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Sin temor a la hora del rancho

Una veintena de jóvenes andaluces disfrutan estos días de un campamento de verano en Cazorla. Conviven, juegan, practican deporte y comen juntos cinco veces al día. Esto último es su principal logro porque sufren anorexia o bulimia.

el 16 sep 2009 / 07:14 h.

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Una veintena de jóvenes andaluces disfrutan estos días de un campamento de verano en Cazorla. Conviven, juegan, practican deporte y comen juntos cinco veces al día. Esto último es su principal logro porque sufren anorexia o bulimia.

A los tradicionales monitores y animadores socioculturales se unen en este campamento nutricionistas, psicólogos y trabajadores sociales que atienden en todo momento a los 22 jóvenes de 14 a 32 años (21 chicas y un chico) que participan hasta el lunes en este campamento terapéutico. Lo organiza desde hace una década, con el apoyo económico del Instituto Andaluz de la Juventud, la Asociación en defensa de la atención a la anorexia nerviosa y la bulimia (Adaner), con sede en Granada pero que actúa en el ámbito regional y es pionera en este tipo de actividades.

El presidente de Adaner, Eduardo Oglaré, explica que entre los participantes hay jóvenes en todos los estadios de la enfermedad, desde aquellos que están ingresados en el hospital y han salido para participar en él a los que ya están en hospitales de día o en tratamiento ambulatorio. "Hay chicos que en su día vinieron como pacientes y hoy están como voluntarios para ayudar a otros", señala Oglaré. Para su participación, es necesario que su terapeuta emita un informe favorable que lo recomiende.

Como en cualquier otro campamento, las actividades están programadas de la mañana a la noche y se hacen cinco comidas al día: el desayuno, una fruta o zumo a media mañana, el almuerzo con dos platos y postre, la merienda y la cena. El menú es elaborado por nutricionistas especializados en trastornos alimentarios en función del gasto calórico que han supuesto las actividades del día. Los nutricionistas están a disposición de los jóvenes para explicarles la importancia de ingerir ciertos productos y desterrar falsos miedos que "tienen arraigados en el subconsciente y les llevan a rechazar algún alimento".

Oglaré destaca la importancia de que el menú sea igual para todos, los participantes y el personal del campamento, y que las comidas se hagan en grupo. "Así ven que lo que están comiendo es lo normal", subraya.

A la hora del rancho "no suelen darse situaciones extremas pero sí a lo mejor agobios porque un producto lo han ido desechando y se resisten. Entonces se saca del comedor a esa persona, los nutricionistas y psicólogos hablan con ella y regresan con normalidad", explica el presidente de Adaner.

Entre las actividades recreativas, junto a deportes como el piragüismo o el tiro con arco, talleres de manualidades y veladas nocturnas, se incluyen algunas con fines terapéuticos como expresión corporal mediante el baile o el teatro para mostrar y aceptar su cuerpo y ejercicios de autoestima ya que "la baja autoestima es parte del problema de los trastornos alimentarios".

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