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Sonidos que rompen barrotes

El taller de flamenco de la cárcel de Albolote y la radio Onda Cerebral del hospital psiquiátrico penitenciario de Sevilla ayudan a los internos a sentirse más libres.

el 08 nov 2009 / 21:32 h.

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Internos de la cárcel de Albolote que participan en el taller de flamenco.
Una celda que se cierra. Los pasos de los guardias al hacer la ronda. El ruido de bandejas a la hora del rancho. Una pelea en el patio. Y, sobre todo, el silencio. Minutos que parecen horas, horas que se convierten en días, a solas con uno mismo y sus pensamientos. Sabiendo que mañana será igual que hoy, y que ayer, y así tres, cinco ó siete años y un día, lo que dura una condena. Son los sonidos de la cárcel. Pero entre ellos, de vez en cuando, en Albolote (Granada), se puede escuchar a Juan tocando su guitarra y a Jesús cantando por bulerías a mí me daban consejos y como yo no los cogía, así me veo, así me veo. O en el 107.8 de FM, en directo desde el hospital psiquiátrico penitenciario de Sevilla, surge la voz de Antonio comentando los deportes, las entrevistas de Jenaro o las reflexiones de Alberto sobre el terrorismo y el cambio climático, "las dos cosas que pueden hacer desaparecer el planeta".

 

Son presos, algunos ya en tercer grado tras pasar entre 5 y 7 años entre rejas, y en la cárcel "hay que mantenerse ocupado, porque si no te comes mucho la cabeza" dice Juan, que espera con ilusión sacar próximamente su disco Bhaja (el nombre de su mujer) con temas compuestos por él mismo mientras cumple condena. Junto al cantaor Jesús y su pareja la bailaora Josefa (se conocieron en prisión) forman parte del taller de flamenco de la cárcel de Albolote (Granada), dirigido por los maestros de prisiones Gregorio Rosillo y Víctor Vázquez, autor de dos métodos de aprendizaje para leer y escribir a través del flamenco y organizadores desde hace nueve años del Concurso Nacional de Flamenco en Prisiones.

"Diamantes en bruto". "Yo no sabía hacer la O con un canuto y había palabras que no entendía, ahora me comunico mejor", cuenta Josefa, que además del flamenco aprendió a leer y a escribir en prisión. También José Manuel, el técnico de sonido que les acompaña en sus actuaciones dentro y fuera de la cárcel, saldrá de allí con una formación que le hace sentirse "más libre y útil" y confía en que, una vez fuera, le ayude a tener una segunda oportunidad.

"Somos diamantes en bruto y nos han pulido", afirman Juan y José. El flamenco ya corría por sus venas "y eso no se olvida" pero la vida les llevó "a hacer cosas que no debían". Ahora, su experiencia les hace "cantar con más sentimiento, porque cantas añorando a los tuyos y la libertad", afirma Jesús. "Así ahogamos nuestras penas", dice Josefa. Y sobre todo, ven en el taller "una oportunidad" para reconducir sus vidas que "hay que saber aprovechar, porque la libertad y el respeto hay que ganárselos".

Onda Cerebral tiene menos historia. Nació hace apenas un año con un equipo técnico financiado por el capellán del hospital psiquiátrico penitenciario de Sevilla -por eso el primer entrevistado fue el cardenal Carlos Amigo Vallejo- aunque hoy ya cuenta con fondos de Instituciones Penitenciarias. Emite los lunes, miércoles y viernes y aunque sus 2 kilómetros de alcance sólo llegan para el propio centro y la cárcel Sevilla II "sé que aunque sea poquito, mi voz se escucha", dice Alberto.

Contacto con el mundo. Además de pinchar música, cuenta con programas estables como Deporte con Pedro (el resumen comentado de la jornada en el que participa Antonio junto a uno de los educadores) o El rincón del cuerdo (historias de vida de los internos). Pero por sus micros también han pasado personajes como el actor Antonio de la Torre. "Estamos intentando llevar a Jesús Navas y Kanouté", dice Antonio. "A mí me gustaría entrevistar al Defensor del Pueblo", destaca Jenaro, que reconoce que "al principio impone ponerse delante de un micro".

"Nos viene bien porque hablamos con personas que no son las de siempre, es un contacto con el mundo de fuera", relata Jenaro, que lleva ocho años interno.
"Sinceramente, no se puede decir todo, porque no deja de ser una prisión con muchos médicos, pero si está el educador -Julián Bernal es el coordinador del programa- hay menos censura", reconoce Alberto, que recuerda que en una entrevista, al ser preguntado por sus habitaciones, tuvo que eludir la palabra "celda o chabolo, que es como nosotros lo llamamos" ante el gesto de aviso de "uno de los barandas", que en su argot alude al personal del centro.

Antonio, con trastorno límite de personalidad que le llevaba a autolesionarse y no controlar sus reacciones violentas, cuenta orgulloso cómo entrevistó a la directora de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo, y le reclamó más hospitales psiquiátricos penitenciarios (sólo hay dos en España, el de Sevilla, con capacidad para 184 internos). "Yo llevo diez años rulando por cárceles y el juez no me escuchaba, no pedía salir, quería que me trataran, y hasta que hace un año llegué al psiquiátrico no he tenido una atención personalizada, a veces no necesitas una pastilla, sólo que te escuchen", cuenta mientras lamenta que el alcohol y las anfetaminas truncaran su carrera ciclista. "Al menos he tenido mi minuto de gloria al retransmitir con Canal Sur la última victoria de Contador en el Tour de Francia", rememora.

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