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Sobresaliente con ‘peros’

Los turistas, satisfechos con su estancia, critican los horarios y el transporte público.

el 08 ago 2011 / 21:31 h.

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Una pareja de turistas consulta una guía sentada en un escalón de piedra cercano a la Catedral de Sevilla.

Son unos valientes, o al menos ellos se ven así. Hacer turismo por Sevilla en pleno mes de agosto y con alerta amarilla tiene su punto de arrojo. "¿Alerta amarilla? ¿Más calor todavía?" , se sorprenden algunos turistas, terminando la respuesta con un resoplido. Pero como dice el refranero, sarna con gusto... Pues exactamente eso, porque ellos están encantados.

Así lo recogía el domingo un estudio de la Universidad de Sevilla y el Observatorio de Turismo, que concluía que los turistas le otorgan a la ciudad una nota de sobresaliente, de 4,78 puntos sobre un máximo de 5, y que la inmensa mayoría, 9 de cada 10, recomendaría a sus familiares y conocidos que la visitaran. Dos expertas en la materia también lo confirman.

"Muchos vienen porque sus amigos se lo han recomendado", coinciden Ana López, guía turística de la ciudad, y su compañera Carla Rodríguez, mientras esperan a que su grupo de unos 30 visitantes, dispersos por la Plaza de España, se acerquen al punto de encuentro. Según Ana, el otro gran gancho para atraer visitantes es "la publicidad", las campañas de promoción con imágenes que entran por los ojos. Lo mejor es que cuando llegan, descubren que no hay trampa ni cartón y, según la guía, "se van satisfechos, les encanta".

Así, encantada, está Asunción Trueba. Llegó desde Santander la semana pasada para pasar siete días en la ciudad, bastantes más que los que pasan muchos de los visitantes que llegan a Sevilla. Aunque sobre este dato, la duración de la estancia de los visitantes, las cifras difieren.

Según el Observatorio de Turismo, en el segundo trimestre del año, que coincide con la Semana Santa y la Feria, se quedan en Sevilla una media de cuatro días. Pero Santiago Padilla, gerente de la Asociación de Hoteleros de Sevilla , asegura que dicha cifra debe ser "un error". "No llegamos a los dos días", explica. En concreto, la media del primer semestre es de 1,82 días y la batalla pendiente del sector turístico de la ciudad es aumentarla hasta dos. "La cifra de cuatro días es una barbaridad, no me cuadra", asegura. Desde el observatorio, por su parte, afirman que la media sube a cuatro días por las estancias en "establecimientos no regulados", es decir, segundas residencias, campings o casas de familiares.

Asunción, en cualquier caso, rompe las estadísticas con sus siete días de estancia. Si tiene que elegir su rincón favorito de la capital, lo tiene claro: "La Giralda nos ha encantado, es preciosa, igual que la Catedral". Otra de sus atracciones preferidas ha sido un paseo en un coche de caballos por la noche. Para Emilio Rodríguez, natural de Madrid, y que ha venido a pasar cuatro días con su pareja y su hija pequeña, lo que más le ha gustado ha sido la Plaza de España, "sin duda".

Pero también hay quejas, claro, aunque la más común es la más difícil de solucionar: el calor. "Las primeras noches nos costó conciliar el sueño", cuenta Asunción, que admite que en las horas de más calor, especialmente después del almuerzo, prefiere quedarse en el hotel. A otros turistas, procedentes del norte como Asunción, de Bilbao, también les cuesta. Es el caso de Aitor, Amaia, Naiara y Ander, cuatro veinteañeros que después de pasar por Sevilla recorrerán durante el mes de agosto la costa andaluza, desde Huelva hasta Almería. "El calor lo soportamos con mucha agua", cuenta Aitor, que admite que recomendará a sus conocidos que vengan a la ciudad "pero no en agosto".

Además de las altas temperaturas, hay otras quejas que sí tienen remedio. Emilio cuenta que le llama la atención el horario de los comercios: "Me sorprende que a las siete de la tarde haya tantas tiendas cerradas y que los domigos no abran ni siquiera las más cercanas a lugares turísticos", cuenta. Gerald Griffith, empleado de la empresa de autobuses turísticos, dice que el horario de los comercios es una queja habitual, junto a los bonos del transporte público: "En Madrid o Barcelona hay un bono que sirve para el metro, el autobús y el tranvía; aquí tienen que pagarlo por separado". Y un asunto más: los restaurantes: "Muchos dicen que en el Centro son muy caros en relación calidad-precio. Al de aquí le funciona porque sabe dónde tiene que ir", explica.

Quizá sólo falta poner remedio a estos problemas para que la calificación de los turistas pase del sobresaliente a una flamante matrícula de honor.

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