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Economía

"Si no nos hubiéramos subido a los aviones, hoy seríamos grandes"

El director de Desarrollo de Negocio de Rahemo relata cuán importante es la exportación para este fabricante de radiadores para transformadores eléctricos, su experiencia en China y cómo corrían los promotores de renovables a por las primas.

el 10 oct 2009 / 19:12 h.

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Alberto Galadí, en las instalaciones de Rahemo ubicadas en el polígono Calonge de Sevilla.
-Esta empresa, con seis décadas de historia, nació para fabricar radiadores de automóviles y derivó hacia radiadores para transformadores eléctricos. ¿Me podría radiar su historia?
-La fundó en 1945 mi abuelo en la calle Oriente, cuando aquí, en Sevilla, había dos fabricantes de radiadores para automóviles con dos únicas licencias. Él se mudó a Córdoba y cedió la licencia a otro empresario, que creó Rahemo. Mi padre, tiempo después, vino a dirigirla y, posteriormente, la compró. En la actualidad, tres son sus áreas de negocio. Fabricación de radiadores para los transformadores eléctricos; comercialización de radiadores para automóviles y accesorios para reparación, y servicio de logística e instalación electromecánica de radiadores en subestaciones eléctricas. En su día, llegamos a fabricar componentes aeronáuticos y de la industria militar.

 

-La FP regresa ahora con fuerza, pero en años pasados era una queja permanente de la industria del metal sevillana la falta de trabajadores cualificados.
-Siempre hemos tenido problemas para encontrar soldadores y gente con ganas de aprender. Rahemo forma a su gente y nuestra plantilla es joven, salvo los jefes de equipo, algunos de los cuales llevan tres décadas aquí. Todo el personal es polivalente, de forma que un soldador debe saber pintar y al revés, para que así se puedan sustituir unos compañeros por otros cuando sea necesario.

-¿Hay mucha rotación?
-No, y eso es una ventaja.

-No me imagino un mercado nacional amplísimo de radiadores de transformadores eléctricos...
-Exportamos desde 1992. Primero fue Portugal, después México y, a partir de ahí, Italia, Inglaterra, Hungría, Norteamérica, Austria, Alemania... Sin embargo, la paridad euro-dólar hizo imposible exportar al área americana, y aquí nació nuestro proyecto en China, una planta en Jiangsu, Shanghai. Se trata de una fábrica que compartimos con un socio local, al que aportamos tecnología y maquinaria, y desde la que nosotros vendemos a México, Estados Unidos, Canadá, Chile, Argentina...

-Cuando se habla de un proyecto industrial en China siempre se piensa en el bajo coste de la mano de obra. ¿Fue el factor monetario o el laboral el que realmente pesó en Rahemo?

-La mitad del coste de un radiador es mano de obra debido a su valor añadido. Al margen de los procesos automatizados, y aunque parezca mentira, el componente artesanal es muy elevado. Sin embargo, lo determinante para instalarnos en China fue el tipo de cambio. Cuando el dólar estaba a 160 pesetas podíamos competir desde aquí al exportar al área del billete verde. Ahora, no. EEUU es muy interesante, sólo hay un fabricante. Nos quiso comprar, pero la operación no llegó a buen puerto.

-Los empresarios se quejan de las dificultades de China.
-Es difícil la comunicación, hay que repetir las cosas mil veces, lo que te obliga a ser constante y estar permanentemente allí. En un negocio como éste, los compromisos y los plazos son fundamentales. No puede funcionar un transformador sin las pruebas para ver si el radiador se calienta, ni tampoco se puede retrasar una planta industrial o una subestación eléctrica, porque eso cuesta muchísimo dinero, millones de euros.

-¿Qué proyectos le rondan por la cabeza?
-Seguir creciendo en los servicios y logística para nuestros clientes, porque la división fabril ya la tenemos controlada. Somos de las empresas más antiguas del sector en Europa, aunque no de las más grandes.

-¿Y por qué no?
-Porque en su día nos metimos en el sector aeronáutico. Si no lo hubiéramos hecho, posiblemente seríamos ahora una de las grandes. Pero lamentablemente no fue así. El aeronáutico es un negocio con altibajos. Subió mucho y nos metimos, y bajó mucho y nos pilló. Cuando volvió a crecer, no quisimos subir más al avión.

-Su padre, Antonio Galadí, reconoce que se ha arruinado varias veces. ¿Qué le transmite?
-Enseñanza. Ojalá tuviera yo la mitad de la capacidad de mi padre para tomar decisiones. Cuando la crisis aeronáutica, tuvo la posibilidad de pasar hoja y dedicarse a actividades más seguras, como la inmobiliaria. Pero no, apostó por la industria y para ello hipotecó su patrimonio. De él heredo ese ideal de seguir creando empresa, industria, aunque ahora analizando más la inversión y cada sector. Hemos aprendido muchísimo e intentaremos no arruinarnos tanto.

-Las energías renovables os habrán dado un fuerte empuje últimamente...
-Lo dio, pero desde hace año y medio, con la crisis económica, el sector está muy parado, aunque no nos ha ido mal. En EEUU teníamos pensado abrir una planta de ensamblaje para vender en México y América del Norte, pero la falta de financiación ha hecho que el proyecto se quede aparcado hasta que remonte la crisis económica o encontremos un socio. En España, durante cuatro o cinco años trabajamos mucho para suministrar radiadores a los fabricantes de transformadores para plantas fotovoltaicas y eólicas, cuyos promotores corrían mucho porque iba a cambiar el sistema de primas.

-Circula por ahí este dicho: todo empresario sevillano tiene un bar. Ustedes han abierto un restaurante, La despensa...
-[Ríe] Es algo fortuito, aunque no descartamos algo más en restauración con miras a diversificar los negocios.

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