Local

Sucesión. Paisaje después de la batalla

Sosegados los trepidantes días políticos de la Semana Santa, la relativa calma interna en la Junta de Andalucía y en el PSOE, permite ver el bosque más allá de los árboles inmediatos.

el 16 sep 2009 / 02:09 h.

Sosegados los trepidantes días políticos de la Semana Santa, la relativa calma interna en la Junta de Andalucía y en el PSOE, permite ver el bosque más allá de los árboles inmediatos. En este paisaje después de la batalla, parece claro que quien ha vencido el pulso es el PSOE de Andalucía: el presidente José Luis Rodríguez Zapatero podrá jactarse, sin embargo, de haber llevado a cabo una voladura controlada de los barones regionales del partido sin que la sangre haya llegado al río.

Vistas otras transiciones internas de los socialistas andaluces, la que protagonizan José Antonio Griñán, Manuel Chaves y Luis Pizarro, parece ejemplar a todas luces: en otro tiempo, las sillas volaban a las primeras de cambio por las casas del pueblo cada vez que tocaba duelo a muerte en el O.K. Corral entre sus diferentes facciones. A ese guirigay, se le llamó en alguna ocasión "cultura del partido" y, hoy, parece haberse diluido sin dar cuartos al pregonero: el éxito de la operación puede evaluarse con claridad en la perplejidad que parece arrastrar al respecto el PP andaluz.

Ese resultado vuelve a demostrar la maestría como fontanero que caracteriza a Luis Pizarro, pero no sólo es fruto de una cierta generosidad por parte de los vencedores de ese pulso, sino de la actitud de los supuestos vencidos: la sonrisa de Francisco Vallejo, aún a sabiendas que difícilmente formaría parte de un gobierno presidido por Griñán, puede constituir el símbolo más evidente de ese armisticio.

Pero hay otros dos ejemplos de lealtad interna que merecería la pena destacar: a Gaspar Zarrías no le han dolido prendas a la hora de acompañar a Manuel Chaves en su destierro político, ni a Mar Moreno al aceptar una consejería como la de Educación, que ha quemado sistemáticamente a todos sus titulares anteriores.

A tres años vista de las próximas autonómicas y generales -en el supuesto caso de que no se adelanten?los socialistas andaluces se han garantizado un escenario de paz interna que puede ayudarles sobre todo a contener a los conservadores en los comicios municipales, una vez que todos los indicios apuntan a que han vuelto a dar por perdidas las elecciones europeas del 7 de junio.

El partido de Javier Arenas mantiene una clara ventaja en la mayoría de las grandes ciudades y ahora se apresta a vencer su eterna batalla perdida, la de la Andalucía rural. Ahora, la derecha trabaja de firme en municipios minúsculos porque sabe que el Palacio de San Telmo se pelea, en el fondo, casa por casa. Su mayor problema estriba precisamente en el mismo que podrían arrostrar los socialistas si no explican bien su cambio de líder: la ausencia de Manuel Chaves, como mascarón de proa de los suyos y como muñeco virutero al que los contrarios arrojaban los dardos que ahora se antojan ineficaces frente a -llamadme Pepe- Griñán.

  • 1