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Sueños cumplidos ante la Señora

Ya están todos los peregrinos en la aldea. No está llena, al menos no como otros años, pero ya están los que tienen que estar. O los que pueden. Y bien, junto a su hermandad, o en el encuentro íntimo en la ermita, todos los rocieros ya se han presentado ante la Blanca Paloma.

el 15 sep 2009 / 04:37 h.

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Ya están todos los peregrinos en la aldea. No está llena, al menos no como otros años, pero ya están los que tienen que estar. O los que pueden. Y bien, junto a su hermandad, o en el encuentro íntimo en la ermita, todos los rocieros ya se han presentado ante la Blanca Paloma. Con ojos nuevos o con los de siempre, con los que ya se saben qué les aguarda y los que lo acaban de descubrir.

La entrada en la aldea de Villamanrique y Triana llena de actividad El Real. Culminada la presentación, Triana rodea la ermita y el Simpecado ocupa la capilla de su casa hermandad. En la puerta, los peregrinos, como si no hubieran tenido tiempo suficiente para estar con su carreta durante los tres días de camino, se agolpan, remolones, como si esta despedida fuera la más difícil. Sostienen aún sus varas en las manos y el romero fresco prendido al pelo. Con los ojos vidriosos por la emoción, Ángela Jiménez mira envelesada a su Simpecado. "Echo de menos a la familia que falta, pero estoy contenta por estar otra vez aquí con la gente que queremos, con la Virgen y con nuestra carreta". Se la ve cansada, con el rostro dorado por el sol y por los días de camino, pero ya está "junto a Ella".

"Todos los caminos son iguales, pero no se parecen en nada. Pero los sentimientos y emociones que se experimentan al llegar son imposibles de contar", añade Ángela, que ve cómo la responsabilidad de ser miembro de junta -un familiar suyo lo es- pesa demasiado, por lo que la liberación al llegar ante la Virgen es mucho mejor.

En el interior de la casa de Villamanrique se organiza rápidamente el almuerzo. La presentación ha sido "estupenda" y el camino también, pese al sobresalto de la lluvia de la noche del viernes, que obligó a la junta de gobierno a reunirse por espacio de una hora para estudiar si quedarse en la parada de Pinto o avanzar hasta El Rocío, según explicó su presidente, Juan Márquez.

Pablo Colón es el nuevo cura párroco del pueblo, por lo que éste ha sido su primer camino, no sólo con esta hermandad, sino su primer acercamiento a El Rocío. "Quiero conocerlo todo", explica, por lo que no se ha perdido ni un momento. Desde el paso de las hermandades del pueblo a la noche en Pinto y la presentación ante la Virgen. "Hace un año ni me imaginaba que yo pudiera estar hoy aquí y, sin embargo, estoy conociendo el Rocío de la mejor forma posible, a través de los ojos de los manriqueños". Entre las últimas impresiones acumuladas está la unión del pueblo en la presentación ante la Virgen. "Iba todo el mundo junto a la carreta. Todo el pueblo junto", insistía. Y aunque admite que "hay una periferia que envuelve al Rocío", asegura que "nos podemos quedar en la fiesta, pero verlo, vivirlo con esta hermandad con siglos de camino, siglos de rezarle a la Virgen, es un privilegio. Y no sólo estos días, sino durante todo el año, de venir cualquier día a la aldea y encontrarte a un manriqueño ante la Blanca Paloma", añade entusiasmado. Ha visto muchas veces a la Reina de las Marismas en su ermita, es verdad que nunca durante una romería, pero hoy le ha parecido "distinta". Ahora quiere cuidar su voz para rezarle "alto y claro" la próxima madrugada cuando la Virgen llegue ante el Simpecado de su pueblo. Pablo será la voz de todos los corazones en el cara a cara con la Blanca Paloma.

Olga no piensa aún en ese momento, el "lote de llorar" que se ha dado cuando ha visto a la Patrona de Almonte ya ha sido suficiente, de momento. "Llegamos reventados del camino -de Dos Hermanas- y entre que duchamos a los niños y nos preparamos... fuimos a ver a la Virgen muy tarde". Por lo que ha vivido la presentación con mucha intensidad. Ahora ya sólo queda esperar a que los almonteños salten la reja.

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