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Sin casas bajo la lluvia

La Unión Romaní trata de paliar las carencias de los asentamientos rumanos.

el 12 mar 2010 / 19:23 h.

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Aunque el cielo amenace con lluvia, un día por semana los trabajadores y voluntarios de la ONG Unión Romaní se citan con los chavales que viven en los asentamientos rumanos de Sevilla para jugar un partido de fútbol.

Es un buen modo de conocerles y mantener el vínculo que permita detectar si van o no al colegio, los problemas que surgen en su día a día y su estado de ánimo. Los chavales se enfundan en los chalequillos de colores y sólo piensan en marcar goles como Messi, el jugador favorito de Elvis, de nueve años, quien asegura que le gusta el Barça e ir al colegio, como cualquier niño de su edad.

El problema de la lluvia no es sólo que chafe el partidillo, sino que a la vuelta a casa se enfrentan a un barrizal. Más de 40 familias rumanas viven en tiendas de campaña, algunas desde hace varios años, en la zona que linda con la ronda de circunvalación que pasa cerca del Charco de la Pava o junto a la entrada de Camas.

"Cuando llueve tanto como estos meses, el absentismo escolar aumenta, porque no es fácil ir a clase cuando tienes los zapatos empapados", alerta José Rodríguez, del área de inmigración de la asociación.

Estos asentamientos sufren constantemente desalojos y, además, en la última semana de febrero, la Policía volvió a echarles de su campamento, esta vez por motivos de seguridad, ya que la crecida del Guadalquivir amenazaba con arrasar sus precarias moradas. La lluvia, y los continuos desalojos dificultan la labor de la Unión Romaní: "Ahora tienen que trasladarse pero los chavales ya están escolarizados en una zona y esto sólo dificulta las cosas".

"La única diferencia entre éstas y otras familias es que no tienen acceso a una vivienda", añade Cele, trabajador del área laboral. Por eso, para intentar paliar las carencias que sufre esta población, el pasado mes de julio de 2009 se firmó el acuerdo entre la Unión Romaní y los centros de atención primaria de Sevilla con el objetivo de priorizar la coordinación en la asistencia sociosanitaria de las personas excluidas, asentadas en zonas geográficas con alto índice de pobreza y marginalidad, algo que ya se hacía sin un marco oficial desde 2007.

Con dos mediadoras rumanas, un trabajador social, un abogado y un equipo de voluntarios a la cabeza, la ONG trata de mejorar las condiciones de los asentamientos. El acuerdo suscrito es especialmente importante dada la situación en que vive la población rumana en estos núcleos chabolistas.

Según explica la Unión Romaní: no tienen agua corriente, lo que dificulta la higiene, y tampoco existen servicios de recogida de basura, por lo que han de acumular en la periferia de las chabolas sus residuos, una cuestión que se agrava en verano debido a las altas temperaturas.

Los trabajadores han centrado esfuerzos en los asentamientos de las orillas del Guadalquivir, para los que los ambulatorios de El Cachorro y Virgen de África son los centros de referencia.

La atención a los menores es prioritaria y han iniciado itinerarios de vacunación, un servicio que ofrece el Servicio Andaluz de Salud y que desconocían en los asentamientos. Gracias a la ONG, 16 chavales han sido vacunados.

La intervención se complementa tratando de conseguir la asistencia sanitaria, algo que está dificultado en ocasiones por la barrera idiomática, por lo que la ONG les acompaña en las citas médicas -más de 70 desde la firma del convenio-, les explican el funcionamiento del sistema y les ayudan a tramitar las tarjetas sanitarias.

En definitiva, la asociación indica que se ha explicado a los usuarios que los centros de salud, y su médico de cabecera, son la puerta de entrada al sistema sanitario, y que desde la atención primaria viene la derivación a los especialistas, evitando que acudan a urgencias por cualquier cuestión, para evitar así el colapso del servicio.

Unión Romaní se enfrenta a los mitos y tabúes con que conviven los asentamientos, además de miedos como la idea de que las bases de datos están conectadas con los servicios policiales o la estructura jerárquica de su sociedad, con roles familiares fuertemente marcados y donde la mujer tiene el papel de cuidadora.

Uno de los temas más espinosos es el referente a la planificación familiar y la prevención de embarazos no deseados, algo prácticamente inexistente en Rumanía, especialmente entre la población gitana, que se enfrenta a la discriminación y segregación.

Los trabajadores de Unión Romaní destacan otras dificultades: "Viven al día, sin horarios ni rutinas pero a poco van adaptándose a las horas de las citas o del colegio, lo que mejora su calidad de vida".

Como ejemplo de la dificultad de seguir una serie de pautas, a veces los desalojos se suceden con rapidez y por el camino "pierden medicación o documentos".

La crisis empeora su situación ya que antes, "con la agricultura tenían algo de trabajo, aunque discontinuo; ahora han tenido que volver a la chatarra". Malos tiempos para vivir en un asentamiento; como la asociación lamenta, quien posee tan poco, lo puede perder todo.

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