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Sostenibilidad

De la esperanza de vida en Europa los cálculos más fiables dicen que se incrementa en cinco horas cada día. Si a ello se le une el hecho de que los ciudadanos cada vez trabajan menos por diferentes razones (extensión de la edad de escolarización o jubilación anticipada, por ejemplo), la buena noticia de la mayor longevidad...

el 15 sep 2009 / 07:21 h.

De la esperanza de vida en Europa los cálculos más fiables dicen que se incrementa en cinco horas cada día. Si a ello se le une el hecho de que los ciudadanos cada vez trabajan menos por diferentes razones (extensión de la edad de escolarización o jubilación anticipada, por ejemplo), la buena noticia de la mayor longevidad muestra una segunda lectura inquietante: nuestras vidas se estiran más que los recursos económicos con que hasta ahora hemos contado para sostenerlas. Es el problema de las pensiones de vejez, claro.

Por las razones esbozadas, el sistema de pensiones español evoluciona imparablemente hacia un sistema de mínimos, encogiéndose cada vez más y más. De hecho es en el conjunto de Europa donde la sostenibilidad financiera de los sistemas de pensiones está bajo debate. Los gobiernos europeos deben enfrentarse al problema y los ciudadanos estar informados para tomar sus propias decisiones y adaptarse a uno de los hechos económicos y sociales más previsibles del futuro próximo.

Un informe conjunto de la Comisión y el Comité de Política Económica no duda en asegurar que los sistemas de pensiones de la mayoría de los Estados de la UE corren un "considerable riesgo" de quiebra a consecuencia del envejecimiento poblacional, que reducirá la población activa y obligará a un fuerte aumento del gasto público. Según lo así establecido, España es uno de los países donde está previsto que aumente más el gasto en pensiones, un 7,1% del PIB durante 2004-2050. Todo ello, en un contexto donde se pasará de tener 4 a únicamente 2 personas en edad de trabajar por cada jubilado.

Por todo ello, el Banco de España en el Informe Anual de 2007 pide, de manera inmediata, reformas que mejoren el grado de contributividad del sistema público de pensiones y fomenten el desarrollo de "sistemas complementarios", ante unas finanzas públicas que se verán severamente desafiadas a medio y largo plazo por la marcha demográfica.

Las recomendaciones más concretas a la Hacienda Pública vienen de un lado y otro. Los que siempre apostaron por la privatización piden el reforzamiento de los actuales incentivos fiscales para las aportaciones a sistemas voluntarios (esto es, privados), que ya tienen un nivel importante, reconociendo que los beneficiarios a corto plazo serían las rentas medias y altas. Piden también el restablecimiento de la posibilidad de rescate parcial en forma de capital con tributación reducida (si es ninguna mejor, claro) si se reinvierte en algún tipo de pensión vitalicia. Vamos, la música favorita de ciertos políticos: la solución a todo está en la bajada de impuestos.

Del otro lado, se sugiere actuar sobre la tasa de dependencia fomentando la fecundidad. Entran aquí todas las políticas favorables a los cuidados infantiles, la normativa laboral que permita la conciliación con la vida familiar. También vale incrementar la productividad y utilización del trabajo a fin de sostener el crecimiento potencial. A tal efecto, deben continuar aplicándose reformas estructurales decididas.

El estímulo del aumento de las tasas de actividad, en particular, las de mujeres y de los trabajadores de mayor edad, es una apuesta importantísima y más viable que otras. En nuestra opinión, son este tipo de medidas últimas las que deben prevalecer en nuestro país, donde por otra parte disponemos, a día de hoy, del margen de maniobra presupuestario para amortiguar, en buena medida, los efectos sobre las pensiones de la evolución demográfica.

Catedrático de Hacienda Pública

jsanchezm@uma.es

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