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Cultura

«Sin la hipocresía no existiríamos como especie, viviríamos empapados en sangre»

Albert Boadella trae al Lope de Vega su obra ‘El Pimiento de Verdi’, en la que enfrenta dos maneras de entender la música, la de un Verdi complaciente con el público y la de un Wagner más profundo

el 04 jun 2014 / 22:33 h.

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El dramaturgo Albert Boadella presentó ayer la rueda de prensa su obra ‘El pimiento de Verdi’. / Pepo Herrera El dramaturgo Albert Boadella presentó ayer la rueda de prensa su obra ‘El pimiento de Verdi’. / Pepo Herrera El dramaturgo Albert Boadella estuvo ayer en Sevilla para presentar su obra El Pimiento de Verdi, basada en la contraposición de dos maneras de entender la música, a través de dos grandes genios de los que el año pasado se celebró su bicentenario, Wagner y Verdi. Este espectáculo musical se representará en el Lope de Vega desde hoy hasta el domingo a las 20.30 horas –una menos el último día– a precios de cuatro a 21 euros. En rueda de prensa, el director catalán se confesó fascinado por el mundo de estos dos grandes de la ópera. «Me gusta más Verdi, que era partidario de confortar los gustos del espectador como yo, sin dejar de reconocer el talento de Wagner, que pretendía transformar al público, imponiendo sus gustos al espectador, como le ocurría con la desmesura de la duración de sus óperas». El Pimiento Verdi es el nombre de una taberna restaurante en la que su propietario, gran aficionado a la zarzuela y las óperas de Verdi, organiza una cena homenaje para celebrar el 200 aniversario del nacimiento del compositor italiano. Invita a la velada a una soprano y un tenor que son también asiduos clientes del local. Una vez iniciado el homenaje lírico, otros cantantes presentes en el restaurante muestran explícitamente su desagrado ante la música de Verdi. Los disidentes wagnerianos reclaman homenajear también al compositor alemán cuyo aniversario coincide precisamente con el de Verdi, reivindicando a Wagner como un genio más profundo que el italiano. A partir de aquí, se inicia un rifirrafe musical entre los dos bandos aprovechando fragmentos operísticos de ambos compositores. El tono del enfrentamiento se eleva considerablemente cuando aparece la cuestión nazi-antisemita de Wagner. Aterrado por el ardor de la pugna, el melómano propietario del restaurante induce a ambas partes a convenir una situación de consenso. El resultado pasa por improvisar un típico argumento wagneriano con los personajes más carismáticos de sus óperas, pero expresando las pasiones líricas de las partituras de Verdi. Esta solución a través del consenso es, a juicio de Boadella, la «forma ideal» de terminar estas cuestiones. Preguntado sobre si el consenso es la herramienta para otro tipo de disensos, el dramaturgo hace un alegato en favor de la hipocresía, como forma de alcanzar el consenso. «Si no existiera la hipocresía ya no existiríamos como especie. Hay que tener hipocresía frente a ciertas pasiones o estaríamos empapados en sangre todo el día. Hay que tratar de que a los amantes de la música les guste uno y otro. El talibanismo es muy español, como con los toros, donde solo te puede gustar un torero. A mí me cuesta Wagner, pero me emociona y trato de unificar». Para esta obra, Boadella ha buscado a cantantes que sepan actuar, porque «aunque en España se suele amnistiar a los cantantes que no interpretan bien, yo no estaba dispuesto». Algunos de los fragmentos que cantarán pertenecen a las óperas El Trovador, La Traviata, Rigoletto, Otello, Nabucco, Aida o La fuerza del destino, entre otros. Tampoco esquivará la cercanía de Wagner al régimen nazi: «Sus obras se usaron como una cierta ornamentación del Tercer Reich._No le vamos a culpar de que fuera el único artista que Hitler mencionara, pero ese punto que molesta se aborda». Boadella también se refirió a todos aquellos que ahora llaman radicales a quienes piensan o actúan de forma diferente. «A un artista llamarle provocador no es un insulto, es un elogio; la ignorancia hace decir esas cosas; los artistas han sido siempre así». También se refirió al debate República-Monarquía, mostrándose partidario de mantener la corona en España. «Aquí no me desagrada; fuera tendría que mirar a Francia, que tiene otro tipo de monarquía, que es la monarquía presidencialista; es decir, el presidente de la República Francesa, en el fondo, es también como un rey».

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