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Cultura

Teatro del Velador viaja a un lugar llamado 'Dröpö'

La compañía sevillana presenta esta semana su último montaje en el Lope de Vega.

el 09 may 2010 / 20:43 h.

Sentado y escoltado por sus actores, Juan Dolores Caballero.

Emiten un sonido balcánico, a veces cantan. Las consonantes más guturales dominan la conversación, y hasta los silencios. Viven en una casa abigarrada donde el futuro no se vislumbra por ninguna de sus escasas ventanas y, sin embargo, son capaces de despertar las más tiernas sonrisas. Así son los cuatro personajes de Dröpö, la nueva propuesta escénica de Teatro del Velador, la compañía sevillana que lidera Juan Dolores Caballero y que se presenta esta semana en el Teatro Lope de Vega (del 13 al 16 de mayo).

¿Pero qué es Dröpö? Es el lugar, un país enclavado en cualquier punto de la obsoleta Europa del Este, de donde proceden estos hombres -y una sola mujer- de pasado incierto y aún más impreciso futuro; inmigrantes en una ciudad hostil cualquiera, sin apenas contacto con el mundo exterior que, naturalmente, hablan en dröpiano, su propia lengua. "Dröpö es una palabra inventada a partir de la cual hemos construido un lenguaje completo, donde los sonidos recuerdan a los idiomas del Este. Nos ha quedado un lenguaje muy musical", explica durante uno de los ensayos Caballero, que no para de interactuar con sus actores, de reir con sus bromas, de emocionarse con su ternura.

Y es que, "llevamos todo este tiempo de trabajo metidos de lleno en Dröpö. Si salíamos a tomar café por el barrio, lo hacíamos como personajes, incluso hemos llegado a parar un coche o pedir en dröpiano a los camareros", recuerda el director desde su local de ensayo en El Cerro del Águila.

En este espectáculo, Teatro del Velador vuelve a apostar por la estética de lo feo y la marginalidad social que son ya marca de la casa. "Es una visión de una sociedad maltratada por el sistema, con unos seres apátridas y soñolientos que persiguen el sueño de una vida mejor y para ello se afanan en el aprendizaje del inglés", dice el director, que aclara que el espectáculo será "un 90% en dröpiano y un 10% en inglés".

No obstante, este cuadro de seres tullidos, deformes y un tanto grotescos -"aunque muy realistas", matiza Juan Dolores Caballero- está "lleno de ternura". "Huimos del personaje duro, que resulte antipático o que provoque la repulsión", añade el director que cree que, a pesar de su apuesta nada complaciente, "va a funcionar muy bien en el Lope de Vega. Es un espectáculo casi costumbrista".

Y así, a lo largo de los 75 minutos que dura esta comedia gestual, los actores -Abel Mora, Manuel Solano, Rocío Borrallo y José Machado- no sólo desarrollan un ritmo vertiginoso de vocablos ininteligibles, muecas, carreras y mohines; sino que cantan, cocinan -el patio de butacas quedará invadido por un familiar olor a tostadas- y juegan a las cartas como si interpretaran una partitura para percusión. "Es una sinfonía de ritmo, lenguaje y luz". Y todo ello será posible sin traducción simultánea.

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