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Tenorios y empresarios

Sevilla tenía antes cada noviembre un mes de publicidad gratis a cuenta del Tenorio; la obra de Zorrilla se representaba en los escenarios de Madrid y en todos los de provincias, en expresión de los madrileños y del buzón de correos de la Avenida.

el 15 sep 2009 / 17:44 h.

Sevilla tenía antes cada noviembre un mes de publicidad gratis a cuenta del Tenorio; la obra de Zorrilla se representaba en los escenarios de Madrid y en todos los de provincias, en expresión de los madrileños y del buzón de correos de la Avenida. También solía ponerse en forma de película en los pueblos; la imaginación ponía entonces Sevilla al alcance de todos los españoles, después de que el NO-DO hubiera hecho lo mismo con España. El Don Juan del vallisoletano era un vecino del barrio de Santa Cruz y la ciudad que veían los espectadores era ésa, la Sevilla del barrio de Santa Cruz.

Por eso pusimos la estatua del Tenorio (no del Don Juan de Tirso de Molina o Mozart) en la Plaza de Zurradores. De allí ha saltado a internet y no hay una página que trate de Don Juan que no esté ilustrada por la susodicha imagen. Y eso, a parte de la Hostería del Laurel (también, cómo no, en ese barrio), es todo lo que hay aquí de Don Juan. De Carmen podríamos contar una historia parecida aunque no tiene hostería y no digamos nada de Fígaro que, por no tener, no tiene ni mala estatua. Desperdiciamos nuestros grandes mitos porque estamos convencidos de que el verdadero mito somos nosotros.

En ese convencimiento nos ufanamos reiteradamente en encontrar lo que sea, o sea, en seguir buscando a ver si da con una tecla que no sabe cuál es. Es lo que pasaba cuando, al lado del Womex, se ponía la Feria del Flamenco: que nos la vendíamos a nosotros mismos pero creyéndonos que por estar al lado de la otra era también universal. Ahora parece que esa tecla ya ha sido encontrada y puede que el arte del Fillo salga al mundo al formar parte del evento de músicas étnicas. Ahora -como aquel que por aprender a tirarse del trampolín lo premiaban llenándole de agua la piscina- sólo nos faltan los empresarios.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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