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Toros

Sin novedad en el frente

Un inspirado Ponce cortó una oreja en la primera de Colombinas, idéntico premio obtenido un Fandiño falto de fluidez. Los mejores muletazos de la tarde los había firmado Talavante, que había incendiado las redes con sus declaraciones

el 02 ago 2014 / 17:30 h.

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Plaza de toros de La Merced Ganado: Se lidiaron seis toros de los dos hierros de José Luis Pereda, muy bien presentados. El primero fue malo de solemnidad; exigente y temperamental el segundo; noble y algo soso el tercero; muy potable el cuarto; desinflado el quinto y deslucido el sexto. Matadores: Enrique Ponce, de celeste y oro, silencio y oreja tras aviso. Iván Fandiño, de malva y oro, oreja y silencio Alejandro Talavante, de nazareno y oro, palmas y silencio. Incidencias: La plaza registró media entrada en tarde fresca y ventosa. talavanteLa tarde se había incendiado en los mentideros taurinos con las explosivas declaraciones tuiteras de Alejandro Talavante, que dinamitó sin contemplaciones las ruinas del famoso G-5 repartiendo estopa a tirios y troyanos para salvar de la quema a Miguel Ángel Perera. Después de despacharse agusto en esta extraña temporada en la que ha probado los riesgos y los sinsabores de esa independencia que le susurraron a oido, tenía que salir en la primera de las Colombinas de Huelva a demostrar que el calentón verbal estaba justificado. El caso es que Alejandro Talavante se expresó y reveló sus nuevos registros -no sabemos si serán los definitivos- con un tercero de noble condición y temperamento un punto soso que le permitió torear templado y sedoso, especialmente con esa mano izquierda que lo metió en el gran circuito hace ya casi dos lustros. La faena estuvo presidida por una cadencia casi musical y los muletazos brotaron con temple líquido: unas veces con el compás abierto; otras a pies juntos pero siempre con una cadencia y una calidad que certificarían que hay que contar con el extremeño. La espada se atascó en dos pinchazos y una estocada trasera y le impidió cortar el trofeoque se había ganado con la muleta. Aún tenía enchiquerado el sexto, que tardó un mes en salir. Talavante lo mimó en dos o tres verónicas y en un par de chicuelinas aladas. El toro se frenó en el último tercio e impidió a Alejandro, al que no le faltó entrega, materializar los buenos planteamientos que se estrellaron siempre con las remisas embestidas de un animal que no permitió redondear la tarde. Ponce no pudo hacer nada con el primero, un buen mozo castaño que no dio ningunas opciones y que, con mucho, fue el peor del envío de José Luis Pereda. El peligro sordo, la cara por las nubes y su pésima condición impidieron cualquier lucimiento. Le quedaba el cuarto, que apretó en banderillas aunque se apresuró a brindarlo al público. Algo debió verle. La faena comenzó a tomar forma por el lado izquierdo en muletazos de creciente acople y ajuste a los que siguió una compuesta serie diestra que, sin solución de continuidad, fue ligada a otra tanda de naturales y a la definitiva explosión por redondos que metió al personal en la canasta. El valenciano había logrado romper la tarde y aún se explayó en una postrera serie diestra y en nuevos naturales relajados, dichos de uno en uno, y tres sensacionales cambios de mano. Un pinchazo precedió a la estocada definitiva que puso en sus manos una oreja. El segundo espada del cartel era el vasco Iván Fandiño, eternamente subido a ese trampolín desde el que pretende saltar a una primera fila que aún anda resistiéndose. No terminó de entenderse del todo con el duro y temperamental ejemplar que saltó al ruedo de la plaza de La Merced en segundo lugar derribando estrepitosamente al picador y apretando a los banderilleros. La faena, de más a menos, parecía haber roto en una serie reunida y entregada pero los siguientes muletazos no tuvieron la misma intensidad ni idéntico acople. El toro era un auténtico tejón que tampoco le puso las cosas fáciles aunque el público quiso premiar sus esfuerzos con una oreja de circunstancias. Con el quinto se templó a la verónica en lances de trazo elegante. Brindó al personal y se lo sacó a los medios para iniciar su faena con muletazos de buen trazo pero el animal, pese a su breve nobleza y su tranco inicial -muy en Núñez- le faltó humillar un poquito más. Además duró poquísimo y echó el freno de mano antes de tiempo diluyendo el pulso de la faena. La espada tampoco funcionó pronto ni bien.

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