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Sin ideas

Empieza la primera fase de las vacaciones y toca coger las maletas. Los que puedan, puesto que con la crisis serán muchos los que se queden en casa, o quizá solo hagan una escapada relámpago o se instalen con algún familiar o amigos. Nuestros políticos también deberían hacer lo mismo, descansar algo...

el 16 sep 2009 / 05:14 h.

Empieza la primera fase de las vacaciones y toca coger las maletas. Los que puedan, puesto que con la crisis serán muchos los que se queden en casa, o quizá solo hagan una escapada relámpago o se instalen con algún familiar o amigos. Nuestros políticos también deberían hacer lo mismo, descansar algo, aunque a ellos debamos pedirles también que reflexionen sobre él este último curso político que recién termina. Ha sido un año intenso, marcado por una feroz crisis económica, en el que se han celebrado tres elecciones.

Y no han generado ninguna idea que entusiasme a la ciudadanía. Además enfrentaron una crisis de gobierno, y se produjeron algunas dimisiones muy significativas como la del ministro Bermejo o el director del CNI; la justicia puso de manifiesto sus miserias, y se llegó al extremo de realizar una huelga de jueces. Pero ninguna idea nueva surgió de todo esto. Alcaldes y concejales resultaron imputados por corrupción, fueron espiados varios políticos en la Comunidad de Madrid, el presidente Camps quedó bajo sospecha, el tesorero del PP también? y el Sr. Fabra sigue con sus causas abiertas. Y ninguna idea se nos planteó al respecto.

El curso político se nos ha ido en un toma y daca entre políticos; en un "tu más"; y, cuando todo ello falla, en "tu lo hiciste peor". Y en esto hay que decir que el PP se lleva la palma, pues ha convertido su acción política en una permanente campaña de acoso al gobierno y a cuanta institución se le ponga por delante, negando el diálogo y el debate en las cuestiones que más nos atañen. Acosado como está por los casos de presunta corrupción, sin ideas que aportar para solucionar la crisis como no sea la de descalificar cualquier medida del Gobierno, sea cual sea, ha situado a la política en un umbral de mínima categoría.

Y así resulta que el juez Garzón, el fiscal general, el ministro que proceda, o concretos medios de comunicación, han orquestado una campaña para desacreditarlos a todos, por lo que en vez de dar explicaciones a la ciudadanía o tomar medidas se presentan como víctimas. También resulta que no hay crisis en el mundo, solo en España; que ésta crisis no la ha provocado el neoliberalismo propiciado por Bush, sino la incompetencia del presidente del gobierno español. Una estrategia que al PP le ha ido bien, habida cuenta de los resultados obtenidos.

Por su parte, el gobierno también ha renunciado a lanzar ideas, a explicar con fundamentos ideológicos el sentido de las medidas o el proyecto que tiene para el país. Atrapado en la gestión, se siente acosado por la oposición y los medios de comunicación afines, y actúa en demasiadas ocasiones a la defensiva, sin sacar adelante ni cumplir su propia agenda. Parece como si tuviera miedo a declararse socialista y laico, o a hacer valer el patrimonio ideológico de la izquierda en lo que concierne a la igualdad real de todas y todos, a la defensa de unos valores solidarios con los que menos tienen, al compromiso con una economía más redistributiva y respetuosa con el medio ambiente.

Las ideas son el caldo de cultivo de una ciudadanía formada que sabe dónde quiere ir y qué quiere defender. Solo las ideas permiten entender las medidas en un contexto más global. El gobierno debe pasar a la ofensiva ideológica; debe dejar hablar a sus ministras y ministros de algo más que de acciones concretas; debe liberarse de las cadenas de la prudencia que le llevan a no pronunciarse para no molestar. Y a entusiasmar a la ciudadanía para que vea algo más que el debate estéril al que le lleva la oposición.

Rosario Valpuesta es catedrática de Derecho Civil de la Pablo de Olavide.

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