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Sombras chinescas

A la sombra de un poderoso magnate ya fallecido, una matriarca de 80 años y sus tres hijos están enzarzados en una agria disputa dinástica. Un verdadero culebrón, fascinante para muchos de los perplejos ciudadanos de Hong Kong.

el 15 sep 2009 / 05:10 h.

A la sombra de un poderoso magnate ya fallecido, una matriarca de 80 años y sus tres hijos están enzarzados en una agria disputa dinástica. Un verdadero culebrón, fascinante para muchos de los perplejos ciudadanos de Hong Kong. Una historia en la que no falta ningún ingrediente. Ambición, dinero, poder, luchas de familia, insinuaciones de adulterios, enfermedades imprevistas, médicos, abogados, jueces, medios de comunicación. La controversia del clan Kwok, un imperio inmobiliario cuya fortuna se estima en unos 20.000 millones de dólares, sirve de polémico mar de fondo en ese trozo singular de la China contemporánea. Un punto casi diminuto en el mapa de Asia, cuya importancia global puede intuirse en su condición de tercer mercado mundial de compraventa de obras de arte. El mismo escenario en el que David Webb, un antiguo banquero de inversiones y conocido activista en el mundo corporativo de las grandes compañías, acaba de dimitir como vocal del Consejo de la Bolsa de Hong Kong. Una renuncia, en la gestora del mayor mercado bursátil de toda Asia, que ha justificado por la excesiva ingerencia del Gobierno chino y sus funcionarios en el mundo empresarial de la antigua colonia británica.

Hace pocos días, el número dos de la "región administrativa especial", la denominación para Hong Kong del Gobierno chino, visitaba París. En unas declaraciones al diario Le Monde, Henry Tang, presionado por los Juegos Olímpicos de Beijing y las recientes revueltas en el Tíbet, se enrocaba en la defensa de la exitosa autonomía política y económica de dicha "región administrativa especial". Tang no dudaba a la hora de reivindicar la bondad de la competencia económica, la libertad y seguridad jurídica de las inversiones extranjeras, el respeto a la independencia y transparencia de un sistema legal basado en el "rule of law" británico. Un alto funcionario con un escrupuloso respeto al espíritu del acuerdo de 1997. La entrega de la colonia por parte del Gobierno británico, basada en un principio que se llamó "one country two systems", un país dos sistemas. Una fórmula que perseguía una relativa independencia económica y política, en un marco de garantías jurídicas para las operaciones mercantiles internacionales, junto con la inapelable realidad del régimen comunista chino.

Un régimen convertido en un cubo de rubik ideológico. La resonancia de una arrolladora Shangai, del propio Hong Kong, la vehemencia de las impactantes obras olímpicas, culebrones como el de la familia Kwok, conflictos por los derechos humanos como el de Tíbet. Hechos que se suman a esa realidad nacional oculta, que ahora empieza a sospecharse tras las tragedias humanas sobrevenidas por desastres naturales. La miseria unida al rostro humano de las miles de víctimas mortales, de desaparecidos, de evacuados. China corre el riesgo de convertirse en una tragicomedia de dimensión universal. Un juego de sombras chinescas por el que inquietarse.

Abogado

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