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Economía

Syngenta amplíará su planta de Carmona y exporta su I+D

Incrementará la capacidad de semillas de girasol al prever un aumento de demanda. Un laboratorio suizo absorbe la labor del centro carmonense sobre el jopo

el 19 ene 2014 / 23:00 h.

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15410782El incremento mundial del cultivo de girasol y la próxima entrada en vigor de la legislación europea que obliga a especificar qué porcentajes concretos de tipos de aceites vegetales poseen los alimentos han llevado a la compañía suiza de biotecnología agraria Syngenta a proyectar una ampliación de la capacidad de su planta de semillas de la localidad sevillana de Carmona. La multinacional otorga a esa fábrica una gran importancia no sólo por ser su referencia en girasol para el Viejo Continente, sino por haber aportado el background (conocimiento) a la expansión en la Europa del Este y, sobre todo, al centro de investigación gestado ex profeso en Stein (Suiza) para concebir variedades resistentes a uno de los mayores males del cultivo: la planta parasitaria jopo, que se adhiere a la raíz absorbiendo el agua y los nutrientes con el riesgo de anular por completo la cosecha y arruinar al agricultor. No en vano, semejante lucha biotecnológica contra el jopo, desplegada en el macrocomplejo científico del que la compañía presume en esa ciudad fronteriza con Alemania, recopila casi dos décadas de investigación en Carmona, para así reforzarla y enriquecerla con el bagaje de I+D que existe en Stein no sólo para este cultivo y este parásito –de gran resistencia genética, que se propaga con sorprendente facilidad y cuyas semillas pueden perdurar en el suelo hasta 20 años y están en permanente mutación– sino también para el resto de producciones para las que Syngenta trabaja. Durante dos días, directivos de la multinacional han explicado in situ a una treintena de representantes del campo, de los ministerios español y portugués de Agricultura, de los centros de investigación agroganadera de varias comunidades y de la prensa la actividad desarrollada en el denominado Broomrape Center of Excellence, el primero del mundo especializado en jopo dentro de un complejo donde la extrema seguridad, la sofisticada tecnología, los robots diseñados en exclusiva para esta casa de semillas y fitosanitarios (plaguicidas) o las cámaras de cultivo, en número de cuarenta, llaman poderosamente la atención. En suma, una recreación artificial del medio natural, donde se ejecutan al año decenas de miles de test inoculando enfermedades o patologías a plantas para analizar su reacción ante compuestos diseñados y se buscan nuevos principios activos contra las mismas o nuevas semillas híbridas capaces de atajarlas y de incrementar el rendimiento. I+D pura y dura. Los asistentes, con mayoría de andaluces, pudieron conocer las últimas novedades de la investigación sobre semillas híbridas –que no son transgénicas, no han sido manipuladas ni modificadas genéticamente en laboratorio, sino procedentes de multitud de cruces o mezclas de variedades distintas, aunque sin posibilidad de reproducirse, es decir, de usarse como simientes para siembras venideras– y con poder de resistencia no sólo al jopo, sino también a enfermedades que causan estragos en el girasol, como las desencadenadas por los hongos mildiu y verticilium. Precisamente la fábrica de Carmona está especializada en producción de semillas de girasol y, en menor medida, de colza, un cultivo éste muy minoritario en Andalucía. Desde aquí se exporta a media Europa, pero en especial a los mercados de mayor expansión de Syngenta, entre ellos Ucrania, Hungría, Rusia y Turquía. Países que, por cierto, son la segunda casa de un sevillano, Luis Carlos Alonso, considerado una eminencia mundial en girasol pero a quien en Stein no le dolieron prendas en reconocer la fructífera labor del equipo investigador del Instituto de Formación en Investigación Agraria y Pesquera de Andalucía (Ifapa). En Carmona se procesa semilla regional –cosechas de agricultores seleccionados– pero también importada de otros países, sobre todo de Estados Unidos. Los directivos aseguraron que ni se plantean siquiera la investigación sobre girasol transgénico, habida cuenta de las restricciones comunitarias a la comercialización y siembra de semillas modificadas genéticamente –en España sólo se siembra maíz transgénico– y de que la industria de biocombustibles ya dispone de otras materias primas alternativas más baratas. Syngenta interpreta, asimismo, que el nuevo etiquetado que obligará a especificar qué variedades de aceites vegetales contienen los alimentos es una oportunidad para la planta carmonense, ya que los consumidores europeos serán más reacios a aquéllos que entienden que no son tan saludables como el de oliva o el de girasol alto oleico. Y será el propio mercado –aventuran los directivos– el que frenará la gran expansión de grasas no tradicionales en la cultura europea pero muy socorridas en bollería y hostelería, entre ellas el aceite de palma, de origen asiático. “El cambio será fundamental. Ante el consumidor habrá que ser claro”. No hay preocupación en la compañía por el cierre en Sevilla de la extractora de aceites de semillas Cargill ya que, argumentan, su actividad y clientes han sido asumidos por la envasadora Sovena, en Brenes, y el resto de empresas especializadas, como la nazarena Migasa, gozan de muy buena salud. Carmona, donde Syngenta posee dos laboratorios, uno de calidad y el otro de análisis de aceites alto oleicos –de elevado contenido graso–, es una de las dos fábricas que tiene en España. La otra radica en Porriño (Pontevedra) y está dedicada a agroquímicos. Su filial ibérica, asimsimo, se complementa con dos centros de investigación en El Ejido (Almería) y Torrepacheco (Murcia) y una biofábrica de fauna auxiliar (de insectos para la lucha biológica contra las plagas, cada vez más presente en los invernaderos de Almería y que en Sevilla comienza a extenderse para los cítricos) en Pelpor, al sur de Portugal. Quinientos empleados conforman la plantilla en España, donde su facturación en 2012 se situó en 220 millones, sobre un volumen internacional que rondó los 14.000 millones y 26.000 trabajadores.

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