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Deportes

Sueño y eterna pesadilla

Los pocos valientes que se dieron cita en El Sadar disfrutaron de 45 minutos mágicos antes de volver a la cruda realidad (Fotogalería).

el 03 nov 2014 / 10:09 h.

N'DIAYE RECIBE EL AGRADECIMIENTO DEL NIÑO QUE ATENDIÓ EN INCIDENTE EN SADAR N'Diaye recibe la fotografía con la que Ibai Cadena le rindió homenaje a su nuevo héroe futbolístico. Foto: EFE: Todo era idílico para el Betis y sus seguidores en su visita a Pamplona. La hostilidad de tiempos atrás parece que ha sido desterrada al olvido y que el comportamiento ejemplar de los jugadores verdiblancos la temporada pasada, cuando ocurrió la desgracia de la avalancha,  hizo que la visita del conjunto heliopolitano fuera prácticamente un deseo. Todo comenzó con el agradecimiento personal a Alfred N’Diaye de Ibai Cadena, el niño de nueve años al que recogió en brazos tras quedar herido en el mencionado suceso. Ibai le entregó al jugador franco-senegalés una fotografía enmarcada del momento en el que lo coge en brazos para trasladarlo hacia las asistencias médicas aquel fatídico 18 de mayo en el que concluyó la estancia en Primera División de navarros y sevillanos. Además, la Federación de Peñas de Osasuna obsequió con una placa al Betis, recogida por Antonio Adán, uno de los capitanes, en reconocimiento por su comportamiento y el de sus compañeros tras aquel incidente, momentos que fueron muy aplaudidos por la afición osasunista y por los pocos béticos valientes que fueron a El Sadar. No serían más de 300 aficionados los que se atrevieron a ver si la mejoría de su equipo era real o una leve ilusión. Ellos y todos lo que sienten el beticismo allá por donde estén disfrutaron y vibraron con un Betis maravillo, de ensueño, durante 45 minutos mágicos. Las buenas sensaciones de un tiempo que les cuesta recordar hicieron acto de presencia y los gritos de “Betis, Betis, Betis” retumbaban en el feudo osasunista. Pero si a algo está acostumbrado el seguidor verdiblanco es a sufrir y por eso era difícil encontrar a gente que tuviera claro que el paseo del Betis ante Osasuna iba a continuar con su paso firme y, por fin, el juego con el que tanto ansían ver jugar a su equipo no se iba a diluir jamás. Con la experiencia aprendida de los malos tiempos que corren, hicieron bien en no confiarse, porque esos futbolistas que están encargados de defender el escudo de las trece barras les fallaron por enésima vez. La historia de siempre. El cuento ya no sorprende a nadie, pero la pesadilla cada vez es más terrorífica. La cruda realidad apareció de nuevo y el sueño se acabó. El enfado, la desilusión, la tristeza y la crispación volvieron a entrar en escena. Tanto que todo el malestar se trasladó, dos horas después, al estadio Benito Villamarín, donde se estaba disputando el derbi de filiales entre el Betis B y el Sevilla Atlético. Los 4.000 aficionados que fueron a dar ánimos al segundo conjunto de la entidad de La Palmera tuvieron mensajes para todos. Los cánticos que se han convertido en una banda sonora aparecieron de nuevo, porque los béticos no pueden más. Están cansados de que después de once jornadas su equipo siga deambulando en tierra de nadie en Segunda División, cuando por nombre y por presupuesto no debe haber prácticamente ningún rival que le plante cara. Todo lo que rodea al Betis es repetitivo: el equipo pierde dando mala imagen; la afición protesta a gritos de “directiva dimisión”, “Velázquez vete ya”, “Pepe Mel, Pepe Mel, Pepe Mel” y “Gordillo comegambas”; y en la planta noble nadie hace nada para intentar revertir una situación que cada vez es más insostenible. El sábado en el Villamarín se vivirá un nuevo capítulo de una historia con un final claro al que no le ponen fin.

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