Cofradías

"Si los flamencos salieran a la calle a cantar, sería la Edad de Oro de la saeta"

José Pérez Leal, ‘El Sacri’, lleva 30 años poniendo sonido a la entrada de la hermandad del Cristo de Burgos.

el 23 feb 2013 / 21:03 h.

Tenía doce años y tuvo que subirse a una silla de la Avenida para cantarle a la Macarena. "Me salió del alma, aunque ahora mismo no recuerdo muy bien la letra". Fue la primera saeta que interpretó José Pérez Leal, El Sacri, la voz por antonomasia de la Semana Santa de Sevilla. Pasaron los años, y primero como monaguillo y luego como sacristán -de ahí su apodo de El Sacri- aquel chaval fue madurando en la parroquia del Cerro del Águila hasta obtener en 1988 el primer reconocimiento público con la Saeta de Oro, un galardón que antes recibieron grandes figuras del flamenco como Antonio Mairena y Mercedes Cubero, entre otros.

De aquellos inicios humildes desde el más absoluto anonimato recuerda con cariño cómo montaba pasos "a base de puntillas", y cómo se trasladó a la Virgen al barrio del Cerro: "Acompañé al cura y trajimos a la imagen en un taxi", apunta emocionado. Sin embargo, su voz se fue ganando a golpe de pellizcos y quejíos un sitio en el pentagrama pasionista. Muchos la vinculan al cierre sentimental de la fiesta en una plaza de San Lorenzo a oscuras, a tarde de Lunes Santo en el Arenal o a una plaza de San Pedro en silencio. Precisamente este Miércoles Santo cumplirá 30 años cantando su famoso Padre Nuestro al Cristo de Burgos en su entrada al templo. Como siempre, lo hará desde una minúscula ventana de la fachada de la iglesia desde la que resonará su garganta. "Apenas se me ve. Sólo asomo una mano por las rejas, pero me encanta porque hay un silencio... Es impresionante", explica este maestro de la saeta, que confiesa su predilección por los pasos sin música porque "la gente está más pendiente y me motivo más". Quizás por ello disfruta tanto en la entrada de la Soledad, "una plaza privilegiada donde Manolo Caracol le cantó al Gran Poder" y en la que "hay un respeto y un silencio que hace que se recoja más la voz".

Pese a los años, El Sacri huye de los reconocimientos públicos. No quiere ni aplausos: "Las palmas han de ser para la imagen, no para mí. No se debe aplaudir una saeta. Cuando termino, me meto para dentro". Su Semana Santa empieza en noviembre, cuando, libro en mano, se pone a estudiar las nuevas letras de un repertorio que "siempre cambia". Reconoce que cuida "mucho" su voz, sobre todo al llegar Cuaresma, evitando beber alcohol. Del Domingo de Ramos al Sábado Santo sus citas pasan por la Hiniesta, el Amor, San Roque en Caballerizas, Las Aguas, el Museo, Vera-Cruz, San Esteban, su Cerro del Águila en la calle Aníbal González, el Cristo de Burgos, Valle, Pasión, San Isidoro, el Cachorro -que podría sumarse este año- y la Soledad.

Para perpetuar su arte, acaba de sacar su quinto trabajo discográfico (Clásico y Pasión) con el sello de Pasarela y bajo la dirección musical de José María Campos Gálvez. En él recoge cinco saetas, una de ellas dedicada al cardenal Amigo Vallejo "por el cariño y amor sevillano que siempre nos ha regalado". La letra es del exhermano mayor de las Aguas, Pedro Collado, y nombra a la patrona de Medina de Rioseco, pueblo natal del purpurado: "Señor de Castilviejo/ la saeta es oración/ este sevillano viejo/ con todo su corazón/ a Carlos Amigo Vallejo.// Hasta la noble Castilla/ cuna de un franciscano/ una saeta sencilla/ príncipe para romano/ y para toda Sevilla / un cardenal sevillano".

Sobre el futuro de la saeta como "música" de la Semana Santa, El Sacri lo tiene claro: "Si los grandes cantaores flamencos se echaran a la calle a cantar, ahora estaríamos en la Edad de Oro de la saeta, como el siglo pasado". Ahí queda el mensaje.

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