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Sin esperanza de encontrar a Marta

Las tres primeras jornadas de la vista se dedicó al interrogatorio de los acusados que negaron saber dónde está el cuerpo.

el 22 oct 2011 / 20:51 h.

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Una imagen del juicio de Marta del Castillo.

Ninguno de los adultos cuatro acusados rompió su silencio para decir dónde está el cuerpo de Marta del Castillo. Ni siquiera al saber que tras ellos estaba sentado, sin quitarle la mirada, el luchador abuelo de la joven, que escuchó con atención cada palabra que salía de sus bocas esperando un error, un indicio. Nada. La primera semana del juicio, la prevista para los interrogatorios de los procesados, pasó y con ella la esperanza de encontrar a Marta.

Las tres primeras sesiones de juicio del año comenzaron con la amenaza de una posible suspensión. Por un lado, la familia de la joven hizo un nuevo intento desesperado de que se celebre un único juicio por el crimen y evitar que haya dos sentencias. De nuevo, como ya hiciera en el proceso contra el Cuco, planteó al tribunal que elevase una cuestión de inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional (TC) . Pero, una vez más, van tres, fue rechazada por "extemporánea" y porque también veía motivo para plantearla.

El viernes, en cambio, la familia se veía sorprendida por el hecho de que la sentencia del Cuco criticaba esta dualidad, pese a que la propia Sección Tercera ya se lo rechazó en su día. Por otro lado, el abogado de Javier Delgado intentó por enésima vez evitar que su cliente sufriera "la pena de banquillo", solicitando una vez más la nulidad del procesamiento que tanta veces le ha sido denegada y que incluso ha llevado al TC. El resto de peticiones eran más testigos, cuyos testimonios fueron todos rechazados.

Solventadas las cuestiones previas, el martes se reanudaba el juicio con la esperada declaración de Miguel Carcaño. Era la primera vez que escuchamos la voz del autor confeso del crimen. Con un tono de voz sosegado, más bien, inexpresivo se agarró con fuerza a su última versión, en la que contó cómo golpeó a Marta con un cenicero en la sien en el transcurso de una discusión. "Yo no tenía intención de matarla, quería dejar de discutir porque estábamos alterados", dijo a preguntas de su abogada con la clara intención de eludir el delito de asesinato, que implica la intención previa de acabar con la vida de una persona, penado con el doble de años que el homicidio. Marta cayó en el suelo, con algo de sangre, "no mucha", lo que hizo que Miguel se asustara, aunque por su excesiva frialdad resultó poco creíble esa preocupación.

En ese momento, según contó, llegó el Cuco. Bueno, el menor, como lo llamó cada vez que se refería a él, demostrando una vez más falta de naturalidad. Faltaba el tercer protagonista, Samuel Benítez, que llegó al piso de León XIII en un Opel Astra de color granate de un tío suyo. Ahí llegaba la otra parte de la estrategia que Miguel tenía aprendida: librarse de los otros dos años por los delitos de encubrimiento y profanación del cadáver, asegurando que él no sabe nada del paradero del cuerpo porque fueron sus amigos los que se lo llevaron.

Al día siguiente, fue el turno de Samuel, Javier Delgado y María García. El amigo de Carcaño dijo no saber dónde está el cadáver y negó que esa noche pisara "el domicilio de León XIII". Con un tono mucho más contundente que Carcaño, rozando lo desafiante, Samuel se desenvolvió con desparpajo. Es más se apresuraba por explicar por qué en su día confesó, aunque no tuviese nada que ver con la pregunta. El joven insistió que estuvo todo el día en Montequinto, y que tiene testigos que corroboran su coartada.

Javier y María se cubrieron bien la espalda el uno al otro, aunque el hermano de Miguel dejó ver su fuerte carácter con las preguntas de la acusación particular. Javier insistió en que no estaba en el piso y María en que cuando estuvo allí estudiando de madrugada no notó nada raro, más allá de un "olor a fregona sucia de bar".

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