Cultura

Tebeos, un asunto muy serio

El CICUS acoge tres exposiciones sobre la historieta, su papel actual y sus principales técnicas.

el 15 dic 2013 / 20:19 h.

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tebeos1 Como cabía esperar de ese bromista llamado destino, el primer personaje de tebeo para adultos lo creó un sevillano. What else?, que diría Clooney en el Café de Indias. Fue hace cosa de ochenta años. Oselito, que así se llamaba la criatura (como también cabía esperar) nació en la Segunda República, cuando la mordacidad era poco menos que un deber cívico. Este Oselito está colgado en una pared del Cicus, que es la institución cultureta de la Universidad de Sevilla, con sede en la calle Madre de Dios (dicho sea sin signos de exclamación, pese a la dureza de los tiempos). El porqué de que esté allí, con su pinta de bocetillo sin terminar y su aire casposete, se halla en la celebración en ese lugar de los XIV Encuentros del Cómic y la Ilustración de Sevilla. No es casualidad que se trate de un personaje para mayores: este año, los encuentros se han puesto muy serios. Tanto, que han sacado un debate poco menos que psiquiátrico sobre el mundillo de la historieta: ¿está acomplejado el género?, se preguntan. Y en esa línea de ahondar en la mente del fenómeno, una de las tres exposiciones del Cicus es sobre Hajar Moussa, una joven dibujante marroquí con su cómic Rebecca, un trabajo oscuro, simbolista y despalabrado sobre una prostituta. tebeos3Pero al mismo tiempo, también en el patio del caserón, hay otra muestra que es todo lo contrario: luz, colorido, imagen con palabras, bazar de estilos diversos, alegría: De viñeta en viñeta, aprendiendo a leer tebeos. De las que crean afición. Son unos paneles grandes en los que se explican mediante ejemplos (más gráficos, imposible) los recursos, los trucos, la forma de plasmar el ritmo y todas las claves necesarias para saber por qué los buenos tebeos son buenos tebeos, y por qué la gente se maravilla tanto leyéndolos (porque las historietas se leen, tengan o no tengan textos): la forma de imprimir tensión a las aventuras de Tintín, de Hergé. El estilo misterioso y sin palabras con que Jeff Smith va narrando la intriga progresiva de su célebre Bone. El ritmo alocado de la peripecia en esas simpáticas víctimas de lo paranormal que son Olga y Héctor, de José Luis Ágreda. El manejo del color y de los textos en La Bruja Madrina, de Jill Thompson. Y hasta la bellísima manera de plasmar pensamientos con que Will Waterson dibuja sus tiras dominicales de Calvin y Hobbes. Al otro extremo del patio, los cuadros que recogen la historia de Hajar Moussa son para un público no más exigente, pero sí más necesitado de emociones en vena. Unos trazos desequilibrados, colores muy saturados (rosas, negros, azules), personajes con expresiones grotescas, el hombre como taimada figura de poder, la mujer como sensibilidad paciente que desata una tormenta en su cabeza... en fin, cosas también muy de diván de psicoanalista. Aunque, la verdad sea dicha, el que una mujer se dedique provechosamente al cómic en Marruecos, y lo haga además con cierto deje de crítica social, se podría considerar en sí mismo como una historia de cómic. A lo mejor es eso lo que está expuesto en el Cicus de Madre de Dios (se admiten exclamaciones). Todo lo que allí se puede ver es un tebeo dentro de un tebeo, o sea, una historia del tebeo, una reflexión, una comedura de coco, una declaración de amor al género. Por ejemplo, para no divagar más de lo preciso: las paredes de uno de los salones que se asoman al patio están repletas de páginas de cómic. Y al lado, como hacen en los museos con las grandes obras de arte, hay letreritos con explicaciones, curiosidades y reflexiones sobre cada pieza. El título de esta exposición es Tebeo vs. novela gráfica, pero en realidad no es eso, sino la respuesta a aquella pregunta digna de un Freud formulada al comienzo de esta página, que también va camino de ser tebeo: ¿es la novela gráfica el último eslabón evolutivo del cómic en España? O presentado de otro modo: ¿Esconde este planteamiento un complejo de inferioridad del universo de la historieta frente a otras artes narrativas? tebeos2Los mismos organizadores se dan una respuesta más o menos velada: pues sí, esconde un complejazo de narices. Con lo cual la exposición se transforma de repente en una terapia maravillosa para superarlo o, al menos, afrontarlo con dignidad: allí esta Hugo Pratt con una página despampanante de esa joya suya de mediados de los sesenta titulada La balada del Mar Salado (200 páginas para adultos: quizá, la primera novela gráfica europea). Y está también esa vuelta de tuerca al mundo de los superhéroes que es el Wachtmen de Alan Moore y Dave Gibbons. Al lado mismo, Munro, de Jules Feiffer, “la surrealista historia de un niño que por un error burocrático se ve llamado a filas, sin que nadie en el ejército se haga cargo del error”, como indica el rótulo a un costado de la página, y cuya versión animada obtuvo en 1961 el Oscar al mejor corto de animación. El premiado Dublinés de Alfonso Zapico, o cómo las autoridades norteamericanas secuestraron y echaron al fuego las revistas donde se publicaba por entregas el Ulises de Joyce. Y por supuesto, también está Oselito quejándose, como buen sevillano, de todo lo quejable. Su autor, Andrés Martínez de León, utilizó esta forma narrativa para contar las experiencias de su viaje a la Rusia soviética. Porque otra cosa no tendrá un tebeo, pero sirve para todo. Tal vez de ahí su complejo, porque lo que está de moda es justo lo contrario. Es lo bueno de un mundo serio. ¡Madre de Dios!

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