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Tardía cuarta entrega

el 26 abr 2011 / 11:04 h.

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Él fue prácticamente el encargado de perfeccionarlo y, por su uso y abuso, podríamos hacerle responsable de su defunción. Obviamente, nos referimos al slasher y a Wes Craven. Subgénero nacido en los ochenta de la mano de cintas como La noche de Halloween, La matanza de Texas o Viernes 13, quien realmente definiría las características del slasher (entre las que se cuentan el tener siempre de por medio a un grupo de jóvenes más o menos descerebrados que sucumben uno tras otro al ataque de un psicópata casi siempre enmascarado) sería el realizador de Pesadilla en Elm Street, tanto por el puñado de filmes que rodaría después de la primera entrega en la saga de Freddy Kruger como, sobre todo, por estrenar en 1996 la que daría pie a una nueva trilogía, Scream.

En la primera parte de la terna de filmes que Craven dirigiría entre 1996 y el año 2000, este subgénero del terror vería su mayor éxito con la entrega que lo empezaría todo y su mayor fracaso y posterior defenestración de los altares del terror con la última y olvidable parte.

En este interín, Craven nos llevaría a Woodsboro, un pueblo del corazón de Estados Unidos donde un loco asesino (distinto en cada nueva película), obsesionado con el cine de terror, acosa a sus víctimas ataviado con una túnica negra y una careta de fantasma. Y es a Woodsboro, y diez años después de los acontecimientos de Scream 3, donde ahora vuelve el cineasta para, contando de nuevo con personajes clave de la saga como Sidney (Neve Campbell), Dewey (David Arquette) y Gail (Courtney Cox), reiniciar de nuevo los asesinatos con la esperanza (quién sabe si vana) de atraer a una nueva generación. n

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