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Tamzali, o la dignidad de la mujer en el mundo árabe

La escritora presenta ‘Mi tierra argelina’, una apasionante memoria de la revolución de su país.

el 10 may 2012 / 20:58 h.

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“Puedo decir sin ironía que yo acumulaba todas las taras: mujer, burguesa, francófona, demócrata y librepensadora. La larga lista de los impuros”. Así era Wassyla Tamzali (Argelia, 1941) a mediados de los años 50, cuando las cosas empezaban a torcerse en su país y el aliento revolucionario de inspiración socialista era reemplazado por el extremismo religioso. El fragmento citado pertenece a Mi tierra argelina. una mujer entre la revolución y la guerra civil, publicado por Saga Editorial y que hoy será presentado a las 21.00 horas en la Pérgola, con la participación de la autora acompañada por el periodista Juan José Téllez.

El acto, organizado por la Fundación Tres Culturas en colaboración con el Institut Français, servirá para aproximarse a esta figura destacada del feminismo en el Mediterráneo, una mujer que ejerció como abogada en su Argelia natal antes de dirigir, durante casi veinte años, el programa de la UNESCO que vela por la igualdad de género. También directora del Programa de cooperación transmediterránea en beneficio de las mujeres de esa organización, desde 1996, Tamzali ha publicado otros libros como El burka como excusa (2001) o Carta de una mujer indignada (2009).

En Mi tierra argelina, la escritora desgrana sus recuerdos más íntimos sin rehuir pasajes dolorosos, como el asesinato de su padre a manos de un joven activista y la nacionalización del patrimonio familiar, soportando sus mayores acusaciones como la de “secuaces del capitalismo internacional”. Tampoco olvida la autora los muertos, los torturados, los desplazados de los sucesivos conflictos que azotarían a su pueblo durante las décadas siguientes.

la construcción de un país. No obstante, el libro también consigna la ilusión por la construcción de una nueva Argelia tras la conquista de la independencia –ilusión condenada al fracaso, pero no por ello menos fervorosa–, el sabor de la libertad simbolizado en la Filmoteca donde se proyectaban por igual películas comprometidas y esperanzas o el modo en que se vivieron en el Magreb acontecimientos fundamentales como la guerra de Vietnam o el asesinato del presidente chileno Salvador Allende.

Y de fondo, como un anhelo permanente, la búsqueda de una identidad propia, individual. “El placer personal era un tabú en la Revolución argelina. Es una manera de decir las cosas, porque hoy ya no hay Revolución argelina y sigue sin haber autorización para el placer personal, lo que prueba que detrás de la máscara revolucionaria está el espíritu comunitarista, el de la Tribu, que nos tenía a todos prisioneros. Y que, sin duda alguna, es la razón más verosímil para el fracaso de la Revolución.

Por otro lado, Tamzali ha sido en las últimas décadas una atenta observadora de la realidad tanto en lo que conocemos como el mundo árabe como en el mal llamado occidente, examinando las transformaciones de estas sociedades y también sus retrocesos, a menudo vinculados con la radicalización religiosa y la desinformación exterior, como pone de manifiesto en El burka como excusa. Al día siguiente de las elecciones argelinas, su presencia en Sevilla se antoja aún más interesante.

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