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Siete años de cárcel para un discapacitado por abusar de una menor en su casa de La Oliva

Sebastián L.M. deberá indemnizar con 40.000 euros a la víctima de la que abusó durante cinco años.

el 03 abr 2014 / 15:37 h.

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La Audiencia Provincial de Sevilla ha condenado a siete años y  medio de cárcel a un hombre con esquizofrenia y discapacidad  intelectual que oscila entre el retraso mental leve y la inteligencia  límite o borderline por abusar sexualmente durante un lustro de una  menor de seis años de edad en su vivienda de la barriada sevillana de  La Oliva. En la sentencia, a la que ha tenido acceso Europa Press, la  Sección Cuarta de la Audiencia condena al acusado, Sebastián L.M., a  siete años y medio de prisión y al pago de una indemnización de  40.000 euros por un delito continuado de abusos sexuales con  penetración con la atenuante de anomalía mental. Según el fallo, el acusado, de 37 años de edad, mantenía una  relación cuasi familiar con la víctima, pues su madre era hijastra  del padre de la menor, de modo que "pese a la notable diferencia de  edad" entre ambos y a la inexistencia de cualquier vínculo biológico  o jurídico entre ellos, la menor se refería al imputado como "su  sobrino". Esta "peculiar" relación dio lugar a que, entre los años 2003 y  2007, es decir, entre los seis y diez años de edad, la menor visitase  con frecuencia el domicilio en el que vivía el acusado junto con su  madre en la barriada de La Oliva, "en no pocas ocasiones buscando  refugio de la situación de abandono y maltrato que vivía en su propia  casa". Con ocasión de estas visitas, y aprovechando ausencias temporales  de su madre, el procesado realizó tocamientos lascivos a la menor en  sus pechos y genitales y la penetró vaginalmente tres o cuatro veces,  concluyendo estos hechos cuando la afectada dejó de frecuentar el  piso del imputado. Esto último ocurrió unos meses antes de que la Junta declarase la  situación legal de desamparo de la menor y de seis de sus hermanos y  la constituyera en acogimiento residencial, descubriéndose los hechos  a finales de 2009, cuando la afectada los reveló a una educadora del  centro en que se encontraba acogida. La Audiencia subraya que el acusado presenta una discapacidad  intelectual que, "sin impedirle comprender la licitud o ilicitud de  sus actos, le dificulta ligeramente el control de sus impulsos". Asegura que los hechos han quedado acreditados "en lo fundamental"  por la declaración de la menor practicada en la fase de instrucción y  que fue reproducida en el juicio mediante la visualización y escucha  "ciertamente dificultosa pero inteligible" de la grabación íntegra de  dicha declaración. El tribunal señala que, en esta grabación, se aprecia que la menor  narra los abusos sufridos "con serenidad, firmeza y relativa riqueza  de detalles, pese al tiempo transcurrido y a su edad infantil cuando  sucedieron los hechos", imputando "concretamente repetidos  tocamientos en sus zonas erógenas --pechos y genitales-- y  penetraciones vaginales a la persona a quien se refiere como su  'sobrino' o 'Sebas', que no es otro que el acusado". NARRACION "VERAZ" Y "CONVINCENTE" "Nada en su versión sugiere la reproducción mecánica de un relato  aprendido, apreciándose en cambio la frescura y espontaneidad propias  de una narración veraz", todo lo cual "configura un testimonio  plenamente convincente", a lo que se suma que "no es posible adivinar  ningún móvil espurio que pudiera impulsar a la menor a incriminar  falsamente al acusado". Además, "tampoco cabe achacar esa hipotética animadversión o  motivación torticera a ningún sujeto del entorno familiar que pudiera  haber manipulado a la niña", la cual "llevaba tiempo separada de su  familia y en acogida institucional cuando relató por primera vez los  hechos". El relato de la menor, asimismo, "no carece de corroboraciones  externas", la primera de ellas el examen ginecológico, que reveló  "una desfloración ya antigua en una niña que en el momento del  reconocimiento no había cumplido aún los 13 años", mientras que  "también supone una confirmación objetiva el informe de la psicóloga"  encargada del tratamiento de la afectada. Esta especialista describió "una sintomatología no solo propia de  una situación de maltrato y abandono familiar, como la que  indudablemente sufrió, sino también específica de haber padecido  abusos sexuales", con rasgos tan característicos "como el miedo a la  figura masculina o los recuerdos recurrentes de los episodios  traumáticos". EN UN CENTRO DE ACOGIDA Por último, la directora del centro de acogida describió en su  testimonio "el modo espontáneo, aunque paulatino, en que se produjo  la revelación del abuso", lo cual "sirve para verificar la  persistencia y consistencia de la versión incriminatoria". El tribunal señala que estas corroboraciones externas "podrían  tropezar con el inconveniente de que la menor ha relatado abusos  procedentes de dos personas distintas, la otra juzgada en causa  aparte, lo que permitiría a la defensa aducir que los signos  objetivos indicativos de abuso sexual, y en especial la desfloración,  podrían ser imputables a la acción del otro acusado". Esta línea de defensa "tendría escaso recorrido", ya que peritos y  testigos "están de acuerdo en que la menor diferencia perfectamente  las conductas imputables a uno y otro abusador", dice la Audiencia. Frente a la "consistencia" del testimonio de la menor, la  Audiencia asevera que "no merece crédito" la versión exculpatoria del  acusado y de su madre, los cuales "se limitan a negar que el primero  se quedase nunca a solas con la menor, cosa que con esa rotundidad  parece poco verosímil y que no alcanza a explicar por qué la menor  habría de inventarse algo así".

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