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Teoría de Santa Ana

En realidad, la Santa Ana trianera fue otra trinidad: ella, la Virgen y el Niño. Quizás en un principio sirviera en la mente catequética de Alfonso X para hacer comprender a otras mentes ultramonoteístas que podía venerarse a una persona siendo en realidad tres

el 15 sep 2009 / 08:41 h.

En realidad, la Santa Ana trianera fue otra trinidad: ella, la Virgen y el Niño. Quizás en un principio sirviera en la mente catequética de Alfonso X para hacer comprender a otras mentes ultramonoteístas que podía venerarse a una persona siendo en realidad tres. Pero luego -como tantas otras cosas- se fue despegando de la letra para tener vida propia y pasar de esa manera a ser símbolo representante de una colectividad. Poco a poco, Triana fue plantándole cara a Sevilla, pasando de arrabal a collación, y llegar así a guarda, vigía y puerta con la madre de la madre como garante. Triana siempre estuvo ahí, esperando siglo a siglo su momento.

La motejaron de barrio distinguido o sucursal de la gracia; ella no dijo ni sí ni no y siguió con su propia trinidad. Hoy, cuando la población del territorio circundante supera a la de la ciudad circundada, Santa Ana podría significar otro triángulo, con la Virgen personificando la corriente del río y el Niño Jesús, esa otra ciudad que se avecina. Porque Triana siempre fue el punto donde el Aljarafe llegaba al Guadalquivir, un Buda llano, presto a enlazarse con Pest por medio de otro Danubio. Quién sabe si dentro de un siglo la urbe de dos millones de habitantes se llamará Seviliana; quién sabe. Todo depende de apartar la tentación de ser una Sevilla chica y de que el Viera de turno sepa interpretar el camino de esa trinidad.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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