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Díaz exhibe músculo y poder en el arranque de su carrera como candidata

Vengo a pedir el aval porque quiero ser candidata a la presidencia de la Junta, quiero prestigiar la política”. Seis de los secretarios provinciales, altos cargos y cuatro consejeros apoyaron a la dirigente sevillana.

el 04 jul 2013 / 21:09 h.

La consejera de la Presidencia, Susana Díaz, presentó ayer su candidatura a liderar el PSOE-A en Antequera. / EFE La consejera de la Presidencia, Susana Díaz, presentó ayer su candidatura a liderar el PSOE-A en Antequera. / EFE La consejera de la Presidencia y secretaria general del PSOE de Sevilla, Susana Díaz, arrancó ayer su campaña como candidata a las primarias que el partido dirimirá este mes con una exhibición de músculo interno y poderío orgánico innegable. Es la favorita y lo dejó claro. Va a por todas y si puede arrasar mejor. Tiene el apoyo de los secretarios provinciales y del Gobierno casi en pleno, menos claro, de quien tratará de ser su rival, el consejero de Agricultura, Luis Planas, que ayer pudo de verdad comprobar lo difícil que va a tener medirse ante una candidata que ya tiene mucho trabajo hecho. “Yo no engaño a nadie, soy militante del PSOE, vengo a pedir el aval porque quiero ser candidata a la presidencia de la Junta, porque quiero prestigiar la política en uno de los momentos más difíciles”, dijo como declaración de intenciones. En un acto organizado en Antequera (Málaga), en un hotel de cuatro estrellas, la favorita del aparato y de José Antonio Griñán, por más que insistan en que la dirección se mantendrá en una posición de “neutralidad”, reunió a más de mil personas que lograron llenar a reventar el salón y obligaron, incluso, a mover paredes. De verde y blanco, Díaz hizo un discurso en el que se reivindicó como una chica de barrio, una política de aparato, una mujer joven y una aspirante a ser presidenta de la Junta en el futuro. Sin complejos, arrolladora. No lo tenía difícil. Quienes le acompañan y le han dado su aval en este proceso se deshicieron en aplausos y vítores. Ya se sabe. No es de medias tintas. Díaz levanta pasiones y odios. “Soy una mujer fuerte para unos momentos muy difíciles. Joven, orgullosa de mi pasado, y que piensa en las generaciones que vienen detrás y que quiero que tengan las mismas oportunidades que yo he disfrutado. Vengo a pedir vuestro aval porque soy una mujer del partido, de mi agrupación, igual que todos y todas los que estáis aquí”, concluyó su discurso, de una media hora. Su objetivo, dijo, “prestigiar la política”. Díaz se definió como una “socialista, muy de izquierdas, muy de izquierdas”. Defendió su “rebeldía”. Llamó a la “unidad” del partido y aseguró que es la “oportunidad de la unión”, justo ahora que se teme una dura batalla hasta que el 17 de julio se sepa quiénes de los tres precandidatos, Díaz, Planas y el alcalde de Jun (Granada), José Antonio Rodríguez, logran los 6.860 avales necesarios para ser votados en unas primarias. “Lo hemos pasado mal, vivimos momentos difíciles, pero si compartimos los mismos valores y compromisos tenemos que estar juntos y juntos tenemos que salir de este proceso”, avisó la dirigente del PSOE sevillano, a quienes sus detractores recriminan precisamente que sea capaz de todo por ganar y jugar muy duro, en plan Atila, en este tipo de batallas internas. “Olé las mujeres valientes”, le gritó un espontáneo. No le hacía falta. Su discurso fue muy personal, muy de su propia historia. La acompañaron sus padres y su marido, José María, con quien entró a la sala. En su discurso mencionó a Rafael Escuredo, el expresidente de la Junta, que le ha dado el primer aval, a Felipe González, a Pablo Iglesias, a Antonio Machado y, por supuesto, a “Pepe” Griñán, su mentor en esta última etapa y quien le brinda en bandeja de oro, al anunciar su retirada, la posibilidad de aspirar a ser candidata a la Junta en las próximas elecciones autonómicas. “La gente de la calle lo está pasando muy mal”, repitió Díaz en varias ocasiones. “Mi primera beca la tuve con 14 años, llevaba Felipe seis años gobernando”, contó. “Vengo de una familia trabajadora y sé lo que cuesta pagar una matrícula o lo que se siente cuando no se tiene para pagar un manual”, narró al auditorio. Díaz es una política que se crece en los mítines. Tiene soltura porque lleva años haciéndolo. Ha recorrido muchas agrupaciones de barrio y ha actuado en grandes actos de campaña a sus 38 años. Ayer lo demostró una vez más. Juega bien con los tiempos y las emociones, habla claro –mucho más que en las ruedas de prensa– y sabe hacer silencios para demostrar que le embargan los sentimientos. Con todas sus armas políticas dribló ayer en el que posiblemente sea uno de los momentos más importantes de su dilatada trayectoria política. Encontró varias protestas a la entrada, de trabajadores de una guardería a la que habían retirado sus subvenciones y de víctimas del ERE de Isofotón. No se achantó. Dio un paso adelante y habló con quienes sostenían las pancartas. También vendió su juventud como un valor. Enfrente, Planas es un candidato de 60 años. “Antonio Machado le decía a los jóvenes vosotros debéis hacer política y aquellos que digan lo contrario lo que pretenden es hacer política contra vosotros”, citó. Frente a quienes le reprochan que no haya hecho otra cosa en su vida que militar en el Partido Socialista y ocupar sillones en el poder, ella defendió su carrera como un valor. “Con 16 años ya hacía política, con octavillas. En mi parroquia con muchos chavales, ayudando. Hice política en la Universidad y en el Ayuntamiento de Sevilla, y en la Junta y en el Parlamento”, dejó claro. “Llevo a mi partido en el alma, estoy muy orgullosa de ser una mujer de partido, entiendo que la derecha lo critique pero entiendo menos que un político de mi partido no lo entienda”, señaló en clara alusión a las palabras contra ella en este sentido del expresidente José Rodríguez de la Borbolla. En la parte de su discurso que no versaba como ella se refirió a la necesidad de dignificar la política, dijo “es lógico que los ciudadanos se sientan desengañados”. Aseguró que su misión era la de “reivindicar la buena política”, la de la igualdad de oportunidades, dijo. Fue autocrítica con su partido. Sobre todo en referencia, claro, a la última etapa de José Luis Rodríguez Zapatero. “Siento la responsabilidad de reconocer que hemos tenido grandes logros pero también hemos cometido errores y eso ha hecho que los ciudadanos en las urnas nos hayan abandonado”, admitió. En este sentido se refirió a la supresión del Impuesto de Patrimonio y a la reforma de la Constitución. Quiso hacer pedagogía en un tono que recordó mucho a Griñán. “Hay que explicarle a la gente que hay una buena política y una mala política”. Incluso mencionó al Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, como se le ha oído al presidente andaluz. Ni una alusión al tema que ha reventado en plenas primarias, el caso de los ERE. Solo de forma indirecta se refirió a la corrupción. “Hay que apartar al que viene a aprovecharse, aunque sea de tu partido”, defendió. Sí habló directamente de los sobresueldos del PP. “Abramos puertas y ventanas que somos gente honesta y honrada, hagámoslo con valentía”, añadió en este punto. “Os pido”, concluyó, “que protagonicéis conmigo el nuevo tiempo”. Hoy le toca el turno a Luis Planas en Córdoba. El consejero de Agricultura ha elegido un acto más sencillo, en su agrupación, Poniente Sur. Será difícil que exhiba la musculatura que ayer enseñó la única mujer del cartel. Planas, que es consciente de que cuenta con muchos menos medios, reclamó “austeridad” en una campaña que le dirigirá el diputado sevillano Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, enemigo de Díaz desde Juventudes. Los críticos saben que posiblemente solo si se unen tendrán alguna posibilidad. Ayer Planas se insinuó al alcalde de Jun.

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