Cultura

Stiller no convence, Banksy arrasa

La sorpresa de la jornada de ayer en la Berlinale la brindó un graffitero londinense que quiere hacer por su gremio lo mismo que ‘Karate Kid’ hizo por las artes marciales

el 14 feb 2010 / 21:37 h.

Ben Stiller, con sus fans.
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"Mi ambición era producir una película que hiciera por el graffiti lo que Karate Kid hizo por las artes marciales, pero me parece que al final hemos creado una película que hace por el arte callejero lo que Tiburón por el esquí acuático". Ironía pura sobre la vida y el arte. Es Banksy, el ácido graffitero londinense que trae de cabeza a los servicios municipales de limpieza de la capital británica.

Embozado en su capucha y hundido entre las sombras, el artista inglés se disculpaba ayer, vía satélite, con el público de Berlín por no acudir a la premiere europea de su primera película, presentada ayer, fuera de competición, en la Sección Oficial de esta sexágesima edición de la Berlinale.

Exit Through the Gift Shop es una ráfaga de aire fresco, divertido y, como su artista, terriblemente irónico. El colofón ideal para un intenso fin de semana en el que, como en cualquier festival, las líneas que separan el negocio, las relaciones públicas, el famoseo y el arte son difusas.

En un bucle de sarcasmos, Banksy realiza un (¿falso?) documental sobre un tipo (Thierry Gueta) que quería hacer una película sobre él, pero "como su vida era más interesante que la mía, la terminamos haciendo sobre él". La película no para de ironizar, nos mantiene en vilo hasta el último segundo: queremos saber más sobre ese artista que nunca muestra el rostro y emplea las calles como si fueran un lienzo.

 ¿Y qué encontramos? Un análisis mordaz del mercado artístico: cómo una simple frase de un genial y misterioso artista puede hacer que un arribista sin talento (Mr. Brainwash) obtenga un éxito desproporcionado con una galería de arte sobrevalorada hasta el paroxismo.

Aunque Isabel Coixet se mostró ayer más que acertada al definir Berlín como una de las citas cinematográficas más auténticas, el fin de semana inicial ha sido de infarto: la tormenta de flashes que levantan las megaestrellas de Hollywood o la desazón (por su escasa calidad) que producen algunas películas de competición invita a reflexionar sobre el mensaje del ácido graffitero.

 Bansky ha salvado así una cuarta jornada en la que ni el japonés Zhang Yimou con su A woman, a gun and a noodle shop ni el Greenberg (Noah Baumbach) protagonizado por Ben Stiller han terminado de convencer. Yimou ha firmado un remake de Sangre Fácil de los Coen en el que juega a ser el Tarantino japonés, mientras que Baumbach se queda a medio camino entre la comedia y el drama para, al final, no convencer a nadie.

 Hoy, quinta jornada ya, las aguas vuelven a su cauce, Hollywood coge su avión de vuelta a Los Ángeles y deja que Berlín vuelva a lo suyo: la reflexión, el arte... y, no lo vamos a negar, la diversión más desenfrenada.

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