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«Tenemos castañuelas de hasta 600 euros con lista de espera de un año»

La gerente de Castañuelas Filigrana es fiel heredera del quehacer de su abuelo, que fundó una firma de palillos hace más de 50 años. Admite que el mercado interior está parado, por ello se ha lanzado al exterior para hacer negocio. Japón le responde

el 17 abr 2010 / 19:04 h.

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Lucía Álvarez muestra sus castañuelas en el establecimiento que dirige en la calle León XIII de la capital hispalense.

-Los palillos que hace lo tocan hasta los japoneses. ¿Cómo se llega a formar una empresa así?
-Mi abuelo, hace 50 años, adaptó una fibra descubierta por un químico a la fabricación de palillos y consiguió que las primeras castañuelas que construyó con este material las tocara Pilar López, hermana de La Argentinita y primera bailarina de Antonio, todo un referente en el baile. Eso hizo que todo el mundo quisiera utilizarlas. Comenzaron a venir artistas a casa, aunque hemos sido siempre una familia muy humilde. Mi abuelo también, pero era maestro en su profesión.

-Y además era un emprendedor...
-Es que no paraba. Estudiaba para cura y cuando le quedaba un año, lo dejaba. Luego hizo los estudios de bombero, y tampoco se quedó en eso. Los palillos le venían porque antiguamente su madre le dijo a un artesano que lo cogiera como aprendiz y le enseñó el oficio. Lo tenía aparcado, pero lo vio en un comercio y le creó la curiosidad de crear.

-¿Y cómo cambia la empresa con la entrada de la tercera generación?
-Mi madre es la segunda, pero tuvo un problema de salud. Cuando me hice cargo seguí con la clientela de mi abuelo, pero di el salto internacional.

-¿Cuáles son los países en los que ha desembarcado?
-El primero y más importante es Japón. La primera vez que fui era una cateta allí, porque después de estudiar marketing prácticamente no me había montado en avión. Fui con Extenda y me salió estupendamente. Eso fue en 2002, cuatro años después de ponerme al frente de la empresa. Había gente allí que ya consumía palillos, y a la que le llamó la atención que hubiera una firma dedicada a ellos desde hacía más de 50 años. Los japoneses admiran mucho a los artesanos. Para mí fue un descubrimiento. Es el país de la perfección y yo soy muy perfeccionista. Además, es increíble la pasión que existe por el flamenco. De hecho, el Estado invierte en fomentarlo. Llevo a todas las estrellas de Japón. Cuando fui, ya usaban castañuelas, y se gastan un dineral.

-¿Qué otros mercados ha explorado?
-He ido a Nueva York, que es un mercado por abrir y trabajar. Hay mucho de flamenco, pero las castañuelas todavía no son tan conocidas. También he estado en Italia, aunque también es un país que está por abrir. Puedo tardar por lo menos tres años y ahora no tengo tiempo, porque estoy centrada en Japón, donde vendo casi el 50% de la producción. Yo hago negocio en la parte sur, todavía me queda por abrir la parte norte. También tengo clientes que venden a tiendas y tengo que tener cuidado con no arrasar el mercado de mis distribuidores.

-¿Y la competencia?
-En España no hay fabricantes, sólo dos. Castañuelas del Sur y Filigrana. Ellos llevan otros productos. Somos competencia pero yo no compito. La gente tiene que comparar, además son familia.

-Hay dos tipos de castañuelas, las que vende y otras que son más de andar por casa. ¿En ese mercado compiten?
-Ésas son las que vienen de China. De momento no nos afecta, porque la clientela busca una marca con garantías. Tenemos una segunda, para la gente que se inicia, y ahí sí puede afectarnos. No puedes ir a China a fabricar, porque vienen al año siguiente y lo venden ellos. Es dejar la técnica allí.

-¿Dónde fabrica?
-El taller está en el Polígono Store, donde trabajamos cuatro personas y es artesanal. Nos ayudamos con motores, máquinas, no como cuando empezó. Hay palillos desde 14 euros. Para que sean buenos tienen que costar a partir de 35, aunque tenemos de hasta 600 euros, pero éste tiene una lista de espera de un año. Esta semana se han vendido unos al director de la Asociación de Castañuelas de Flamenco en Tokio, que además es percusionista en la orquesta de Sapporo. Hasta abril de 2011 no tendrá sus palillos. El material es rescatado, ya no se fabrica. Yo conseguí 20 planchas y cuando se acabe se acaba, por eso la gente lo paga.

-Y el consumo interno, ¿qué momento vive?
-Hace 50 años, el boom de las sevillanas fue impresionante, se producía cinco veces más que ahora. Lo que pasa en Sevilla es que hasta en las casetas de la Feria de Abril te ponen música de discoteca. Las sevillanas se están perdiendo. Si la gente no va a escucharlas, ¿quién se va a poner unas castañuelas?

-¿Volverá el boom?
-De momento, no. Tiene que ser que las administraciones públicas, como pasa en Japón, apuesten por fomentarlas. Tienen que promocionar el baile con castañuelas, porque es algo muy nuestro que se va a ir perdiendo poco a poco. Es un oficio artesano que no se cuida. Sevilla siempre ha sido referencia, pero en ninguna provincia de España hay fabricantes, sólo exportadores de China. Las artistas sí la promocionan, como Cristina Hoyos con Viaje al Sur. Sara Baras también las toca, Isabel Bayón, Rocío Molina... pero las tienen que fomentar las instituciones. La clientela se centra en los conservatorios y las escuelas. Pero en la feria hay cero ventas de castañuelas. Cada vez se ve menos gente con ellas. Las compran las abuelas para las nietas, para regalos como la comunión.

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