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Tajo al gasto público

La buena organización de un archivo ahorra tiempo y dinero -el tiempo laboral es dinero-, mengua la tensión y el dichoso estrés y elimina supersticiones como la de invocar a San Antonio para localizar el documento perdido.

el 15 sep 2009 / 16:04 h.

La buena organización de un archivo ahorra tiempo y dinero -el tiempo laboral es dinero-, mengua la tensión y el dichoso estrés y elimina supersticiones como la de invocar a San Antonio para localizar el documento perdido. En la enseñanza contemporánea educan a los escolares para que sean ordenados y cumplan con la conveniencia de tener un lugar para cada cosa y que cada cosa esté en el espacio adecuado, pero la generación de Marisol y Joselito no recibía esa formación tan práctica, quizás porque consumían mucho tiempo en aprendizajes inútiles. Las niñas cosían trapitos en el aula y los niños, que estaban en otra diferente, ni siquiera aprendían a utilizar la aguja. Las actividades y anécdotas escolares son de las que menos se olvidan. Tienen un tiempo juvenil que permanecen arrinconadas en la memoria porque, con tanto futuro por delante, el pasado todavía no merece reconocimiento, pero luego llega rápido otro más nostálgico con la infancia. Es parecido al síndrome que en octubre empiezan a padecer cientos y cientos de cargos públicos, cuando por miles encargan tarjetas de felicitación navideña, algunas de lujo extraordinario, que la mayoría de los receptores archivan en la papelera más cercana. No lo harían si tuvieran que apoquinarlas de su propio bolsillo, y escribir las direcciones para las que algunos ocupan dos y tres secretarias. Parece una continuidad de la escuela antigua, entonces las entretenían con la costura y ahora tirando del erario público para enviar cartas por correo o mensajeros a una prima tercera de la suegra de un amigo y al personal que trabaja en la misma oficina, que lo ve en persona cada día. En cuanto dejan la representación oficial no felicitan ni a su familia porque el dinero sale de su bolsillo particular. Es lo que tienen de chivatos los archivos de la gente bien organizada, esa que lo guarda todo, que buscan y encuentran en ellos mil maneras de dar un buen tajo al gasto público. A veces, recuperan para la memoria la existencia de organismos, servicios, departamentos y comisiones que tal vez cumplieron una misión en otra época y, en estos momentos, no hacen ninguna cosa el resto del año, salvo las felicitaciones navideñas y mirar a las musarañas. En estos tiempos de crisis, igual que en cualquier otra circunstancia, resulta una necesidad ética y económica limpiar esa actitud de la vieja escuela y así, ahorrar tiempo, dinero, estrés a las secretarías eficaces y sus invocaciones a los santos del almanaque zaragozano para echarle paciencia al mecanografiado de sobres tela de caros.

Periodista

daditrevi@hotmail.com

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