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Si no hay acuerdo social, habrá que actuar

El Gobierno que preside José Luis Rodríguez Zapatero está dispuesto a darle un giro a la estrategia seguida hasta ahora para la adopción de medidas relativas al mercado laboral. Si hasta ahora preconizaba que no tomaría ninguna medida que no fuera previamente acordada con los representantes de los empresarios y de los sindicatos...

el 16 sep 2009 / 06:08 h.

El Gobierno que preside José Luis Rodríguez Zapatero está dispuesto a darle un giro a la estrategia seguida hasta ahora para la adopción de medidas relativas al mercado laboral. Si hasta ahora preconizaba que no tomaría ninguna medida que no fuera previamente acordada con los representantes de los empresarios y de los sindicatos (el llamado diálogo social), ahora deja abierta la posibilidad de tomar decisiones en este campo pese a que no haya un acuerdo de consenso entre los agentes sociales. No hay que asustarse de ello. El diálogo no fluye. La patronal ha rechazado la última oferta gubernamental, en la que se proponía la reducción de las cotizaciones a la Seguridad Social en 1,5 puntos, y las posturas siguen enquistadas. ¿Qué puede hacer ante ello el Gobierno? Pues seguramente cualquier cosas menos quedarse quieto. Como ya hicieran con anteriorIdad otros presidentes, Zapatero está obligado a mover ficha en la partida negociadora para presionar a los representantes de las partes enfrentadas, y en este caso concreto a la CEOE. Pero si aun así no se obtienen resultados que se plasmen en un acuerdo conjunto, tiene la responsabilidad de asumir decisiones que no cuenten con el beneplácito de los empresarios o de los sindicatos. No es una cuestión de utilizar una prerrogativa consustancial a quien ostenta el ejercicio del poder, sino de entender que no todo puede dejarse al albur de que las partes enfrentadas concilien sus posiciones. La situación económica es de tal gravedad que no pueden aplazarse más tiempo cuestiones relativas a las negociaciones de los convenios colectivos, la reducción de las cotizaciones a la Seguridad Social, las ayudas a los desempleados o la tan manida reforma del mercado laboral. Si al final de este proceso hay acuerdo, mejor que mejor, pero el Gobierno no puede permitir que las exigencias de los negociadores del diálogo social deriven en un fracaso que perjudicaría a todos.

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