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Cofradías

Sí vale

La opinión de Carlos García Lara

el 23 feb 2015 / 10:31 h.

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Casi siempre he defendido la labor de este Consejo de Cofradías al que algunos tachan de muchas cosas: que si no está legitimado, que si inacción, que si guerras internas, etc… Evidentemente en una institución de este tipo, donde los consejeros o delegados representan los intereses de sus respectivas cofradías, es lógico que haya diferencias. Faltaría más. Si no, estaríamos ante una pradera donde unos borreguitos pastarían plácidamente. Pero sigo insistiendo en que han sido valientes a la hora de adoptar determinadas decisiones, muchas de éstas de gran calado. Y, lógicamente, también se equivocan, como cualquier ser humano, junta de gobierno o representante de la Iglesia. También es necesario tener en cuenta una cosa. El Consejo actual es la culminación de un proyecto a medio-largo plazo iniciado por Adolfo Arenas que se continuó tras su marcha, con algunas bajas y otras incorporaciones. Pero la base del programa era la misma: modernizar la institución y mejorar nuestra Semana Santa. Insisto, en nuestra mente quedan algunos fiascos que en esta ciudad cobran una magnitud inusitada, pero quien no hace nada seguro que jamás se equivoca. Ha logrado renovar los estatutos (algo que ya se intentó hace mucho), casi nada; ha reducido los gastos de funcionamiento del propio organismo cofradiero gracias a la labor de su tesorero, Tomás Vega; ha modernizado la gestión de la sillas y los palcos, incluyendo la renovación y el pago por vía telemática; ha dado participación a la juventud cofrade; ha dotado a la Carrera Oficial de un plan de autoprotección que le confiere mayor seguridad; ha puesto más recursos a disposición de las hermandades de Gloria, a algunas de las cuales ha salvado de desaparecer; y ha conseguido que las cofradías de casi todas las jornadas se pongan de acuerdo para reordenar los tiempos de paso por Carrera, con lo que el famoso conteo ha servido al final para algo. Todo ello a pesar de la crisis y de alguna que otra normativa de la Iglesia que no ha ayudado mucho al organismo cofradiero ni a las propias hermandades. Quedan aún otras cuestiones sobre la mesa, pero es que no son nada fáciles de resolver. Y a las puertas llaman las nuevas Normas Diocesanas, esas que nos van a dar alguna que otra sorpresa.

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