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Sonría, esto es un hospital

Las figuritas de la sonrisa permanente han tomado el patio del Virgen del Rocío para recrear desde un paseo por Londres hasta un Betis-Sevilla. Es Hospiclicks.

el 01 ene 2012 / 19:35 h.

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Sopa de picadillo sin jamón serrano, se llamaba el primer plato de la cena de la pasada Nochebuena en el Hospital Virgen del Rocío, prueba de que hasta en las más adversas circunstancias puede uno encontrar, con algo de suerte y voluntad, un pequeño motivo para sonreír. Algún gracioso hizo notar que, ya puestos, podrían haber añadido, por el mismo dinero: y sin beicon. No cabe duda de que esa es precisamente la filosofía con la que este gran centro sanitario sevillano ha invitado a la Asociación Española de Coleccionistas de Playmobil a instalar, en el patio central tras el vestíbulo, la exposición Hospiclick: una apuesta del humor frente al dolor. La necesidad de amabilidad, una de las más apremiantes del ser humano, encuentra cierto alivio en este montón de muñequitos de sonrisa permanente que, repartidos en grandes cajones como acuarios de plástico, representan escenas tan dispares como un derbi futbolero sevillano, el apresamiento de Gulliver en Liliput y un momento de El Señor de los Anillos, entre otras cuantas.

Lo de este último caso, por cierto, es singularísimo: resulta que uno de los coleccionistas encargados de esta exposición, Felipe Coronel (que además es ascensorista del hospital) ha estado modelando los detalles para que unos cuantos clicks normales y corrientes parezcan lo más granado de la Tierra Media. Pero a decir verdad, el entretenimiento principal es ir curioseando por estos dioramas y sus alrededor de 700 piezas en busca de los guiños humorísticos de los creadores. De entre las seis grandes composiciones, la que más destaca en este sentido es la del Oeste, con su enterrador rodeado de buitres en el porche de su negocio y ese cartel que dice, en inglés, pague uno y entierre a dos. O esa manifestación de apaches con su pancarta Yankee go home ante las puertas del edificio de la autoridad, llamado, también jocosamente, Fort Mondeo. Y si no, la vaquera del bikini que aparece en la terraza recibiendo ostensibles saludos del vecindario, desde la calle.

Pero sin duda el bodegón más visitado y celebrado es el del Londres eduardiano, donde se combinan todavía los restos del victorianismo (las diferencias sociales, la pompa, la apariencia, el protagonismo absoluto de las casas) con los nuevos bríos del siglo XX y sus primeros automóviles y mercadillos. Una impresionante casa de muñecas preside el conjunto en el que no faltan, naturalmente, ni la criada con carrito de bebé ni el mayordomo  ni la vendedora de pamelas. Ni, por supuesto, el parque.

Además de estos escenarios temáticos, hay dos vitrinas que muestran dos mundos representados por este tipo de figuritas: el de los superhéroes de la Marvel y el de La guerra de las galaxias, cada uno de los cuales con un muestrario tan completo como simpático de criaturas. Y por último, pero no menos digno de atención, los carteles de películas: imagínese, todos ellos representados por clicks, los de los largometrajes La naranja mecánica, Avatar, Lo que el viento se llevó, Bowling for Columbine, Tintín, Saw, American Beauty... Pero quien quiera verlo todo (incluidas las alineaciones del Betis-Sevilla), que se pase por allí. Si encima, viendo el ambiente del hospital, consigue garabatear en su corazón alguna reflexión navideña sobre lo que importa y lo que no, miel sobre hojuelas.

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