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Sin consuelo para tantas Lágrimas

En los Terceros se impuso la sensatez y la cofradía renunció a salir ante un 75% de lluvia.

el 21 abr 2011 / 16:53 h.

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Nazarenos de La Exaltación al resguardo del aguacero. / Paco Cazalla

La coherencia se impuso en la Exaltación. Minutos antes de las cinco y cuarto de la tarde (hora prevista para la salida de la cofradía) el hermano mayor tomaba la palabra para dar la triste y esperada noticia a los hermanos: "Vayan por delante mis disculpas. Pido perdón porque cuando se habla con el corazón, las palabras son torpes y se le atragantan a uno en la garganta. Después de consultar los últimos partes oficiales y no oficiales, todos apuntan a un tiempo no propicio. Ahora hay un claro, pero hasta las ocho de la tarde hay un 90% de probabilidades de precipitaciones y a partir de ahí y hasta las tres de la madrugada se mantiene en un 75%. Como podéis entender con estos porcentajes y con el patrimonio artístico y sentimental es impensable poner una cofradía en la calle".

De inmediato llegó el aplauso y con él, las lágrimas. Nazarenos, costaleros, monaguillos, hermanos... rompieron a llorar. La iglesia de Los Terceros se inundó de lágrimas. Las mismas lágrimas que dan nombre a su dolorosa. No había consuelo para tantas lágrimas. "Un año se pasa liguero, venga ya", trataba un padre de mitigar la pena de su pequeña, que, capirote en mano y con los bolsillos repletos de caramelos, no dejaba de mirar los pasos, con todas las velas encendidas y con un exorno floral muy singular. La dolorosa lucía rosas de Panamá, orquídeas, flores de cera y esqueletium que imitaba al velo de las novias. El nuevo florista había dado un nuevo aire al palio: "Se ha querido dar la sensación de un bouquet de novia", detallaba algo más calmado el hermano mayor, José Manuel Marcos, al que la tromba de agua caída a las seis y media de la tarde le terminaba dando la razón.

Sevilla estaba en alerta amarilla por lluvias. "No podemos poner en riego un patrimonio de cinco siglos, nosotros estamos aquí de paso", dijo Marcos de una manera sensata. Antes de abandonar el templo, los nazarenos vivieron dos momentos muy emotivos con el canto de la salve en memoria de los difuntos y una saeta con la letra del Ave María. El altar de insignias ni se había desmontado. Sólo quedó el consuelo del retranqueo de los pasos (dedicado también a los difuntos) y la visita al templo para ver los pasos.

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