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Si ves algo, di algo (y fotografíalo)

el 30 oct 2012 / 15:52 h.

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El Hotel de Londres, donde sucedieron los hechos.

La consigna de seguridad ciudadana que sucedió a los atentados del 11-S (If you see something, say something) tuvo un extraordinario eco entre la ciudadanía neoyorkina. Si ves algo -una mochila abandonada, un bulto en la papelera, un tipo de aire sospechoso-, dilo. Un servicio de emergencia de 24 horas recoge a diario miles de llamadas alertando de peligros ciertos o probables. En la noche del pasado lunes, con la llegada del huracán Sandy, la gente de a pie vio muchas cosas y, al tiempo que se ponía a cubierto, se apresuraba a llamar, twittear, fotografiar y postear, porque si vivir es importante, también lo es vivir para contarlo. 10.000 llamadas cada media hora, según información facilitada por el alcalde Bloomberg, parecen una cifra bastante elocuente.

En un lugar donde no se concibe una comida sin fotografiar antes el plato, y donde hay padres que consignan en internet cada minuto de vida de sus bebes, un huracán es un modelo irresistible. Las imágenes mas impactantes las ofrecio la zona baja de la ciudad, buena parte de la cual quedo anegada por la crecida de los ríos Hudson y East River, que confluyen en la zona conocida como Battery Park. Casi dos millones de personas sufrieron cortes de luz en el bajo Manhattan y en Brooklyn, ofreciendo el excepcional espectáculo de un eclipse parcial en la ciudad que nunca duerme y nunca se apaga. Nueva Jersey, afectada también por los apagones, quedaba iluminada por una formidable tormenta eléctrica que se abatio durante horas sobre sus edificios a oscuras. "Llevo décadas viviendo aquí, y nunca, jamas, he visto esos edificios sin luz", comentaba una vecina desde la otra orilla del Hudson, mientras las aceras se cubrían rápidamente de hojas de los arboles sacudidos.

Haciendo gala de unos modales imperdonables en una ciudad que detesta la impuntualidad, Sandy se hizo esperar. Se esperaba que entrara en la costa neoyorkina sobre las seis, pero demoro hasta pasadas las ocho, se enfureció hacia las diez, y no alcanzo su apogeo hasta la medianoche. Los periodistas que hasta entonces habían rellenado los informativos de televisión con imágenes de chubascos intermitentes y gente paseando temerariamente por los malecones empezaron a mojarse de veras, de rodillas para arriba. No obstante, la bajada de las aguas, que en algunos puntos alcanzó los cuatro metros de altura, restó gravedad a la situación cuando ya las autoridades habían declarado Nueva York zona catastrófica. La noticia de que la cifra de muertos subía de la decena en todo el estado, la mayoría por caídas de arboles, acabo de convencer al pueblo de que tal vez era mejor quedarse en casa. Las calles quedaron al fin desiertas, barridas por fuertes vientos que hacían cabecear violentamente a los semáforos y tiritar a los andamios que cubren cientos de fachadas por todo Manhattan.

A salvo en sus hogares, los estadounidenses del este vivieron una larga noche en las miradas pasaban alternativamente de las ventanas a la calle a las ventanas televisivas y a internet. Si ves algo, di algo: una fachada entera que se desploma en Chelsea, un tiburón sobrenadando el porche de una vivienda en Nueva Jersey, cientos de pacientes evacuados de varios hospitales, un incendio que arrasa un edificio en Queens, alerta roja en dos centrales nucleares, el hundimiento de la Bounty, lo real y lo inverosímil, la noticia y la leyenda urbana, se trenzan hasta alcanzar rango de alucinacion. "Mucho ruido y pocas nueces", reniega un vecino del Upper West Side -desde donde escribe este periodista, después de ser desalojado de la zona A-, mientras se pelea con su mando a distancia. "Siempre lo pintan todo mucho mas grave de lo que es, para que la gente no se confie. Pero además estamos en periodo de elecciones, y ningún candidato quiere jugársela como Bush, que perdió por no intervenir a tiempo en Nueva Orleans".

Los analistas creen, sin embargo, que la campana que enfrenta a Romney y Obama ha quedado truncada por la abultada cifra de fallecidos, los millones de dólares en daños materiales y las dificultades que presentara la reparación de los desperfectos provocados por las inundaciones y el temporal. "Se acabó", asegura la influyente periodista Rachel Maddow, de la cadena MSNBC. "La tormenta ha atrapado la atención del publico, ya nadie hablará de una campaña en la que, por cierto, nadie ha hablado de cambio climático".

A la mañana siguiente, vuelve aparentemente la calma, por mas que las bocas de metro sigan luciendo precintos, el transporte público permanezca suspendido y la cifra de vuelos cancelados prevista para hoy supere los 5.000. El sol asoma tímidamente en medio de un macizo de nubes. El aire que silba por las calles podría ser un soplo invernal cualquiera, y solo las hojas, ramas, papeleras y expendedores de periódicos derribados por doquier verifican el paso de Sandy por la ciudad de los rascacielos. Por lo demás, el paisaje habitual de atletas amateur y paseadores de perros, todos ellos, eso si, pertrechados de cámaras fotográficas.

Por todas partes, con móviles, con cámaras, con tabletas, la gente se arremolina para tomar instantáneas. En las inmediaciones de Central Park, clausurado hasta nuevo aviso, un tronco de notables dimensiones ha caído sobre un corpulento 4x4 y lo ha planchado como si fuera de papel. "Tenías que haber oído como sonaba anoche el crujido de los arboles en varias manzanas alrededor del parque. Era como la banda sonora de una película de miedo ", asegura, excitado, un paseante. Unas calles al oeste, la descomposición de un andamiaje ha aplastado también un vehiculo, y de la luna delantera asoman unas aterradoras vigas de madera. En la esquina de la 87 con Broadway, diseminadas por todas partes, planchas de aluminio que nadie quiere imaginar volando, llevadas y traídas por vientos de más de 100 kilometros hora. Ahora que el peligro parece haber pasado, los ciudadanos no se conforman con evaluar los daños: quieren quedarse con su pedazo de Sandy, llevárselo a casa.

Pero, ¿ha pasado el peligro? Para esta tarde, noche en el horario español, se teme que la subida de las mareas vuelva a hacer de las suyas, y aunque la fuerza del aire se haya atenuado seguirá azotando la costa Este al menos hasta el viernes. Por si acaso, las autoridades no se cansan de recomendar que se extremen las precauciones, que quienes sigan teniendo luz se aseguren de tener cargados sus teléfonos, y por supuesto sus cámaras. A veces, hacer fotos puede ser también una forma de domar el peligro y conjurar el miedo.

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