Cultura

Simbiosis perfecta

Crónica del concierto que el Cuarteto Vogler ha ofrecido en Cajasol dentro de su Ciclo de Música de Cámara.

el 11 may 2010 / 21:49 h.

El inusual, y a la postre feliz apaño con el que se ha solventado el presente Ciclo de música de cámara de Cajasol conlleva ahora un parón hasta el mes de octubre. Para cerrar la primera mitad del programa el Cuarteto Vogler trajo del brazo los tres cuartetos que integran el Opus 41 de Robert Schumann, continuando la prólija dedicación del ciclo al compositor alemán con motivo de los fastos de su 200 aniversario.

Toda integral conlleva un doble esfuerzo, por parte del intérprete, obligado a redoblar su prestación para calibrar los matrices entre una pieza y otra del mismo autor, y por parte del oyente, que agradece estos didácticos programas, pero que ha de concentrar su pasión melómana en el estilo y estética de un único creador durante el marco temporal de dos horas.Si hay disposición por ambas partes el resultado puede ser colosal.

Los músicos del Vogler ofrecieron unas lecturas sumamente pulcras pero con un personal punto de aspereza cuando sobrevenían los compases más agitados. Con unos instrumentos de hermosa sonoridad, sin atisbo de tirantez, el conjunto germano puede presumir de maridar análisis y emoción, una simbiosis perfecta que no siempre se da a iguales niveles.Seguro y atractivo el Scherzo del n.1, vigoroso y de tintes trágicos el Finale del n.2 y referencial todo el n.3. Habrá quien les achaque a estos intérpretes un exceso de cerebralismo ante puntuales pasajes. Puede ser. Y va sobre gustos.

Su Schumann tiene muy pocos rivales a día de hoy. Claro que tampoco hay quien les vaya a la zaga en otros repertorios, dígase Hartmann, Reger, Berg y hasta, parcialmente, Beethoven. Por eso las cuatro Fugas mendelssohnianas que abrieron la segunda parte, con su parquedad postbachiana, con su temperamento contrapuntístico, son, sencillamente propiedad única del Vogler.

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