Cultura

Tan sólo unos sorbitos de Oliva

El diestro de Camas salió dispuesto a triunfar y fue capaz de dar los mejores muletazos de una tarde muy cuesta arriba.

el 25 abr 2011 / 20:45 h.

Plaza de la Real Maestranza.
Ganado: Se lidiaron seis toros del Conde de la Maza, destartalados y mal por desigualmente presentados. Dentro del común fondo de mansedumbre de todo el encierro se dejó más el lidiado en tercer lugar. El primero fue más potable por el izquierdo aunque se acabó orientando. El segundo fue peligroso e ilidiable; tardo y aplomado el cuarto y simplemente sosos y sin ningún contenido los lidiados en quinto y sexto lugar.

Matadores: Luis Vilches, de rosa y oro, silencio en ambos.Iván Fandiño, de violeta y azabache, silencio y silencio.Oliva Soto, ovación y silencio tras aviso.

Incidencias: La plaza registró algo más de media entrada en tarde progresivamente entoldada que amenazó tormenta. Finalmente sólo cayeron algunas gotas en el sexto toro.

Se esperaba en los corrillos la reedición del milagro del año pasado: dos toros del Conde de la Maza con la importancia de los que permitieron destapar la mejor versión de Alfonso Oliva Soto, que cuando anda en vena torea con un ritmo arrebatado que pone a todo el personal de acuerdo. Ésa era la apuesta del camero, pero en esta ocasión los destartalados pupilos de la dehesa Arenales de Morón de la Frontera mantuvieron la fidelidad a su más genuino ser: mansedumbre en todos los tercios, malas ideas algunas veces, flojera y sosería en otras -es lo que algunos llaman y veneran como torismo-, dando al traste con el primer espectáculo del tramo de oportunidades de la apretada semana de preferia.

Y el caso es que Oliva Soto salió resuelto a triunfar. El gitanito de Camas se transfigura en Sevilla y se sobrepone a la fragilidad de ánimo que le han podido achacar en compromisos trascendentales contraídos en otras plazas.

Pero, cruzando el río Guadalquivir por el puente de Chapina, es un hombre dispuesto a agradar y, una vez más, así lo hizo en la plaza que más y mejor le ha alentado en su incipiente carrera. Para ello, sorteó el ejemplar de mayores posibilidades del encierro, un tercero abantote y mansón al que persiguió con el capote más allá de la boca de riego.

Estuvo a punto de ser devuelto por la presidenta Moreno, que dudó con razón en sacar el pañuelo verde por las claudicantes fuerzas de un animal al que el camero debió ver algo que casi nadie advirtió. Sólo así se explica su resolución de brindarlo al público pese a las protestas de la parroquia. Pero Oliva andaba con las pilas puestas y enseñó que venía dispuesto a torear con tres muletazos templados y un pase de pecho que pusieron orden en el auditorio.

Con nobleza pajuna, el toro se fue acoplando al toreo rítmico del joven diestro de Camas, que sufrió una cogida sin consecuencias cuando andaba más relajado. Aunque el toro ya andaba algo orientado a esas alturas, Oliva Soto aún tuvo tiempo de echarse la muleta a la mano izquierda para enjaretar un puñado de naturales expresivos y llenos de perfume que a la postre fueron lo mejor de la tarde.

Todavía hubo un cambio de mano y tres o cuatro chispitas que nos alegraron las pajarillas pero no hubo mucho más. La espada no entró y la cosa quedó en agua de borrajas. Era la misma agua que amenazó toda la tarde, pero que no llegó a descargar mientras Oliva Soto se afanaba en sacar partido del sexto, otro toro abanto y emplazado que tomó el capote gateando de puro manso.

El camero le pudo en los primeros compases de la faena con unos muletazos genuflexos y aunque anduvo queriendo, a su enemigo le faltó entrega, emplearse de verdad. Pareció que el toreo iba a brotar a la vez que se abrían los paraguas y hasta llegó a torear firme y templado manejando la muleta con la mano izquierda pero allí había poco más que rascar.

Con apenas un pinchazo, el toro se puso a dar vueltas al anillo mientras el personal abandonaba la plaza mirando de reojo a las nubes y el arco iris.

Del resto de la tarde hay muy poco, poquísimo que contar más allá de la sorprendente desconfianza con la que Luis Vilches se enfrentó al ejemplar que rompió plaza. Es cierto que el animal desparramaba la vista mucho más de lo que trascendía al tendido, pero también es verdad que el utrerano, que sí toreó encajado con el capote, dejó ver demasiadas lagunas en medio de un mar de gritos y toques violentos que llegaron a impacientar a la concurrencia.

Ese toro se movió con más bondad por el pitón izquierdo, mas Vilches echó demasiadas veces la marcha atrás y se colocó tan fuera de cacho que acabó echándose encima al morito del Conde.

La impresión fue fea y Luis Vilches quiso deshacer el entuerto y enmendar el agravio al enfrentarse al quinto, un toro que pareció meter los riñones en el peto pero acabó derrumbándose por los suelos para no ser menos que sus hermanos. Reservón y tardo en la lidia, Vilches salió algo más dispuesto a plantar batalla aunque le sobró el griterío y el afán de prolongar una faena que no iba a ninguna parte. Conociendo el paño, lo tendrá complicado para volver al coso del Baratillo.

Volvía a estos lares el matador vasco Iván Fandiño, imaginamos que ayudado por su buena disposición con la pésima corrida de Palha lidiada el pasado año y por otros condicionantes favorables que no vienen al caso. Esta vez se peleó con pocos argumentos con el mulo ilidiable que hizo segundo.

El toro protestaba siempre, hacía hilo, tiraba derrotes y pegaba cabezazos cortando los viajes sin que el matador pudiera hacer nada más que irse a buscar la espada.
Con el quinto, un vacorro horrible tan flojo como protestado, anduvo demasiado preocupado por la composición.

El bicho medio se movía por allí y Fandiño hasta le sacó algún muletazo aislado antes de que se quisiera quitar la muleta de la cara para pararse definitivamente mientras su matador se ponía un poco pesado. Esta tarde, más.

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