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Su majestad Gaspar la lía parda

Anda que si las declaraciones de Cayetano se producen el año pasado, a tres semanas de salir de rey mago...

el 15 dic 2011 / 23:25 h.

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Muchas veces repasar las páginas de un periódico de hace un año puede ser una experiencia tan trepidante como echarle un vistazo al del día. Siempre que lo hago me debato entre el susto por el paso del tiempo (¿ya hace un año de esto? Jo, cómo pasan los días), la sonrisa escéptica por aquello que entonces se vendía como una urgencia cósmica y que pese a ello sigue igual y la vergüenza ajena ante tanta promesa incumplida sin que al artista de turno se le caigan los palos del sombrajo, que ancha es Castilla y corta la memoria. Bueno, pues todo esto viene a cuenta de que el otro día, repasando El Correo de un día de diciembre de 2010, va y aparece una página con una sonriente foto de los Reyes Magos del año pasado, con un Melchor (Fernando Fabiani) al que acabaron quitándole la corona) y un Gaspar (Cayetano Martínez de Irujo) que lucía sonrisilla protocolaria junto a su señora madre, la muy noble Cayetana de Alba.

¿Se imaginan que la que formó el domingo en el programa Salvados el conde de Salvatierra lo hubiese hecho justo hace un año, cuando le quedaban tres semanas para salir en la Cabalgata? ¿Se imaginan a ese Gaspar tirando caramelos a una tropa a la que días antes le había afeado que es más bien flojilla, carente de espíritu laboral y con nulas ganas de prosperar? ¿Se imaginan a ese Ateneo con un ataque de nervios, desbordado entre la crisis de Melchor y un populacho que se iba a querer comer a Gaspar? Porque encima el Melchor que no llegó a salir tras conocerse que su hija lo había denunciado en 1999 por abusos (denuncia que por cierto se archivó) era el segundo candidato, antes ya se habían quitado de encima al por entonces gerente de Emasesa, Manuel Marchena, al que la jueza Alaya ya había imputado (aunque sin concretarle todavía los cargos) en una de las tramas del caso Mercasevilla. Marchena, que no llegó a ser proclamado oficialmente, fue víctima de una campaña alentada desde la derecha, ¿se imaginan la que habría formado la izquierda con el ahora cabeza visible de la Casa de Alba?

Fijo que más de uno ha suspirado en el Ateneo, porque tiene que ser un papelón montar a un señor en una carroza vestido de oropel para que se dé un paseo entre una ciudadanía que ese día, a poco que le dejasen, habría proclamado la república en el país ese que sea del que venga Gaspar. Abajo la monarquía en ese país de oriente, vaya usted a saber cuál.
Y todo por unos minutillos en la tele en los que a servidor lo que le sorprende no es tanto lo que dice sino que tenga las santas luces de hacerlo a cámara abierta. Digo que no sorprende porque, hombre, al fin y al cabo no es un líder sindical agrario el que habla, es lógico que uno que viene de tan noble cuna esté educado para moverse entre palacios y cortijos, no va a salir gritando tierra y libertad y demás consignas. Vale que defiende su patrimonio y que piense como piensa, pero entonces tápese un poquillo y no salga a decirlo a boca llena. Y si lo hace, imagino que no le sorprenderá después que el personal esté un pelín molesto, porque hasta puedo entender como una broma o una fantasía lúdico-festiva eso de vivir en el Medievo, pero ya lo de arrear contra el honor laboral de los andaluces no es ni original. Que lo diga el político nacionalista catalán de turno para llevarse el aplauso fácil de los suyos es casi inevitable, pero que nos lo digan aquí en nuestra propia casa, en una finca sevillana, es ya rizar el rizo.

Todo hijo de vecino sabe que sí, que hay fraude en el subsidio agrario, y que en vez de resignarse a verlo como normal lo que hay que hacer es meterle mano. No digo yo que no se haga, pero esto es como lo de los defraudadores a Hacienda: cuantos más medios pones para combatirlo más casos afloran. A lo mejor, por una mera cuestión de pedagogía política y advertencia urbi et orbi, debería darse más bombo a los que pillan engañando, para que toda la cristiandad sepa que los jornaleros cobran el subsidio agrario porque lo merecen pero que también se reparte estopa entre los listos.

Dejando a un lado que su exmajestad Gaspar no estuvo fina y que puso otro ladrillo en el muro del tópico despectivo (versión andaluces vagos) que con tanto esmero se empeñan en construir entre (por desgracia) demasiada gente, confieso de todos modos que suspiré de alivio cuando Jordi Évole se metió con su cámara en el bar de la peña bética de El Coronil y lo que encontraron fueron jubilados viendo pasar las horas. Hace poco, en otro Salvados, sacaron a media mañana un bar del pueblo con más desempleo de Madrid y estaba hasta la bandera de parados. ¿Se imaginan la que se hubiese formado si esto pasa por estos lares o si la peña llega a estar llena de jornaleros como vociferó Duran i Lleida? Madre del amor hermoso.

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