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Cultura

«Suena duro, pero al final la sociedad tiene los políticos que se merece»

Recién aterrizado de una gala de los Goya a los que estuvo nominado a mejor actor revelación por su papel en 'Magical girl', Israel Elejalde llega hoy al Teatro Central

el 11 feb 2015 / 16:00 h.

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Se define más un actor de teatro que otra cosa, así que está encantado con La fiebre, de Wallace Shawn, que hoy trae a un Teatro Central al que viene con frecuencia. «Me gusta esto más pequeño que las grandes fanfarrias», a las que está más que acostumbrado por sus frecuentes papeles en series de televisión. Israel Elejalde—Llega al Teatro Central poco menos que con lo puesto. —Pues sí, es una puesta en escena minimalista, estoy con una chelista, una silla y una lámpara, es todo lo que hay de escenografía. Esto lo hacía Wallace Shawn, uno de los actores que salía en La princesa prometida, sólo con una silla, pero nosotros hemos decidido tirar la casa por la ventana... —¿Es la primera vez que se enfrenta a un monólogo? —Sí, llevaba tiempo buscando hacer algo muy personal, sobre cosas que me están disgustando como la crisis, pero nada dogmático, algo que ayudara a reflexionar y planteara más preguntas que certezas. Y buscaba una función pequeña, porque produzco yo y tampoco es que tuviese mucho presupuesto. —¿Su personaje en La fiebre está también en crisis? —Es un tipo que viaja a un país del tercer mundo y ahí, de forma ingenua, descubre que para que él viva bien hay gente que tiene que vivir mal. La desigualdad es la base constitutiva del sistema capitalista, y eso le genera una crisis existencial: lo que ocurre lo sabía como todos, pero no lo había interiorizado. —Un pelín ingenuo, ¿no? —Pues sí, es un ingenuo, que etimológicamente significa nacido libre, lo que no deja de ser una ironía. Al final, lo que está pasando lo sabemos todos pero no hacemos nada, como si fuera inevitable. —¿Y el personaje tampoco da un paso al frente? —No sólo no da ningún paso adelante sino que al final pide perdón y dice que es que se le ha ido la cabeza, que ha sido por un acceso febril. Ha estado diciendo que en las cosas malas de la sociedad tenemos un punto de responsabilidad, que hay que hacer examen de conciencia, que los ciudadanos medios nos quitamos la responsabilidad diciendo que no podemos hacer nada. Por eso lanza esa pregunta de qué puedes hacer tú, porque la inocencia no existe. —¿Los febriles, además de los niños y los borrachos, siempre dicen la verdad? —El mío sí, porque creo que el principio fundamental de mi profesión es poner el espejo y hacer preguntas. Pero el arte no tiene respuestas, las tienen que dar otros, por eso el arte es incómodo y tiene que serlo, nuestro deber es poner el dedo en la llaga. —El texto tiene una inquietante vigencia pese a tener unos pocos de años... —Es de 1996 y muy americano, pero algunas cosas que sonaban extrañas tienen ahora una sonoridad más dolorosa que entonces para nosotros: aumento de la pobreza, la desigualdad terrible, la falta de atención del Estado a los que han quedado fuera del sistema... Estamos dando pasos para atrás, nuestra realidad se parece más a los 70 que a los 90. Hoy tener amigos pobres es más común, es fácil conocer a alguien así, pero nos adaptamos y aceptamos lo injusto diciendo que es inevitable. —¿Al final ya no tenemos ni conciencia? —El caso es que empezamos a despertar. Yo no sé qué hay que hacer, y ni quiero ni puedo adoctrinar, pero ese quedarse dormido, esa despolitización que ha habido durante años es mala, provoca que al final la gente activa, que es la que tiene el dinero, controle la sociedad. Tenemos que ser políticos, no dejar la política. La irrupción de partidos como Podemos o Ciudadanos están provocando un movimiento sísmico en el bipartidismo reinante e inamovible, que había entrado en un caciquismo y un clientelismo propios del XIX. —¿Nos hemos dormido como sociedad? —Sí, todo esto ocurre cuando una sociedad está adormecida. Al final uno tiene los políticos que se merece, suena triste y duro pero es la verdad, si la sociedad no aceptase las cosas los partidos tendrían que movilizarse. Dentro de lo mal que se está pasando, lo bueno de la crisis es que ha reactivado a la gente. Lo de actuar mal es interpretable, lo peor es no actuar, eso no se puede hacer, tenemos la responsabilidad de ponernos en marcha. Israel Elejalde es el encargado hoy de arrancar el ciclo Palabra y creación actoral, que se desarrollará en la sala B del Teatro Central hasta el sábado con cuatro propuestas diferentes, con la que este espacio escénico «se hace eco de la hiperactividad o efervescencia que, desde que comenzó esta aciaga época de crisis, parece haberse instalado en intérpretes, directores, coreógrafos y gestores». Tras La fiebre, mañana jueves será el turno de Claudia Faci con texto propio, Construyo sobre el olvido, una vuelta de tuerca a su anterior trabajo, Trilogía sobre el desastre. El viernes sube a la tarima la sevillana Estefanía de los Santos, dirigida por Pablo Messiez, autor, también, de Las plantas, obra escrita exprofeso para la actriz en la que propone un encuentro de 50 minutos de una mujer con su pena y su resaca. Por último el sábado es el turno de Fernanda Orazi, que interpretará La realidad, escrita y dirigida por Denise Despeyroux. La actriz argentina se ve obligada a sufrir una especie de esquizofrenia al dialogar por skype con su supuesta hermana gemela ante la inminente muerte de ésta. Todas las funciones son a las 20 horas con entradas a 17 euros, aunque hay un abono para los cuatro días por 32 euros.

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