Economía

Sindicalismo del ayer y el mañana

Cuatro históricos recuerdan la gestación del sindicato regional

el 08 ene 2010 / 21:03 h.

Pepe Romero, Isidoro Romero de la Osa, Enrique Gómez y Enrique Martínez Lagares ayer, en la sede de UGT-Andalucía.

Mucho han cambiado los sindicatos desde los últimos años de la dictadura franquista y la Transición hasta ahora, alentados fundamentalmente por la vorágine de transformaciones que ha vivido la sociedad española en tres décadas. Hay quien dice que la lucha de entonces nada tiene que ver con la actual, aunque otros recuerdan que antes el blanco al que atacar estaba claro. Una de las organizaciones sindicales con más peso específico en la región, UGT-Andalucía, cumple la próxima semana 30 años.

El camino antes de su constitución y el recorrido desde entonces no han sido sencillos. Hoy día es difícil ver que decisiones políticas e incluso empresariales no tengan en cuenta la voz de los sindicatos y, por ende, la de los ugetistas andaluces. Entre ellos están Enrique Martínez Lagares, Isidoro Romero de la Osa, Enrique Gómez y Pepe Romero, algunos de los artífices de que la organización que hoy dirige Manuel Pastrana arrancara en tiempos revueltos, en los que tomar una decisión a tiempo era una victoria.

"La UGT nunca ha desaparecido de Andalucía; tuvo presencia en la Guerra Civil y después de la misma, aunque la militancia activa se desarrollaba en Toulouse. Tanto Isidoro como yo somos testigos por nuestros padres", recuerda Pepe Romero, que asegura que la reconstitución "seria" del sindicato en Andalucía comenzó a partir de los años 60. "En todas las provincias comienzan a surgir personas que serían claves en la conformación del sindicato, como Tomás Seisdedos en Huelva, Nono Amate en Almería, Rafael Román en Cádiz , Emilio Fernández Cruz en Córdoba y, en Jaén, Cándido Méndez padre y después su hijo, además de José María Gómez, que fue fundamental en este proceso", señala este sindicalista que sufrió la cárcel de la dictadura, en el 69.

Reconoce Romero que no fue hasta la legalización del sindicato cuando comenzó a plantearse desde las uniones provinciales la necesidad de impulsar UGT-Andalucía. "Era secretario general de Sevilla y me marché al confederal, y desde allí ayudé a llevar este proyecto, esta ilusión, a cabo, pero en Madrid se veía con recelo esta constitución". Y es que entonces se imponía la consolidación de las federaciones de Industria y no se sabía si la constitución de las territoriales iría en detrimento de esta apuesta. Nicolás Redondo, por ejemplo, apoyaba lo primero. "Nosotros, sin embargo, creíamos que, si bien con la estructura del Estado de entonces las territoriales no tenían sentido, en el futuro sí serían imprescindibles para la interlocución con las comunidades".

Todos coinciden en que el parto fue complicado y en que, aunque tuvo lugar en 1980, mucho antes se sucedieron muchas reuniones en Antequera para dilucidar lo que después sería UGT-Andalucía.

"A veces tiene uno la sensación de que hay gente que cree que la UGT empezó ayer y no veas si han pasado años", destaca Romero de la Osa. "¡Pero si yo entré en 1973, en sanidad, y estaba perfectamente formado!", insiste Gómez.

En los inicios, los recelos desde Madrid llegaron incluso a la petición de que "no nos moviéramos mucho". "Y es que hay una cuestión que se repite una y otra vez, el temor de pérdida de poder de un lado y otro y ése es precisamente uno de los retos fundamentales del sindicato", señala Romero de la Osa. "Reconozco que a mí me dio miedo ese cambio estructural y también a las confrontaciones que de la variación de modelo pudieran surgir, aunque se acabaron en el XXX Congreso", precisa Enrique Gómez.

Todos se miran. Si hay un momento para la memoria es éste. Viendo sus caras, está claro que ese congreso marcó un antes y un después para los ugetistas españoles. "Fue el primero desde la Guerra Civil dentro de España, porque los anteriores con Franco se habían celebrado en Toulouse y París. Uno de los celebrados en la primera de las ciudades francesas acabó hasta a empujones, porque vino un representante del sindicato de Israel y nosotros, que éramos pro palestinos, lo abucheamos. No veas cómo se pusieron los del País Vasco, entre ellos el padre de Patxi López", recuerda Pepe Romero.

Volviendo a aquel Congreso, unas de las cuestiones a discutir era la tesis del sindicato frente al partido. Y es que la unión de UGT y el PSOE era grande y había que tratar la compatibilidad de cargos. "La Policía nos reñía para que cantáramos la Internacional bajito", subraya Gómez. "No se recuerda ningún Congreso como aquél. En una asamblea en los Salesianos de Triana se eligieron los delegados que iban, pero hay que tener en cuenta que aquello fue tolerado, pero no legal, porque los sindicatos fueron legalizados en víspera del Primero de Mayo de 1977, más tarde incluso que el PCE", cuenta Pepe Romero.

Enrique Martínez Lagares tiene recuerdos de la entrada en escena de personas que luego pasarían a formar parte de la historia de España en el terreno político, como Felipe González, Alfonso Guerra o Rafael Escuredo. "Entré en 1965 en Uralita y al año siguiente, forzado por las circunstancias, me presenté a las elecciones por el sindicato vertical. Entonces iniciamos los contactos con el despacho de abogados al que ellos pertenecían. Fue Felipe quien vio la necesidad de reunirse con los históricos". Martínez Lagares sustituyó a Romero al frente de UGT-Sevilla y a él le tocó vivir el 23-F. "Estaba en la lista de los ajusticiados si el golpe salía bien", rememora.

Su papel en el sindicato, asegura, era mantener la fuerza que hasta entonces tenía UGT de Sevilla a nivel nacional y perdurar en su autonomía respecto al PSOE. "El partido tenía un concepto instrumental de UGT, y nosotros manteníamos que el sindicato tenía su propio papel en la sociedad", recuerda Romero.

Otro de los planteamientos que tenía a principios de los 80 el sindicato en Andalucía era la unidad de acción con CCOO. La primera asamblea en este sentido fue en 1978. "Cuando se enteró Nicolás Redondo puso el grito en el cielo, aunque luego se ha visto que ésa era la mejor manera", apunta Martínez Lagares.

Hubo un momento en que el sindicato necesitó crecer, incluyendo a trabajadores que no defendían la misma ideología "Entonces propusieron echarme a mí, que era partidario de esta estrategia", destaca Pepe Romero, que asegura que "en estos 30 años, UGT-Andalucía ha pasado de ser una entelequia a una organización enorme".

"En este sindicato se puede presumir de honestidad, de actitud democrática, de ser de izquierdas desde la posición de la generosidad y la honradez", concluye Martínez Lagares.

Enrique Gómez, resume cómo ha cambiado el sindicato estos años. "En las dos primeras Ejecutivas no había mujeres, ahora son el 50%. Además, hay 35.000 afiliados de menos de 30 años y el 40% son mujeres, lo que demuestra que UGT ha sabido actuar y sobre todo estar con los problemas de la gente".

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