Economía

«Son ya cinco planes andaluces de modernización y seguimos igual»

El presidente de la patronal agraria Asaja de Andalucía, Ricardo Serra Arias, considera que el campo aún tiene mucho que decir en creación de riqueza y empleo y clama por un equilibrio de precios.

el 05 sep 2010 / 19:16 h.

Ricardo Serra, en las oficinas de la patronal agraria Asaja de Sevilla, ubicadas en la Avenida San Francisco Javier.

-Siempre se han quejado los agricultores de ser los grandes olvidados de la crisis. ¿Aún es así?
-Sí. No hay un interés por parte de las administraciones, aunque se acaba de producir un hecho insólito: el presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, ha propuesto entre sus medidas para salir de la crisis el refuerzo inversor del plan forestal, algo que nosotros reclamábamos desde hace ya dos años como vía para generar riqueza y empleo.

-Todo un gesto hacia el agro.
-Lo es. Sin embargo, hay que abandonar la política de gestos, puesto que lo único que consigue es la desidia de los agricultores. Lo que realmente hace falta es generar la complicidad entre lo público y lo privado para salir adelante, hablar con franqueza y no vender motos. No sé si vamos por el cuarto o quinto plan de modernización de la agricultura regional y, en cambio, aún estamos como estamos, igual, en crisis.

-Entonces, ¿cuál puede ser la aportación del campo para salir de la crisis económica?
-El Nobel de Economía Joseph Stiglitz pronunció en Sevilla una conferencia donde dijo que cada territorio debe aprovechar sus potencialidades y centrar sus esfuerzos en ellas, y para el caso de Andalucía habló específicamente de la producción agroalimentaria y el turismo. Ahí está la clave de la contribución. Su refuerzo no resta a otros sectores, como es el de las nuevas tecnologías.

-En la especulación sobre los precios agrarios, los intermediarios acusan a las grandes superficies, éstas a aquéllos y ustedes, a unos y a otros.
-El mercado es libre, pero se ha creado un oligopolio que, con poder dominante, fija precios incomprensiblemente altos para los consumidores e incomprensiblemente bajos para los agricultores. Simplificar y decir tú eres el culpable no es realista. Sí puedo decirle que, al final, incluso salen perdiendo las grandes superficies. Debido a la batalla brutal que hay en los precios, presionan a los intermediarios y éstos exprimen a quienes estamos debajo, los agricultores. Entonces la calidad no se paga, y se corre el riesgo de que la producción vendida en los lineales no sea de calidad. Un ejemplo: exporto patata fresca a Alemania y aquí se importa de Francia tras haber estado ocho meses en cámaras. Que el consumidor no entienda eso es muy grave. La calidad la estamos vendiendo no aquí, sino a miles de kilómetros.

-Para ganar poder en la negociación los agricultores deberían asociarse...
-¿Tener poder de negociación frente a cinco grandes compañías de distribución que ejercen una posición de abuso en los precios? Utopía. Para tenerlo habría que unir todas las cooperativas. Es la ley la que debe actuar.

-La consejera de Agricultura, Clara Aguilera, ha planteado al Gobierno central un cambio en la legislación de la Competencia para beneficiar acuerdos de precios en el campo...
-No basta con declaraciones, hacen falta realidades. Es disparatado que Competencia abra expediente a quienes necesitamos cierta capacidad para defender los precios, mientras que no se actúa contra la distribución, que los impone a sangre y fuego. Hay que cambiar la legislación.

-¿Cuáles serán los sectores agrarios de futuro?
-No hablaría tanto de sectores de futuro como de estrategia para que todos los sectores tengan futuro. Y éstas deben arrancar con una mejora de la calidad, de la imagen y de la comercialización, al tiempo que mirar por los costes aplicando la tecnología y la renovación varietal [de las semillas, por ejemplo con biotecnología]. Y, por supuesto, con un esfuerzo didáctico de cara a un consumidor desinformado.

-La comercialización, la cantinela de siempre...
-Es verdad. Siempre se habla de asociación para mejorar la comercialización, pero ya le he comentado que, con el oligopolio de la distribución comercial que tenemos al otro lado de la mesa de negociación, es toda una utopía que ganemos poder. Por ello, las administraciones nos tienen que ayudar desde el marco legal. Y no echo toda la culpa a quienes tenemos enfrente. Los agricultores tenemos que reflexionar por qué hemos sido tan individualistas, por qué ha habido cooperativas que no han funcionado. Eso sí, la asociación trivial no vale.

-El campo ha sido refugio para los parados que llegaban de la construcción. ¿Aún lo es?
-Al principio sí hubo una vuelta de obreros de la construcción al campo, pero éste no puede absorber todo el excedente y, además, el nivel de renta de la agricultura no es el mismo que el del ladrillo, y eso genera tensiones. El objetivo es un empleo estable y cualificado. El campo no es sólo campañas punta de recolección, sino que requiere también mano de obra especializada.

«Los políticos y consistorios ansían coger una peseta»
-Hoy por hoy, ¿recomendaría el campo a los jóvenes?
-Una de las grandes tragedias del campo español es la falta de renovación generacional. Nosotros mismos, los agricultores, somos en parte culpables, porque hemos recomendado a nuestros hijos que escogieran otros sectores más gratificantes económica y profesionalmente. La del campo es una batalla muy dura. Dentro de una década quedaremos pocos.

-Son tiempos de recorte. ¿Los teme en las administraciones agrarias?
-La mayor parte del dinero que llega a los agricultores viene de Bruselas. Sin embargo, tanto el Gobierno como la Junta de Andalucía tienen mucho que decir en infraestructuras agrarias y lo que no se puede hacer es dejar aparcados proyectos como la modernización del regadío de los arrozales, una obra con ventajas económicas y medioambientales.

-Asaja ha sido muy crítica con algunas obras acogidas a los planes de desarrollo rural. Éstos, según el anuncio de Griñán, se van a reforzar. ¿Qué esperan?
-¿Quienes gestionan el medio rural? Quienes habitan en él, y son los agricultores, ganaderos y silvicultores. Son ellos los que, mayoritariamente y conforme al principio europeo de partenariado, deberían gestionar esos planes. El protagonismo, por tanto, debería ser para el sector privado, no para el público. Lo contrario sería un error. Los ayuntamientos están cortos de dinero y ansían coger una peseta.

-2013, nuevo presupuesto comunitario. ¿Qué espera de la reforma de la Política Agraria Común?
-Esperamos sensatez. La crisis económica ha revelado la importancia y la necesidad de apoyar al sector primario como vertebrador de las zonas rurales. Quizás si los presupuestos comunitarios se estuvieran negociando en tiempos de bonanza, esa realidad no hubiera visto la luz. Aun así, no nos gusta nada lo que está trascendiendo para la reforma de la PAC. Veremos...

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