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Rocío

Sones macarenos en Sevilla

El Simpecado de la hermandad rociera del Salvador descendió las escalinatas de la Colegial con los acordes de la marcha procesional ‘Coronación de la Macarena’, en un guiño al cicuentenario de la coronación de la «Señora de Sevilla».

el 05 jun 2014 / 20:44 h.

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Salida de la hermandad de Sevilla hacia El Rocío. / Foto: Pepo Herrera Salida de la hermandad de Sevilla hacia El Rocío. / Foto: Pepo Herrera (FOTOGALERÍA. Salida de la hermandad de Sevilla hacia El Rocío) La misa de romeros había resultado de lo más multitudinaria. En una abarrotadísima iglesia del Salvador, con numerosos romeros de pie, el obispo argentino Pedro Olmedo, de la Prelatura de Humahuaca, mantenía muy despierta, a pesar del madrugón, la atención de los fieles evocando en su homilía el mensaje «tan hermoso» que el Papa Juan Pablo II dirigió a los rocieros en su visita al santuario almonteño en 1993. «Os invito a hacer del Rocío una verdadera escuela de vida», recordaba con acento de la Pampa este prelado de cuna sevillana, familia del anterior hermano mayor de la corporación, José Ramón Candau. La noticia del año también empapa la celebración. En esta solemne eucaristía, concelebrada por el rector de la Colegial, Teodoro León, y por el párroco de Guillena, Fernando Borrego, se pide «por nuestro hermano Su Majestad Don Juan Carlos I para que el Señor le premie por sus servicios a nuestro país y a su hijo, Felipe VI de España, le dé la sabiduría para gobernalo con rectitud» Y mientras las voces del coro de la hermandad retumbaban en las naves de la Colegial realzando la celebración eucarística, la plaza del Salvador se convertía en un hervidero de curiosos, caballistas, uniformes militares y batas rocieras en espera de que el Simpecado verde de las siete letras asomara, portado a mano, por el claroscuro de la puerta principal del templo. Salida de la hermandad de Sevilla hacia El Rocío. / Foto: Pepo Herrera Salida de la hermandad de Sevilla hacia El Rocío. / Foto: Pepo Herrera A filo de las 9.15 horas se producía el momento esperado. Los acordes de la Marcha Real, interpretados por la Unidad de Música del Cuartel General de la Fuerza Terrestre, saludaron la salida del Simpecado. Llegó luego la retahíla de vivas del hermano mayor de la segunda filial sevillana, Ricardo Laguillo, entre los que incluyó varios vivas a la ciudad de Sevilla y un enardecido «¡Viva España!». Cesaron los vítores y, cuando el Simpecado descendía las escalinatas de la Colegial, se produjo la sorpresa: solo cuatro días después de que la Macarena cerrase con una procesión multitudinaria los actos del 50 aniversario de su coronación, el emblema de los romeros del Salvador era entronizado en su carreta a los sones de la marcha procesional Coronación de la Macarena, en un guiño a la que es «la Señora de Sevilla», subrayaba el hermano mayor. Señorito y Fusilero, los bueyes de pelo berrendo en colorao de la ganadería nazarena de José Manuel Varela, daban el primer arreón de la carreta. Acompañados por la agrupación rociera de Antequera y por la hermandad no filial de El Viso del Alcor, los más de 2.000 romeros de Sevilla ponían rumbo a la aldea almonteña de El Rocío no sin antes desgranar uno de los más bellos recorridos de salida de la ciudad de las hermandades rocieras de la capital. En estos primeros metros de recorrido es el teniente general José Ignacio Medina Cebrián, jefe de la Fuerza Terrestre, quien empuña la varada dorada de la corporación, al ostentar el título de hermano mayor honororario. Palentino de nacimiento, Medina Cebrián vive su última Romería como jefe de la Fuerza Terrestre, ya que en breve pasará a la reserva. Después de descender por Entrecárceles y dibujar estampas para el recuerdo discurriendo ante una de las portadas del Corpus levantadas en la Plaza de San Francisco, la comitiva rociera del Salvador hace parada ante la puerta principal de la Casa Consistorial en la plaza Nueva. En nombre de la Corporación Municipal, el alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, hizo entrega a la hermandad de un cirio con la madeja del NO&DO pintada a mano cuya luz se encargará de alumbrar al Simpecado en las noches de camino. Testigo de la entrega es el delegado de Fiestas Mayores del Ayuntamiento, Gregorio Serrano, quien guarda en su casa, como un tesoro, el diploma que este año le han concedido y que acredita sus bodas de plata como hermano de la corporación rociera del Salvador. En el andén consistorial resuena con fuerza el «Sáááááálvame, Rocío, sááááálvame» de la salve de Sevilla, rematada nuevamente por los vivas del hermano mayor. En las tulipas de la carreta del Salvador o Sevilla, como la quieran llamar, aparecen estampadas en latín, con letras en blanco, las letanías del Rosario, y uno de los candelabros delanteros luce sobre el cristal de una de sus tulipas el escudo, a todo color, de España. En la plaza de la Virgen de los Reyes, circundando la fuente de Lafita, aguardan su incorporación las 14 carretas de acompañamiento, tiradas por bueyes, que seguirán por las arenas la estela del Simpecado. La comitiva romera de Sevilla ha experimentado este año un notable repunte numérico: un 20% más de carriolas y un 30% más de caballistas. Obligada a cruzar la SE-30 a una hora prefijada por el Cecop, la hermandad debe abandonar la ciudad con mayor celeridad que lo hacía antaño. ES por ello que la ofrenda floral que tradicionalmente se hacía ante la imagen de la Virgen de los Reyes, en la Capilla Real de la Catedral, se realiza, desde hace unos años para acá, en las vísperas de la salida de la hermandad al coincidir ahora el tránsito del Simpecado por el entorno de la Catedral con la misa de los canónigos. En una mañana algo nublada, bajo el repique incesante de las campanas de la Giralda, la hilera de carretas de Sevilla se despedía del corazón de la ciudad con la mente puesta de sus romeros en la Señora que aguarda en el santuario que se levanta junto a las marismas.  

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