiene en la cara el paciente. Esa misma operación se ha hecho 17 veces a lo largo de su vida, pero siempre de forma parcial. En esta ocasión, como teníamos todo el tejido necesario para la reconstrucción, lo que hemos podido hacer es tratar de una sola vez toda la enfermedad. La psicología es fundamental para determinar que el paciente puede soportar una cirugía tan extensa y el postoperatorio. Los equipos de salud mental le ayudan a pasar el día a día. Claro que tiene ventajas e inconvenientes. Hay temas que por la confidencialidad del paciente no podemos tratar, pero ha sido evaluado que desde el punto de vista de la función, a corto y medio plazo, tendrá una mejoría muy significativa.


–¿Qué novedades han incluido en esta operación?
–En la parte quirúrgica, transferir temporalmente el tejido del donante a la ingle del receptor nos permitió hacer una cirugía tan prolongada. Así, vimos que todo el tejido que íbamos a transferir tenía riego y que no se producía un rechazo hiperagudo. Nos permitió poder tratar la enfermedad del rostro, algo muy prolongado y costoso porque tuvimos que quitar todos los tejidos enfermos de la cara, y pudimos hacerlo sin prisa, con todo el tiempo necesario. Hemos utilizado lo mejor de cada caso para planificar el nuestro.


–¿Cuántas personas se beneficiarán de estos trasplantes? ¿Hay plazos para el próximo?
–Al principio tienen que ser pocos. Hasta que nuestro paciente no cumpla todas las fases no lo evaluaremos; ahora va bien, pero le queda un largo camino. Pero estamos viendo que es una buena solución para aquellos casos que no tienen ninguna alternativa. Sin embargo, esto no es un programa de trasplante como puede ser el de riñón o de hígado, sino que todo se prepara para un solo paciente, totalmente personalizado.


–¿Está más satisfecho con la técnica utilizada o con la solución dada al paciente?
–Lo segundo, porque lo que hacemos tiene más que ver con las personas que con la técnica. En esto no hay ninguna proeza, al final es la responsabilidad con el paciente y con una familia, que deciden contigo, que son parte del equipo.


–¿Cómo se prepara para una operación de 30 horas?
–La sensación del tiempo es muy variable. Cuando uno está haciendo la cirugía, pasa muy rápido; como ayudante, pasa más lento y si eres el familiar que está esperando, la sensación es interminable. Eso sí, como coordinador iba mandando gente a casa a descansar... pero nadie quería irse.


–Una operación que clínicamente sea perfecta y el paciente no esté contento, ¿es un éxito?
–No, es un fracaso. Puede ser un éxito en el tema técnico si estamos hablando de un cáncer, pero en el caso de la cirugía plástica la única persona que puede valorar si es positivo o no es el paciente; si no está contento con el resultado, no has cumplido el objetivo.


–Algunas críticas al sistema de salud público pasan por que es lento o que no es posible que sea universal, ¿cuál es su opinión?
–Se puede pensar que cuando se hace una cosa de estas todos los recursos se dirigen ahí y no se hace nada más. Eso no es así, los quirófanos siguen funcionando con otros pacientes y se atienden las consultas. Uno de los requisitos del trasplante es que no tuviese coste adicional. El paciente estaba en lista de espera para otros procedimientos y los hemos agrupado en el tiempo; si no, nunca hubiéramos llegado al resultado que hemos conseguido. La accesibilidad a estas técnicas es imposible fuera del contexto del marco de solidaridad y de equidad en el que trabajamos y los trasplantes se basan en eso. Es imprescindible el donante, la familia del donante y hay muchos otros donantes anónimos detrás, como los de sangre.

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